sábado, 4 de septiembre de 2010

La tranquilidad se rompió el 27 de febrero 2010


Todo el día full trabajo, después de pasar por una intoxicación, lo único que quería era descansar y poder dormir bien.
Me fui a dar una vuelta al café de unos amigos, conversamos, se me empezaron a cerrar los ojos y me fui derechito a mi departamento, mi camita me esperaba.
Cuando llegué, no me pregunten porqué, pero saqué mi linterna de mis tiempos de vuelo la revisé y le dejé encima de mi velador.
Me percaté que mi “vecino lujurioso” no estaba, así que apegué el televisor y me entregué en los “brazos de Morfeo”, feliz.
No había ruido, todo tranquilo, hasta que sentí un remezón y mis “detectores de temblores” (campanitas) empezaron a sonar, todavía dormida dije “va a pasar”, me di media vuelta y puse la cabeza en la almohada, cuando un fuerte movimiento, más ruidos de alarmas de autos, cosas que se caían, y un sonido muy particular era muy parecido a más de 200 personas pateando el suelo al mismo tiempo, horrible, me hizo saltar de la cama y salir corriendo como las locas, buscando un lugar seguro.
Me parece que entre tantas vueltas, movimiento y choques con distintas cosas, el juicio se me fue al suelo y no encontré mejor idea que salir corriendo al balcón, cuando mío, ya bien despierta, los árboles se azotaban, mis plantas saltaban, los colgantes para le viento, tenían fiesta propia. Miro el cielo y era de todos colores, como fuegos artificiales, siento un movimiento más fuerte que me tiró al suelo, como pude me afirmé del ventanal de dos metros y de una cortina, mirando hacia la calle. Agitándome como coctelera, para un lado y otro y después para arriba y abajo y de nuevo la misma ronda. Yo escuchaba como se caían las cosas de mi departamento, espejos, cuadros, las campanitas, vasos. Pero a mi nadie me movía de mi lugar “seguro”. Estaba de rodillas mirado como mi parrilla empezó a “caminar sola”. Nerviosa, ya que no paraba y cada vez se hacía mas fuerte y con mas ruidos de destrucción y de movimientos subterráneos.

Me afirme más fuerte del ventanal y empecé a gritar “cual loca” al comienzo no me salía la voz, luego de unos segundos, eran gritos descontrolados, luego era gritarle a mi papá que estaba lista para irme con el, que me viniera a buscar “Pelao llévame contigo, estoy esperándote”, luego pasé a lo vulgar, cantidad de garabatos que en mi vida habían salido por mi boquita de fresa, hasta en ingles salían, en todos los idiomas conocidos y desconocidos.

Cuando terminó de terremotear, me di vuelta vi el desastre, cosas en el suelo, partí corriendo a mi pieza a buscar mi linterna, los puchos, mi tuto, el celular y corriendo, no sé cómo abrí la puerta y la cerré con llave. En la escala me encontré con los vecinos que venía bajando lentamente, pero muy asustados. Los ojos de todos eran desorbitados y mucho silencio.
Cuando llegamos abajo, me tropecé con las cerámicas que se habían caído desde la entrada, tratando de no caernos, seguimos avanzando en la oscuridad hasta alejarnos del edificio. Nos empezamos mirar y preguntar como estábamos todos, si faltaba alguien, algún herido.
Sólo una señora que entró en pánico y tuve que pegarle una cachetada para que reaccionara (el pánico colectivo es muy peligroso, hay que pararlo a tiempo).
Subí a buscar agua y una vecina estaba atrapada, se había descuadrado el marco de la puerta y no podía salir, bajé corriendo a buscar ayuda, ya que yo no pude hace mucho. Ya sentada y trate de comunicarme con alguien, mi familia, pero nada. Las líneas estaban colapsadas, encendí la radio de mi celular, cuando por fin sintonice una señal, me quedé helada y sin habla. Por lo que decían el epicentro había sido en la octava región, grado 10. Se me vino el mundo encima. Traté con más desesperación de hacer las llamadas, pero no pasaba nada.
Gracias a Dios y a mi Pelado Bello, la niña que se sentó a mi lado es siquiatra, así que nos quedamos conversando para que me calmara. Ella también estaba sola, así que nos acompañamos hasta el final. Me ofreció usar su teléfono fijo para llamara a mi familia, subimos al quinto piso y empezamos a marcar, pero nada, estaban las líneas muertas.

Nos quedamos un rato más conversando ella se fue a acostar ya que tenía que trabajar temprano. Yo me fui a la casa, muerta de susto. Siguió temblando con menos intensidad, y no aguanté, tomé algunas cosas y partí en “Bartolo” (mi auto) a la casa de amigos que vivían cerca.

Como ustedes pueden ver, no fue la noche de las decisiones acertadas. Fui al departamento de Benjamín, entré, cual comando, por la ventana del conserje y subí corriendo cinco pisos. Llegué muerta (tengo que dejar de fumar), toqué la puerta, pero nada, estuve 15 minutos y nada.
Me fui corriendo a buscar a alguien más. El Piti, me imaginé que estaría en la casa de la mamá y no recordaba dónde vivía. Pasé por fuera de la oficina, todos los vidrios en el suelo (“me pregunto si Bartolo tendrá las ruedas pinchadas”), nada.
Hasta que decidí volver a mi casa. Fumando cigarro tras cigarro, trataba de comunicarme hasta que de repente entró el llamado de Gonza, llorando le contesté, por fin una voz que conocía, estaba en Viña del Mar, bien, me preguntó por mi familia y ahí me largué a llorar desconsolada.
Lamentablemente empezó la paranoia, empecé a ponerme más nerviosa, tenía que salir del depto y partir a Concepción. Estaba guardando las cosas en un bolso cuando me llamó Marcela y partí como las locas en auto a su casa, nos quedamos hablando, tomando desayuno, hasta que por fin entró una llamada de mi hermana, dijo “estamos bien, estamos juntos, no te asustes porque el agua está subiendo” y se cortó. Aghh, traté mil veces de comunicarme de nuevo, pero no pasaba nada.
Partí de nuevo a mi departamento, en el camino vi como estaba en el suelo la cúpula de la Iglesia de Providencia, muchas escombros en el suelo, veo las bencineras llenas de autos, colas eternas, mucha gente caminando, asustados.
Cuando llegué a mi casa, veo le desastre, espejos en el suelo, el baño inundado, los libros en el suelo, el televisor afirmado de la pared a punto de caer, el dvd colgando del cable, el refrigerador tapaba la entrada a la cocina. Pensaba “¿qué hago, qué hago?”. Cuando entra otra llamada, mi amigo Leo, llorando le contesté el teléfono, ellos estaban bien, pero su mamá que vive en Concepción estaba desaparecida, más angustia, “me dijo vente a mi casa” y salí raudamente con mi mochila con provisiones, el computador linterna, mi tuto. Él vive en Huechuraba, cuando me acercaba a su casa, veo los edificios de la ciudad empresarial, literalmente reventados, más adelante veo patrulla de carabineros, más gente, terrible. Me encuentro con Leo afuera de su casa, yo me bajo tiritando, me dice “los niños no saben nada de mi mamá, tu actúa normal ok”, gran error, yo por las esquinas escondiéndome, cuando vino otra réplica y en dos segundos estaba pegada a un ventanal, sí de nuevo.
En el próximo capitulo les cuento que pasó con mi familia y cómo terminó todo.

martes, 31 de agosto de 2010

La aventura en los Motus


Nuevamente partimos tempranito en la cabaña, nos saben lo difícil que es tener a ocho personas listas sobre todo si la mayoría son mujeres y con una ducha disponible….

Después de tomar un rico desayuno con pan amasado recién saldo del horno, con mantequilla, frutas frescas piña, papayas, bananos…mmm..... Ricooooooooooo, como dicen por ahí “guatita llena…corazón contento!

Todos arriba de los autos y nos fuimos a la caleta, aprovechamos la clásica” sesión de fotos”, por aquí, por allá, para acá, levanta la mano, sonríe .jajajjaj y viendo el maravillosos paisaje que nos regalaba una vez más la Isla, un mar de colores impresionantes.

Al rato después llegó Moni-Moni con la comitiva que nos llevaría a este viaje-aventura, todos arriba del bote, tratando de “estibarlo” para que no se fuera para un lado, era un cambio de lugares de lo más divertido, cuando estuvimos listos en nuestros lugares, alguien gritó “hay una tortuga”, todos nos paramos y nos desordenamos, sacando las cámaras, el grito del “capitán” fue rotundo, todos en sus posiciones sin moverse, ni siquiera parpadear…ajajaj

Y después de darle cuerda al motor, navegamos, navegamos, pasamos cerca de los “veleritos” que estaban anclado en la bahía, mucho lujo.
Todas poniéndose protector solar, peinándose, sacándose las poleras para quedar con un bronceado espectacular. Pasamos cerca de las miles de cuevas que hay en toda la costa de la Isla hasta que llegó la “lluvia salada”. Les voy a explicar bien a que me refiero.
Resulta que el bote seguía una trayectoria paralela a las olas y el viento, pero nuestro “capitán” era un poco desordenado y quería llegar parido, así que empezó a “cortar olas”, el mar nos caía encima con baldes, al comienzo todos nos reíamos, pero después de haber tragado mucho agua (cierra la boca para la otra) y tener los ojos inyectados en sangre por agua salada que entraba a litros, ya no fue tan placentera la aventura. Tratando de ser digna, me puse los lentes de sol y encima un “pareu”, que estaba seco, pero a los dos segundos estilaba, lo estruje más de 15 veces, hasta que me di por vencida y ahí quedé sentada en el bote chorreando agua salada, tratando de mantener la boca cerrada, ya que era tanto lo que había tragado que me dolía la garganta. Todos nos mirábamos y era para la risa, el pelo mojado, el maquillaje corrido, chorreando agua por todos lados.
Hasta que llegamos a los Motus. Quede con la boca abierta al ver el mar de un color azul oscuro, bello y los Motus imponentes frente a mi, no tengo palabras para describirlo, sólo ojos grandes y boca abierta…Todo el rato
Los chicos se tiraron piqueros y nadaban, yo como “no nado nada” me quedé en el bote sacando fotos, les gritaba “chicos saludes” y todos con las manos arriba muertos de la risa, parecía un “nado sincronizado desordenado”..Ajajaja fue muy divertido.

Miraba lo lejos, la aldea de “Orongo”, los acantilados imponentes, el mar que acariciaba la costa, el color, el sabor el paisaje y ahí supe que me había “enamorado de esta isla tan especial” y que este amor que sentía sería para siempre.

Estábamos de lo mas entretenido hasta que escuchamos el grito del “capitán” “ a sus puestos”… Todos corriendo arriba del bote de lo más obedientes, y partimos de vuelta a la caleta y con la lluvia salada nuevamente…
Que manera de tragar agua..

Llegamos a la caleta con una ola gigante, casi surfeando en el bote, nos bajamos, pagamos y a comer ricas empanadas de atún de los carritos y revisando las fotos que alcanzamos a sacar antes de la “lluvia salada”… Salieron bellas

Ah!!!! y les cuento que las mejores empanadas de atún de la Isla, son las de los carritos, frente a Playa PEA, o la playa de las Tortugas (yo vi tres, enormes).


Esta es una de las veces que fuimos a nuecera los Motus, viene otra que fue mucho más “Pro”, con decir que me tiré piqueros, bucee, bueno tragué agua para variar, pero estuvo “PETI”.

Pero esas historia quedará para otro día…Descubrirán todo sobre el Moai sumergido… ¿Es verdad, es mito?... Sigan las historias y o sabrán…


Iorana Korua

Los Moais y la tremenda caña, no es una buena combinación.


Después de un tremendo carrete, partimos temprano a Rano Raraku. El volcán donde sacaban las piedras para hacer los moais.

Realmente bello, el camino, precioso, los colores increíbles, salían los caballos salvajes a saludarlos al paso.

Lo bueno que íbamos un guía increíble, el querido Enrique.

Yo feliz mirando el paisaje, cuando nos empezamos a acercar al volcán….Ufff la vista es maravillosa, los moais a lo largo de la cantera, esperando por nosotras y vigilando su bella Isla.

Partimos el recorrido con un sol terrible, humedad a mil y con muchas botellas de agua.
Caminamos mucho y en cada parada había uno anécdota que escuchar, de verdad las agradezco, aprendí mucho.

Repasamos la historia de la Isla y probamos en terreno las teorías de Enrique. Sí tienes toda la razón en todo.

Yo estaba parada a mitad del volcán, mirando el paisaje, los moais, el cielo, el mar. A lo lejos se podía ver “Togariki”, impresionante la emoción era tan grande como la tremenda caña que llevaba. Como les explico mucho calor, humedad de verdad estaba “fermentado” Vodka jajjajajjaja, pero valía la pena el sacrificio, todo lo que vi, lo que sentí, lo que escuche…. No tengo palabras para describirlo, sólo hay que vivirlo.

Vimos la evolución que tuvieron los moais a través de la historia, como los tallaban, la teoría del “GPS”, cocinas y muchas cosas más. El Primer Moai, el Moai Paoa, bello.

Nos subimos al jeep y partimos al Ahu Togariki y ahí me morí. No aguanté más, me quedé más de media hora tirada a pleno sol esperando que pasara la “enfermedad”, pero me prometieron que otro día volveríamos y que al lugar donde íbamos se me pasaría el malestar. Y es verdad, llegamos a un pozo o piscina natural, realmente bella, al agua en menos de tres segundos, que agradable, agua tibia en mi cuerpo, mirando el fondo, pececitos, piedras, sol. Al rato nos tiraban piñas pelada, las comimos “cual helado”, que cosa más rica, amo las piñas de la Isla, son la cosa más rica que he comido.

Después de varios chapuzones, caídas y piqueros, sentí olor asado y justo en eso momento…” me morí”, no pude más, gracias a Gonzalo estaba después de 20 minutos en la cabaña de vuelta, pasando la caña. No saben cómo me arrepentí cuando vi las fotos y escuche las historias de las chicas que habían llegado, dije “nunca más”… bueno….

En la noche me quedé escuchando música y leyendo, disfrutando de una noche maravillosa, mientras que mis amigas estaban felices bailando en el “Piriti”, bueno son las consecuencias de la caña.

Al día siguiente estaba al 100%, me levanté feliz de la vida, respirando aire puro y un poco impactada, ya que el “patio” estaba lleno de caballos y vacas. Yo como las locas espantándolos….jajajjajaj

Las vacas se comían las toallas, y yo corriendo tras ellas gritándoles para que se fueras, tropezaba con cuanta piedra encontraba, al final me quedé de lo más tranquila entre los “manabais”, esperando que mis amigos aparecieran.

Que cosa más increíble estar en la Isla, con caña, espantando animales, deseando tomar agua helada todo el rato. Viendo como aterrizaban los aviones. Es todo tan sencillo, tan mágico, tan místico. Realmente es otro mundo.

Ese día nos fuimos a los “Motus” a bucear…

Más adelante les cuento ese viaje que estuvo “extremo a morir”….jajajjajajaja

Maururu
Irorana

La historia del hombre pájaro, el huevo del minutara y Maricel con vértigo.


Después de un rico desayuno con pan amasado, partimos a la aventura a subir el volcán Rano Kau, donde se encuentra la aldea ceremonial “Orongo”

Todos arriba de los autos y al volcán de ha dicho, el paisaje realmente bello, el mar, los colores, las casas, hoteles, todo es precioso.

Nos acompañó un sol fuerte, un calor terrible, humedad y mucha tierra, pero daba lo mismo, cuando llegamos al primer mirador, todas las incomodidades pasaron. Una vista asombrosa del cráter, lleno de agua de lluvia, mucho verde por todas partes. Y empezó el show de fotos y preguntas a nuestro querido guía “Emilio”, el pobre quedó chato, pero eso le pasa por salir con los “Conti”…ajaajaja

Luego de una rato en auto llegamos a la cima del volcán, pagamos nuestra entrada y a caminar se ha dicho, hasta que empezamos a ver las construcciones de las casas, los lugares donde cocinaban, donde juntaban agua lluvia, donde las mujeres tenían a sus hijos, puedo decir que eran muy adelantados a su tiempo, tenían partos en agua tibia.

Cuando llegamos a Orongo, se me encogió el corazón, son cosas que una conocía por libros, por relatos de amigas o por fotografías, pero estar allí es realmente emocionante. Saber que mucho tiempo atrás la gente hacía su vida normal, conversaban, cocinaban, hacían sus ceremonias, etc.
Las casas súper sencillas y elaboradas a la vez, eran construidas de piedras perfectamente cortadas y ensambladas. No tenían ventanas, ni otro tipo de comodidades total ellos sólo “dormían” en ellas. Y de nuevo la producción de fotografías, “ponte allá, baja la cabeza, no te vayas a caer, cuidado con las piedras, sí va a salir el volcán” eran una de las tantas instrucciones tanto de fotógrafas como de los fotografiados...Ajajá jajá

Hasta que llegamos al lugar, donde cuenta le leyenda se hacía la ceremonia del “hombre pájaro”, se podían ver los “Motus” el lugar donde los pájaros minutara iban a depositar sus huevos y el primer hombre que llegara nadando, reinaba la Isla por un año.
Y ahí empezó el show del vértigo, por un lado tenías el cráter del volcán, bello y por el otro lado acantilados y el mar. Debo decir además que había mucho viento, una combinación terrible para mis pobres nervios, andaba casi de rodillas para no caerme. Me saque fotos con los pocos petroglifos que van quedando, obviamente hacen alusión al “hombre pájaro”. Entre tanta foto, historias que se contaban y preguntas que eran respondidas, me regalé y bien agarrada de una cuerda observé el paisaje. Una tranquilidad, una paz tan grande que sobrecogía el espíritu. Yo me imaginaba ver el amanecer o e atardecer en ese lugar, tiene que ser indescriptiblemente bello, no lo hice, pero la próxima vez que vaya… Espérame Rano Kau que de allá soy.

Que lamentable que no estuvimos allí para la “Tapati” cuando recreaban las ceremonias que se hacían tiempos atrás, pero nuevamente, cuando vuelva…De allá soy…ajjajajja

Dicen algunos por ahí que la Isla se puede recorrer en 4 días, están totalmente equivocados, con 15 días que estuve, me faltaron millones de cosas por conocer, recorrer y descubrir.

La Isla es mágica, la Isla es bella... Espera por mí…

Maururu
Iorana



…Mirábamos los “Motus” tres pequeñas “islas”, lejos de nosotros, se veían diminutas, pero las apariencias engañan. Cuando fuimos a bucear allá, todo cambió, pero eso queda para otro día…

El Misterio del Leprosario


Para contarles mi visita al cementerio del leprosario, los tengo que ubicar un poco en la historia que éste tiene, para que se den cuenta lo que se siente cuando se llega a este lugar tan especial.

Hay muchas teorías de cómo llegó la lepra a la Isla, algunos dicen que provenía de la Polinesia por isleños que fueron llevado allá, esclavizados y de vueltos a la Isla ya que estaban enfermos. Otros dicen que alrededor del año 1888 fue llevado por un Tahitiano.

No sé cuál será la correcta, pero la lepra se instaló un la Isla y causó mucho sufrimiento y muertes en su población.

Lo más terrible de todo es como fueron tratados los pascuenses enfermos, llevados a cuevas insalubres, sin luz, sin comida y agua, ni ayuda médica. Ellos sufrieron mucho, fueron maltratados estigmatizados, tratados como animales.

Por muchos años estuvieron aislados, tirados como la peor lacra de la sociedad, por militares, chilenos y sus compatriotas.

Después de mucho tiempo llegó alguien que se dio cuenta del problema y fueron reubicados en terrenos muy alejados de todo, para evitar el contagio.

Pero hubo una verdadera “caza de brujas”, los habitantes eran examinados por gente que no tenían conocimiento medico y menos de la enfermedad, por lo que la mayoría de las veces encerraban a gente sana e irremediablemente morían contagiados.

Hay dos tipos de lepra, la lepra tuberculoide que tiene tratamiento y sanación. Y la lepromatosa que es la que provoca deformidades y finalmente la muerte. La gente no sabía esto, revisaban a toda la población y si tenían una mancha eran encerrados, no importaba la edad o sexo. Muchas familias se separaron debido a esto. Según documentos cerca del año 2000 vivía el último pascuense leproso que sobrevivió a todos los horrores del “campamento de Auschwitz”, como ellos lo llamaban.

Después de muchos esfuerzos de médicos, sacerdotes, monjas y gente caritativa, la enfermedad se fue controlando hasta llegar al fin de esta historia tan negra y horrorosa que tuvieron que vivir muchos y que los ancianos todavía recuerdan.

El lugar quedó totalmente abandonado, perdido en el tiempo y espacio de la Isla. Hasta que algunos arqueólogos llegaron al lugar donde se encontraba el cementerio, hicieron una gran labor, clasificaron todas las personas muertas, los enterraron debidamente y pusieron una gran piedra, un monolito con los nombres de todas las personas que murieron, para ser recordados debidamente.

El lugar estaba tan cargado de energías, que decidieron hacer un liceo, donde muchos niños con sus risas y juegos cambiarían el ambiente del lugar. No está cerca, lógicamente, pero dentro del mismo terreno que es inmenso. El cementerio queda unos cuantos kilómetros del colegio.

Cony nos había contado la experiencia, junto a Feña tuvieron, de la visita al cementerio. Yo quedé tan sorprendida que quise visitarlo. Nos pusimos todos de acuerdo y partimos un día en la tarde. Éramos ochos personas caminando por esos terrenos, que tiempo atrás ran sinónimo de sufrimiento y tabú.

Yo o sé si fue por las historias contadas o leídas, sentía algo especial, mientras más me acercaba, más me angustiaba, miraba para todos lados, observaba el paisaje y me trataba de imagina lo que habrá sido estar allí encerrada…Ufff... El sentimiento era terrible.
Cuando por fin llegamos, con mucho respeto entramos al lugar, tratando de no pisar nada, de no tocar nada. Por eso no hay fotografías del lugar, no quise perturbar el lugar y la gente que allí por fin descansaba en paz.

Cuando vimos el monolito con los nombres y edades, quedamos impresionados, desde 2 años hasta el más anciano de 100 años. Recuerdo que andábamos con la “gatito” la hija de Feña que tiene tres años, ella en su inocencia corría por todas partes, hasta que en un momento trato de pisar una de las tumbas y los siete le gritamos al unísono ¡NO! La pobre quedó inmóvil y un poco asustada. Yo en ese momento no pude más de los nervios y salí, me aleje lo más que pude y comencé a rezar por las almas de esas pobres personas que tanto habían sufrido.

A Gonzalo e un momento se le cayó una colilla de cigarro y estábamos todos en cuatro patas buscándola, recogimos mucha basura y la fuimos a tirar a otro lado.

Salimos del lugar y nos empezamos a acercar nuevamente al colegio y todos los sentimientos fueron pasando de a poco, pero de verdad es impresionante lo que hace sentir ese lugar en cada persona, recogimiento, angustia, extrañeza, incredulidad etc.

La lepra fue completamente erradicada entre los años 70 y 80, pero no se comentaba nada, para no asustar a la gente y no ahuyentar a los turistas.

Como dije antes, en el año 2002 le hicieron una extensa entrevista a Paiano Ika, el último leproso de la Isla, y por lo que leí, todavía quedan en su mente y cuerpo rastros de esta terrible enfermedad y por todo lo que tuvo que pasar.

Si visitan alguna vez la Isla, no dejen de ir a conocer el cementerio del Leprosario y aprovechen de rezar por todas las personas que pasaron por todas esas penurias. El sector se llama Colonia y queda a 18 kilómetros del pueblo, por un camino en muy mal estado, de tierra. Así que paciencia.

Ah, les recomiendo, no tirar nada en el suelo, no hacer pipi, ni vomitar, no hacer nada, sólo mirar con respeto y si son creyentes, pensar en ellos y desearles un dulce descanso.

Bucear en el Mar Pascuense... Una experiencia Inolvidable....


El día del buceo con tanque, nos levantamos "tempranito", almorzamos y nos fuimos a la Caleta donde tiene su local Mike Rapu. Yo no almorcé, ni tomé nada de los puros nervios, era una “gelatina con patitas”.

Tengo que explicar que sufro crisis de pánico y un poco de claustrofobia, pero van en franco retroceso, después de algunas sesiones (muchas) con mi querido psicólogo, pero existía el miedo de lo desconocido y de qué me podía pasar en las profundidades del mar Pascuense.

Nos mandaron a todos a poner los trajes y a sentarnos para escuchar la charla de introducción al buceo. Yo veía que la boca del instructor se movía, pero no asimilaba lo que decía, o sea en blanco total. Lo único que retumbaba en mi cabeza era la palabra “ecualizar”, “morir”, “profundo”…. Es en éste momento cuando nos estaban enseñando a ecualizar y yo en las nubes, creo que lo hice a propósito...de puro susto.

Yo muy digna, sentada frente al mar "pan para pan pan pan pan"… Mirando el horizonte, pajaroneando, sentía que me hablan y me pasan una máscara y la boquilla para respirar, en ese momento tenía los ojos como “huevos fritos” de abiertos, el instructor nos dice que nos pongamos las máscaras para ver si nos quedaban bien y luego viene el ejercicio de respirar a través de la boquilla y olvidarse totalmente de respirar por la nariz. Hice los ejercicios, pero no me salían bien. Como éramos un grupo grande, 7 personas, el instructor rápidamente nos dijo “todos listos, todos al bote”.

Yo pensaba, “bueno si no buceo, me quedo en el bote tomando sol” y partimos a navegar y a vivir una de las experiencias de mi vida que jamás voy a olvidar.

Ya en alta mar, nos dijeron que bajaríamos en dos grupos, primero los que sabían bucear y luego el resto. Ahí me tranquilice, tuve tiempo para mirar todo el procedimiento de postura de máscaras, tanques, plomos, gualetas. La forma como se sentaban en la orilla del bote y caían hacia atrás, se ponían la boquilla y bajaban rápidamente. Todo esto era observado por mis “ojos de plato” y la boca abierta.
Cuando llegó mi turno, veo a mi instructor, me puso todos los implementos y cuando estaba a punto de tirarme al agua, me pregunté “¿por qué no está él en el agua esperándome?” como había pasado con todos mis compañeros. Empezaron los tiritones nerviosos, él me dijo, “vas con otro guía”, yo no entendía nada. Al final fue tal la pelea de “lánzate”, “que no me tiro”, le dije “si no veo con quién voy no me tiro”, muy amurrada. El pobre guía que me esperaba en el agua hace más de 10 minutos, tuvo que avanzar un poco hasta que lo pude ver, bueno en realidad vi una máscara mojada y una cabeza negra cual “foca”.
No me quedaba otra cosa más que rezar y tirarme, lo hice, en cosa de segundos estaba en el agua dando tumbos igual que un “muñeco porfiado”...ajajajjaa Viéndolo ahora, de afuera, me veía de lo más divertida.
El monitor me afirmó bien del tanque "cual títere" y me dejé llevar, me miró y yo creo que se asustó con la cara que tenía “pánico” era poco, me dijo “relájate, mi nombre es Cristián y si no quieres bajar, nos quedamos nadando por acá” y lo remató con la frase típica de los hombres “puedes confiar en mí”, ahí me dio ataque de risa y me tranquilicé completamente.
De a poco empecé a respirar por la boquilla, serena, mirando el paisaje y de repente estaba bajo el agua buceando, no me dí ni cuenta, Cristián me tocó el brazo y me hizo mirar hacia abajo, vi pasar a la Cony y la Feña.
En ese momento me sentí bien y feliz, le hacía todo tipo de señales a Cristián. Seguimos bajando y subiendo, ecualizando y mirando, hasta que empecé a ver pececitos de colores, corales enormes, erizos por todos lados, veía a mis compañeros que pasaban por mi lado, las burbujitas que salían de mi boquilla, yo me reía sola, feliz.
En menos de 20 minutos estábamos tocando el fondo, jugamos con la arena, la tomaba entre mis manos, la miraba incrédula hacia arriba, veía los pocos rayos de sol que lograban pasar y alumbrar el fondo, trataba de tocar todo lo que tenía por delante, partía como loca detrás de los peces, encima de los colares, tomé caracoles y jugaba con ellos, parecía una niña descubriendo cosas nuevas y era así.

La sensación de bucear es tan increíble, no sientes la gravedad, ruidos (bueno el ruido mi respiración y de mi corazón que latía fuertemente), es como volar, me sentía libre, sin miedo. Y me dije “muy bien Maricel, prueba superada”.

En eso estaba, cuando Cristián me tocó el hombro y me hacía la señal de subir, yo le decía que no, pero me infló el chaleco y subimos lentamente, hasta que asomé la cabeza, vi de nuevo el cielo, me saqué la boquilla y mis primeras palabras fueron... “Necesito un vodka naranja a la vena, esto fue in- cre-i-bleeee”, me doy vuelta y veo el bote y a mis compañeras que estaban arriba mirándome y preguntándome...“¿cómo te fue?”.
Me sacaron el tanque, los plomos, la máscara la tiré lejos y me subí al bote y dije “Bacán, feliz, increíble y gracias Cony por obligarme a venir”. Me senté sobre nubes de pura felicidad por lograr algo a lo que le tenía tanto miedo. De a poco fueron apareciendo los que faltaban del grupo y nos fuimos de nuevo a la caleta. Me bajé sobre revolucionada, andaba a mil por hora. Quería celebrar mi gran proeza. Y eso hicimos. Me ría sola...ajajjajajaj.

Después de un buen rato, sentí el cansancio. Es como dar un examen muy difícil, luego te pasa la cuenta, sentía todo mi cuerpo adolorido, pero no importaba nada, había buceado en el mar de la Isla de Pascua. Que más podía pedir….Bucear con snorkel, pero eso se los cuento otro día…

Lamentablemente no hay fotos, ni video de esta aventura, pero esta grabado en mi mente.

Maur uru
Irorana

martes, 17 de agosto de 2010

Mariplopis buscando desesperadamente un bunker.


Mis queridos vecinos, mi vecina antigua y la nueva.


Ya todos saben quienes son mis famosos vecinos y cuales son sus virtudes y falencias, esas cosas que me hacen aborrecerlos profundamente.

Pero bien dicen por ahí, que dentro de lo malo, se pueden sacar experiencias y cosas buenas, yo no creía para nada, pero me pasó.

Se acuerdan de mi vecina “Tití”, la que salta de mi balcón al suyo cuando se queda puerta afuera. Ella es la protagonista de la primera historia.

Hace dos semanas, martes a las 7:30 AM, estaba en la ducha cuando escucho unos golpes fuertes, pensé en seguida en ni vecino lujurioso, así no le presté importancia. Los ruidos siguieron cada vez más fuertes, hasta que de repente escuché un grito. Salí volando del departamento, con bata y me quedé esperando para tratar de ver de dónde venía el ruido. Había dos personas afuera, en el pasillo mirando sin hacer nada. De pronto escucho más golpes con gritos, venían del departamento de mi vecina Tití, me acerqué a la puerta y una de las personas que estaba en el pasillo, me dijo “no te metas en líos, llama a los carabineros mejor”. La miré con los ojos muy abiertos, no podía creer que fueran tan poco empáticos y solidarios, pero bueno.

Me acerqué a la puerta, y le pregunto “Flaca estas bien”, se escucha un suspiro y luego un grito “me quedé encerrada en el baño, por favor ayúdame” seguido de llanto. Miré la puerta con los ojos muy abierto y comenzó “la operación comando”, le grité a mi vecinita Tití que se quedara tranquila, le dije ala “vecina sapa” que llamara a los conserjes, y por si las moscas, me aseguré y llamé yo. En dos segundos tenía a todos en mi puerta entrando a mi departamento. Yo con martillo en la mano, dirigía a todos, sin sepárame de la puerta de mi vecina, le hablaba, para que se tranquilizara.

En dos segundos, llegó don Miguel, entró a mi departamento, saltó el balcón, entró donde mi vecina y abrió la puerta, me agarró de un brazo y me dejó adentro, calmando a la pobre vecina Tití. Cuando entré veo la perta del baño, con un tremendo forado al nivel de los ojos, por ahí miré y vi a mi vecinilla llorando, le hablé, le dije “flaca, mírame, estoy acá, te vamos a sacar, tranquila”. Por el agujero la miraba y me fijé en sus manos, estaban sangrando. Me veía con cara desesperada. Yo con mis conocimientos de vuelo, los apliqué todos. Le hablé, le dije que me mirara y que respiráramos juntas, cuando se calmó, le dije que se lavara las manos y que las cubriera con algo. Justo llegó don Miguel con tremendo matillo, para romper la puerta. Le dije que se metiera en la tina. En menos de un minuto pudieron abrir, ella salió llorando la abrasé y le dije que se calmara. La dejé sola por unos segundos, por mientras que iba a vestir, volví a tocas su puerta, estaba más tranquila, contactándose con amigas para que fueran a acompañarla. Me fui a mi trabajo feliz, pude ayudar a alguien.

Dos días después, golpeo mi puerta para pedirme un exprimidor, hablamos un rato y ahora somos amigas, no cercanas, pero las dos estamos solas en Santiago, las dos con familia lejos, por lo menos ya sabemos que sí algo pasa, podemos juntarnos y acompañarnos.


La siguiente vecina, es nueva, llegó un mes a vivir al departamento que está abajo mío.

Yo estaba feliz dije “llega una mujer, no tendré problemas”, grave error. Estaba todo muy bien, sólo escuchando ruidos en forma “estero”, pero ahora se me complicó más el panorama. Como el humo, los ruidos tienden a subir. Sí ustedes han estado en un edificio muy alto, los ruidos se sienten más fuerte, una suerte de caja de resonancia amplificada y dada que la construcción de este, mala, con puros tabiques y cero aislaciones, puedo escuchar hasta cuando “Chi-Chu-lancha” revuelve su té.


Bueno, después de unas semanas descubrí que la vecina nueva tenía pareja, “¿cómo?” dirán ustedes, de la forma más fácil, la escuché.

Un día domingo, estaba despertando feliz, ya que “Lujurioso” partió con guitarras y amplificadores a su parcela en Colina, “Tití” salió por el fin de semana, estaba solita. Comencé a estirarme y pensar en qué rico desayuno me iba a preparar, cuando quedó todo en silencio y sentí un escalofrío por la espalda.

No, no puede ser, eran suspiros, gemidos que subían de intensidad, eran de mujer. NO entendía nada, ya que la pareja de “Lujurioso” no es gritona. Me hice la loca, fui a buscar mi desayuno, cuando escucho más fuerte palabras o frases completas “OH sí, ooo....., más, más”. Maldición no, no puede ser, me paré para ver si estaba el auto del vecino y no estaba. Me acerqué a la pared de Tití, nada. Volví a mi pieza, me tiré en la cama y con el salvo, voló el control remoto por los aire, me agaché a recogerlo y ahí “vi la luz”, bueno más bien supe de donde provenía tanto suspiro.
Pues era de abajo y dije “no, lo único que me faltaba una vecina golosa”. Y gracias al café que se me cayó e el piso quedó “literalmente” bautizada.

Dentro de mi ingenuidad o estupidez, pensé, sí es mujer, puede que no sea tan seguido. Ya que la mayoría van a la casa de los pololos a hacer “cochinaditas”, pues, me saqué le premiado. Es él quien está continuamente quedándose, mañana, tarde y noche, fines de semana, feriados, días del trabajador, etc.

Y muy bien puesto el sobrenombre “golosa” y él sería “ganoso”, esa mañana fatídica alcancé a escuchar tres juegos, relaciones, transacciones. Decía “esto no me puede estar pasando a mi, no, no, no”, me enojé, me vestí con lo que encontré, agarré mi cartera y salí corriendo del departamento, donde mi autito me llevara, lejos de los ruidos, tentaciones, lujuria y sexo.

Y así he vivido hasta ahora, arrancando de mis cuatro vecinos locos, durmiendo en el living, usando tapones en los oídos (que no funcionan), poniendo el televisor, equipo de música o usando la aspiradora para acallar los ruidos con más ruidos.

Ustedes se pueden reír, pero realmente afecta la falta de sueño, estoy estresada, choco con lo que encuentro, ando muy torpe, sin ganas de estar en mi linda casita.
También pueden decir que soy una exagerada, pues no, los invito a leer el libro de reclamos, por suerte no soy la única, pero sí la que tiene peor suerte, soy la única que escucha ruidos en “tercera dimensión” sí se puede decir así, amplificados a mil.

No sé si han visto Friends, sale un capitulo en que Chandler y Joey por casualidad descubren que tienen un canal pornográfico gratis y lo ven 24 horas al día. Bueno yo siento que estoy en los “efectos especiales” por siempre, atrapada por el sexo, sin quererlo.

Lo peor es cuando viene de visita mi mamá con mis sobrinitas. La solución, salir todo el día y tener música o el televisor prendido a máximo volumen.

Les digo, con una mano en el corazón, así no se puede vivir, no es sano. Estoy empezando a odiar el sexo, fuertes declaraciones. Soy la única que puede decir, que se esta quedando sorda por culpa del sexo ¡plop!

Bueno, más adelante les contaré más historias, ojala no sean más de mis vecinos.

miércoles, 28 de julio de 2010

La Isla de los Torsos Desnudos


Es algo que no puedo describir con palabras, hay que verlo….

Como les conté anteriormente, la Isla tiene pocas playas, Anakena, Ovahe, y Playa PEA, más lo “pozos”, pero eso es para las personas que conocen al ciento por ciento la Isla.

Yo llegaba en las mañanas a playa PEA a tirarme un piquero, eso sí, sin tocar el suelo, recuerden que está lleno de piedras volcánicas.

Después del súper “chapuzón”, me ponía a ver le paisaje y me di cuenta que al frente de la playa había un lugar que era de los que practican Surf.

Después de varios días conviviendo con la gente Rapa Nui, me empecé a dar cuenta que a ellos les encantan los deportes, sobretodo acuáticos, esto quiere decir Surf.

Les puedo decir que muchas veces, por no decir siempre, me quede con la boca abierta mirando a los “modelos” pascuenses, tabla de surf bajo en brazo caminando a la playa...
Que quieren que les diga, todos bronceados, calugas por todas partes, músculos, cero grasa, pelo largo, y con una mirada intensa…

Yo me preguntaba ¿será siempre así?, la respuesta llegaba muy rápido, Sí, siempre es así, estaban los bailarines del Kari Kari y de otros grupos de baile, más los lugareños.
Por el calor y la humedad que hay en la Isla, todos los hombres andaban sólo con unas bermudas y nada más.
De verdad los ojos me quedaron “más que turnios”… No sabía para dónde o qué cosa mirar. En realidad la Isla es el paraíso de los “torsos desnudos”, yo no sabía cuál era mejor que el otro. Además estaban llenos de tatuajes por todas partes, en el pecho, en las piernas, los brazos.

No es que sea fresca o mirona, pero no podía dejar la oportunidad de ver cuerpos maravillosos que pasaban a mi lado, con cámara en mano, sin pudor les pedía que posaran para mi, ellos felices y yo más

Ellos no tiene pudor, ya que es su naturaleza, a los cuatro años andan desnudos por la Isla, bronceados por ese sol increíble.

Les tengo que aclarar que el Surf es el deporte preferido de todos, la mayoría lo practica, ya sea con tablas o con “puertas”…jajá jajá Sí, con puertas.

Mi amigo Enrique me contaba que tenían que hacer muchas cosas e la casa, como por ejemplo cortar el pasto, desmalezar, para poder ir a la playa. Y como los tiempos eran muy distintos a los que viven ahora, no había tablas, por lo que usaba lo que tenían a mano.

Después de hacer todas las labores domesticas que les encargaban sus padres, tenían permiso para salir, pero como los pascuenses son desordenados, tomaban lo que tenían a mano.
Los podías ver en la playa con “puertas” tipo tablas de surf y lo pasaban increíble, después, claramente les llega un castigo descomunal, pero lo “vivido”... Era la recompensa para ellos.

En La Tapati, la fiesta de la Isla, que se realiza las dos primeras semanas de febrero, puedes ver a todos los hombres con un pequeño taparrabo y nada más.
Lo mejor de todo que hacían peleas entre grupos de guerreros… Cómo describirlos, entre cantos, bailes y leguaje del cuerpo, era una delicia para los ojos.
Escucharlos cantar en su idioma, verlos enfrentarse, con armas, tambores, gritos…Los gringos y todos quedamos locos. Desde un niño de cuatro años hasta una persona de sesenta años, daba lo mismo, ellos creen en su cultura, la guardan y conservan de una forma realmente impresionante.

El día de la “farándula” que es cuando todos, pero todos, extranjeros y pascuenses nos pintamos con tierras de colores, apoyando alas candidatas a reinas, pasan por el conteo, puedes ver hombres pintados completamente, con plumas, tocados, “colas de peces”, es algo realmente impresionante.
Vez a una persona mayor soplando un caracol y te trasportas años atrás, instantáneamente. Dicen un discurso en su lengua y quedas “con la boca abierta”. Realmente hay que vivirlo para que comprendan la magnitud de lo que estoy tratando de explicarles, es algo mágico.

Yo de verdad no sé si ellos concientes de lo que provocan en las personas que los observan, me imagino que sí, pero están acostumbrados, pero yo no…
De verdad quedaba con “la boca abierta” mirando a estos hombres bronceados, con un cuerpo musculoso, llenos de calugas hasta debajo de los brazos, con tatuajes, collares, pelo largo, collares de conchas, unos ojos demasiado expresivos, un leguaje de cuerpo que te dejaba “en coma”…aja jajá.
Con razón tantas mujeres se quedan en la Isla viviendo con ellos, de verdad son demasiado “machos”, masculinos a morir, la testosterona les brota por cada poro de su cuerpo y ellos lo saben y se aprovechan de eso. El problema es que “una “ es la torpe que cae “cual abeja a la miel”…

No sé si recuerdan la novela “Iorana”, muchas de las actrices se quedaron viviendo con pascuenses que conocieron en la Isla, lamentablemente todas volvieron con “la cola entre las piernas”.
Los Hombres Rapa Nui son machistas a morir, no se puede pelar muco con ellos, por que te “aleccionan” rápidamente. Como dijo una persona muy sabia “Los hombres de esta Isla no te prometen la luna, no te la bajan y después de sacan la chu…”. Es así, si aceptas el tema, bien por ti, pero de que son machistas, lo son, pero encantadores.

Tengo más de 50 fotos de “torsos desnudos”, y realmente se pasan…

Para saber de o que estoy hablando hay que viajar a la Isla y sentarse una rato en playa PEA y me van a dar toda la razón… Las desafió a hacer este experimento y luego lo comentamos…Con fotos en mano chicas…. Verlos pasar con bermudas, bronceados, calugas por todos lados, pelos largo, ojos intensos, a pie pelado con su tabla….

Las desafío!!!!

sábado, 10 de julio de 2010

Mi primer día en la Isla de Pascua


Como había quedado en la nota anterior.... Iorana Korua….

Por fin aterrizamos en el aeropuerto de Mataveri, ansiosas bajamos por la puerta trasera del avión y nos pegó la primera cachetada de humedad, calor y un olor muy especial que tiene la Isla, además de un verde, verde que te quiero verde, maravilloso.

Saqué mi cámara y empecé a documentar todo; cuando veo a mi amiga Cony que ríe y corre a los brazos de alguien, tostado, lleno de collares de flores y con una sonrisa increíble, era el paraíso. Él es Enrique Paoa, personaje de tomo y lomo, carismático, bella persona y el hombre más alegre que he conocido en mi vida

Abrazos iban y abrazos venían, junto con sus hermosos presentes, un collar de una flor muy especial Tipanie, de formas bellas, aromáticas y una tradición. Tienen la costumbre de ir a recibirte con flores y te despiden con collares de conchas y plumas. Para nosotras fue más especial, ya que fueron elaborados por Enrique y su familia. Es un recuerdo que llevo grabado en mi corazón y cuerpo. Les explicaré más adelante la causa de esto.

Logramos, no sé cómo encontrar todo nuestro equipaje, lo cargamos en dos camionetas, nos distribuimos en distintos y partimos a nuestra aventura.

Nos quedamos en las cabañas que tiene Enrique en su terreno, entre manavais (un agujero en la tierra, rodeado de piedras volcánicas, lo utilizan para poder cultivar y proteger sus plantaciones del viento), vacas, caballos, y un paisaje maravillaos. Rápidamente tiramos todas las cosas, nos refrescamos y partimos a nuestro primer día de Tapati o fiesta. Era el día de la recolección de pescados, os que asaban y repartían en hojas de plátano. Yo me pellizcaba cada 5 minutos, no podía creer dónde estaba, la música, la gente, la comida, era un sueño.

A los 10 minutos, me sentía como en casa, llegó la comadre de mi amiga, Moni y lo primero que nos dijo fue que tuviéramos cuidado con los “yorgos” , son los pascuenses extremos que viven en cavernas, andan a caballo, visten ropa de camuflaje, pelos largo, buenos para los pitos, buenos para las mujeres y locos como una cabra.
El lugar estaba lleno de gente de distintas nacionalidades, todos disfrutando. Les doy un consejo que me agradecerán, aunque esté nublado usen protector solar, nos quemamos, achurrascamos, quedamos rojas como jaibas, en pocos minutos.

Luego nos fuimos a comer unas ricas empanadas de atún con queso y cebolla donde la “Tía Berta”, lo mejor de la vida, junto a unos ricos jugos y una excelente conversación.

Luego de tantas sorpresas nos fuimos a la cabaña a ordenar, desempacar y cambio de ropa para salir a recorrer.

Nos llevaron a playa tortuga o playa Pea, acá les va otro consejo, usen chalas, zapatos especiales, lo que sea; no hagan lo que yo. Fue tanta la emoción, que llegué corriendo al mar, feliz de la vida y cuando me gritaron ¡cuidado!, ya que el fondo era de piedras volcánicas, era muy tarde. Tenía los dedos rotos y un dolor horrible, por el agua salada que entraba sin piedad a mis heridas, pero no me importó, era tal la adrenalina, que seguí disfrutando de todo, piqueros iban y venían, fotos varias, hablando por celular con mi mamá y papá contándoles la maravilla que estaba viviendo.

Bueno, como dicen “a costalazos se aprende”, mis lindos deditos quedaron llenos de heridas, pero lo que me recordará para siempre, que tengo que tocar el fondo, antes de tirarme como loca.

Más tarde vimos el atardecer y en la casa de Enrique, quien nos estaba esperando con un rico asado increíble, por Dios que saben cocinar, más “refrescos varios”, compañía y conversación inmejorables. Ya pasadas unas horas, unos cuantos copetes, comenzaron las historias, que agrado, escuchar cómo hicieron los moais, la presencia fálica en sus esculturas y el embrujo de la luna llena.

Ya muy tarde el grupo se separó, algunos se fueron a la Anakena a bañar bajo la luna, otros nos quedamos discutiendo las formas en que la Isla se había poblado y las distintas teorías que había.

Les tengo que decir que literalmente se me “apagó la tele”, no sé cómo llegué a mi cabaña, pero era lógico, muchas emociones, mucho copete y poca comida.

Yo tengo la teoría que el aire de la Isla afecta demasiado, pero estaba todo permitido y disculpado, total eran mis vacaciones y tenía que disfrutar a concho. Eso sí, el despertar fue traumático, por la ventana de mi pieza estaba una vaca mugiendo y tratando de comerse una frasco de crema, con su lengua, larga, larga.

Y comienza nuestro recorrido primer recorrido a Rano Raraku, un volcán, donde sacaban las piedras para poder construir los moais, el poder de los Varuas y un asado en un pozo maravilloso, más la consecuencias de la caña

Esperen por esta historia, es buenísima.

Maururu

domingo, 4 de julio de 2010

Mi Viaje a Isla de Pascua


Isla de Pascua, un lugar de ensueño, lleno de misterios, historia, sufrimiento, alegrías, paisajes idílicos, gente que ama su pueblo, su cultura, su tierra. Magia por todos lados.

Siempre he tenido la idea de viaja a Rapa Nui, desde niña comencé a leer sobre su historia, por los muchos libros que tenía mi papá. Él adoraba los viajes, soñaba con ser explorador y descubrir tierras lejanas, pero nunca lo pudo hacer. Eso sí, que a través de los libros y junto a su imaginación recorrió millones de lugares, estuvo junto a los leones de África, los elefantes de India, los osos de Alaska, los pingüinos de la Antártica, etc.

Siempre nos contaba historias y nos alentaba para que leyéramos mucho. Y eso se lo agradezco en el alma, un gran recuerdo es la lectura y yo amo leer.

Un día una amiga Cony me ofreció acompañarla a “la Isla”, sin pensar dije enseguida que sí, sin importar lo que costara, por fin mi sueño se realizaría.

Comencé a reunir literatura, fotos, mapas, lo que encontrara para conocer este maravilloso lugar, además Cony, vivió en la Isla por un año y siempre me contaba historias y anécdotas que hasta ahora me hace reír.

Pasaban las semanas y cada día estaba más cerca, junto con la impaciencia, los nervios y la incertidumbre de llegar a cumplir mi sueño. Además, les tengo que decir que eran mis primeras vacaciones después de 12 años de trabajo. Obvio, para las tripulantes los meses de enero y febrero es la temporada alta, por lo que no podemos salir en esa época.

Llegaríamos justo para “La Tapati”, fiesta que todos los años hacen en el mes de febrero, donde muestran al mundo sus tradiciones, juegos, vestuario, comidas, bailes al mundo entero.

Como no todas las cosas son perfectas, una semana antes del viaje, me avisan que mi papá enfermó gravemente, uno de sus pulmones se llenó de sangre, fue internado de urgencia, ese día viajé a concepción. Lo visité en el hospital, hicieron todo lo posible, hasta que el día domingo comenzó a dar señales de mejoría. No quería dejar a mi familia sola en este momento, ¿qué hacer?

Hablé con mi mamá y le dije que no viajaría, no podía ir sabiendo que mi papá estaba enfermo. Ella una mujer maravillosamente fuerte y sabia, tierna y cariñosa; me tomó de una oreja y me subió con maletas y todo, rumbo a Santiago. Me dijo que lo que menos desearía mi papá era que suspendiera el viaje, que no podía hacer nada más que disfrutar mis vacaciones y llegar llena de historias y recuerdos para contárselos a él.

Y así partió la aventura a esta Isla mágica…Con una lágrima en la garganta, el corazón apretado, 7 amigos, entre ellos 3 mujeres, dos hombres y una niñita, toneladas de maletas y cajas, cámara en mano y ravotril a la vena, comenzó mi aventura a la misteriosa Isla de Pascua, Rapa Nui o “El Ombligo del Mundo”.

Como en todos los viajes hay problemas, no podíamos estar exentas de estos.

Les cuento que llegamos a la Isla después de sortear muchas pruebas, como por ejemplo, saliendo del departamento, con el transfer esperándonos, se nos rompió una de las cajas donde estaban las botellas de Vodka, no teníamos con que reemplazarla, y la caja estaba totalmente estropeada. Rápidamente Pacita, pensó en la mejor solución; usar una maleta, todas subíamos y bajábamos trayendo maletas, toallas, bolsas y lo que pudiera servir para dejar bien embalado todo y que nada se rompiera. Resultado “tarea cumplida”.

Ya estábamos todas arriba del auto camino al aeropuerto, viaje que conozco de memoria, llegamos al counter. Nos miramos y nos dio ataque de risa, parecíamos gitanos, por la cantidad de cajas, cajitas y cajones, maletas, bolsos y bolsones, más cooler y coches y eso que nos íbamos por 15 días.

Después de peleas, registrarnos, compras varias, algunas fotos y correr por seguridad a la puerta de embarque, estábamos felices y cansadas, sentadas en el vuelo Lan 767 que nos llevaría a nuestro esperado sueño.

En el avión comimos, vimos películas, nos reímos, nos sacamos más fotos. Yo tenía que documentar todo para contarle a mi papá que siempre estuvo en mi pensamiento y corazón.

De verdad el viaje se me hizo eterno, pero cuando dieron el speach de descenso, todo cambió. Los nervios se “ultra multiplicaron”, tratando de mirar por las ventanas lo que pasaba afuera, un pedacito de isla, algo del paisaje. Cuando de repente lo vi, un pedazo de tierra verde, verde. No saben la emoción que sentí, tenía ganas de llorar, de gritar, de aplaudir todo a la vez. Pero siempre digna, me quedé en mi asiento, con los ojos abiertos como platos y la boca con un eterno “ohhh”.

De lo que pasó cuando bajamos del avión las reacciones, les diré otro día.

Como dirían los pascuenses, en su idioma… “Iorana Korua”

lunes, 28 de junio de 2010

Mi vecino, lo asesino


Mi Vecino ¿Lujurioso, californiano o candoroso?


Les quedé debiendo la segunda parte de la historia, “La lista negra de mis queridos vecinos”: Les dije que éste personaje necesitaba un capitulo especial y acá va.

Quiero que conozcan la historia y juzguen ustedes sí realmente estoy equivocada o no.

A mi vecino lo conocerán a través de mis palabras, mis anécdotas, mi escritura, cualquier duda, lo pueden llamar y corroborar todo lo que digo. Tengo todas sus coordenadas y las de la dueña del lugar donde vive.

Primero, tengo que decir, a pesar que los departamento sean relativamente nuevos, el material de construcción deja mucho que desear, Algunos muros son de concreto y otros, sólo de tabiques, como por ejemplo la separación entre las habitaciones.

Ahora los introduzco al tema que nos convoca, mi vecino y sus extraños ruidos. Él vive en el departamento que está a mi lado, es decir, nuestros dormitorios son colindantes.

Él llegó a principios de enero de éste año, muy tranquilo, con pocos muebles y sin meter muchos ruidos.

Pasó el tiempo y comencé a sentir murmullos raros en mi pieza y no era yo. Bajé el volumen del televisor y me concentré. Quedé impresionada con lo que escuché. Eran susurros claramente sexuales, es más, eran frases que se repetían constantemente. Me dije, “no importa” y subía el volumen del televisor o me ponía los audífonos y escuchaba música.

Pero todo fue aumentando, tanto en volumen, como en expresiones, a distintas horas del día y de la noche, no paraba nunca, hasta que me aburrí y decidí ir a hablar con la causa de mis pesares y problemas.

Un día, después de una larga jornada de trabajo, llegué a mi departamento y me acordé de las muchas veces que fui molestada, me armé de valor, salí a pasillo, miré la puerta de mi vecino y toqué el timbre.
Se demoró mucho en abrir la puerta, pero lo hizo.
Por fin lo tenía frente a mí.
Lo primero que sentí es el olor a casa no ventilada, calor y aroma a hombre. Después me fijé en la persona que estaba mirando, un hombre de 1.70, 80 kilos, colorado, normal en todos los sentidos, con ojos grandes, vestido con un buzo y se notaba que lo desperté, ya que tenía una cara de sueño. Me presenté, le dije que era su vecina y traté de abordar un tema muy complicado de la forma más simple, hablarle de la construcción del edificio y de la distribución de las habitaciones.
Él todavía no captaba nada de lo que hablaba. Me miraba sonriente, pero necesitaba, claramente, más información. Le comenté que al ser tan débiles las separaciones entre los departamentos, lo podía escuchar. Me di la molestia de mostrarle mi departamento y que vira como estaban distribuidos. Noté que tenía pocos muebles. Le comenté de nuevo que, escuchaba ruidos y él me dijo, “disculpa, escuchas mis guitarras”, (tiene tres, más un tremendo equipo amplificador, ya que tiene una banda), yo le dije que no era eso lo que escuchaba. Me quedó mirando con expresión extrañada. Y pensé, al clavo o sino no va a entender nunca lo que le vine a decir. Le dije que escuchaba ruidos y que no eran sus guitarras, ni sus conversaciones por celular, ni las veces que se juntaba con sus amigos a jugar póker. Le dije “mira Jorge, lo que escucho son estas frases “o mi Dios, O mi Dios o que rico”. Se puso rojo hasta la última uña del pie, bajó la mirada, avergonzado y me dijo “es cierto, es que soy muy gritón”.
Yo, de verdad, no sabía que hacer, si reírme o sentir compasión por él. Lo miré a los ojos, que nunca los pude encontrar, ya que estaban pegados al suelo. Le comenté que lo escuchaba a cada rato, a todas horas y que realmente el tema que tenía muy molesta. Él seguía con la vista fija en ele suelo, colorado hasta detrás de las orejas. Y dijo “nunca me había pasado algo igual” y se rió nervioso. Le comenté que, tuve le mismo problema con los vecinos del mismo departamento, pero se habían solucionado, por eso había acudido a él.
Jorge seguía riéndose y sin mirarme. Me dijo que estaba pasando un mal momento, ya que recién estaba separado y discúlpenme, pero la expresión fue “Shiuuuu o sea tengo show para rato”. Es verdad se me escapó. Me miró con cara de comprensión y me dijo “voy a tratar de no hacer tanto ruido, pero lamentablemente soy gritón”, nuevamente mirando el suelo. Le dije que no había problema, mientras mantuviera sus ímpetus amorosos y gritos más silenciosos. Me dio su tarjeta, me dijo “Sí me hago mucho ruido, tú me llamas y fin del problema”. Lo miré y le dije, “sabes, es más fácil que golpeé la pared a que esté buscando tu número y llamándote”. Nuevamente se puso rojo. Me dio penita, le dije que contara conmigo para lo que quisiera, pero que bajara le volumen, yo no tenía que enterarme de sus andanzas amorosazas, buenas o malas. Nos despedimos, e incluso me invito a tomar unas “chelas”.

Tengo que decir que se portó muy bien, cuando comenzaba a gritar, se contenía y se mordía la lengua. Así pasaron semanas de tranquilidad para mí.

Hasta que vino le famoso terremoto. Él no estuvo, ya que los fines de semana se iba con su banda a Colina. Pero, yo creo que la tensión fue mucha y la tenía que sacar de alguna forma. Y nuevamente lo sentí, lo escuché y lo odié.

Tengo que decir, en descargo, que para el 14 de febrero, tuve que salir escapando de mi edificio, esto parecía “motel”, (por lo que me han contado) no era sólo era mi vecino, sino que varios vecinos que se pudieron de acuerdo y todos al unísono tuvieron su “happy Valentine” y varias veces. Yo agarré computador y salí corriendo de acá. Lo que menos quería escuchar es un millar de “uh, uh, oh, oh, que rico, más, más, por ahí, ohhhhh”.

Ahora sigo en m departamento, escuchando a mi vecino, con sus juntas de póquer, sus guitarreos, hasta cantando, sé lo que habla por su celular, hasta cuando se ducha, ya que no tiene agua caliente. Pensando positivamente, es mi despertador, a las 7:30 hrs., escucho un grito, eso quiere decir que mi vecino se acaba de meter a la ducha helada y que me tengo que despertar. Por lo menos, no tengo que programar mi despertador.

Bueno que le vamos a hacer, vivo en un barrio bonito, cerca del metro y de mi trabajo, pero todas las cosas no pueden ser maravillosas, yo tengo a mi vecino, que me despierta, tempranito y a altas horas, pero nada es perfecto e esta vida o ¿no?.

Y quién me dice que otro vecino o vecina no ha escuchado mis incurcuiones amorosas… ¿nadie sabe? ¿O sí?

Tengo que decir que mi vecino lujurioso, le ha dado “alegría” a mi vida, por lo menos me ha dado un motivo para escribir y sé que muchos querían leer esta historia.

sábado, 19 de junio de 2010

MIs queridos vecinos han entrado en mi Lista Negra


Comenzaré esta historia contándoles que hace tres años que vivo sola, en un departamento lindo, pequeño, acogedor y muy soleado. De a poco fui comprando cosas y ahora es mi hogar. Está muy cerca de mi trabajo y en barrio lleno de árboles y tranquilidad.

Me acostumbré al movimiento que hay en el edificio, donde hay mucha gente joven viviendo, son 12 departamentos por piso, por lo que la cantidad de personas que hay acá es demasiada, siempre me encuentro con alguien el los ascensores, vestíbulo, lavandería, pasillos etc. De verdad soy súper tolerante, pero hay ciertos límites y de eso se trata este capítulo de los personajes que me colmaron la paciencia, rompieron la armonía y me hacen pensar, seriamente, en la venganza.

A todos los puse sobre nombres y les explicaré que hacen para que me quiera acriminar. Son 4 los integrantes de mi lista negra de la venganza. Juzguen ustedes, no creo estar tan equivocada.

Empecemos por el que hace menos daño, “Chin-shu-lancha”. Él vive al frente a mi departamento, es un oriental de lo más simpático, pero muy bueno para cocinar, su ingrediente preferido es el ajo. Es muy deportista, por lo que siempre llega en su bicicleta, transpirando condimentos. Y es un poco desubicado, le cuento que para el terremoto, salió como todos arrancando, pero al rato después desapareció. Durante la espera nos informan que hay una fuga de gas, que subamos a apagar las llaves de paso. Un vecino vestido con un pijama muy pintoresco, se pone a gritar, todo lo miramos y nos dice “alguien tiene velas prendidas arriba, vamos a explotar”. Miré y claro era “Chin-shu-lancha”, partí corriendo a avisarle, cuando entré a su departamento quedé impactada, parecía santuario, prendió todas las velas que encontró en su despensa. Le dije que las apagara, pero no habla español, ni ingles. Lo miré con cara de bruja y empecé a apagar vela por vela, él no entendía nada, hasta que con gestos, le hice entender lo de la fuga y me ayudó a apagar su velatón, no sé a que dios le estaba rezando, o si tenía miedo, pero eso no se hace y menos con una fuga de gas que se “olía fuertemente”. Otra característica de él es que es el rey de los portazos, siempre lo escucho cuando llega y se va, pero tanto daño no hace, si aprendes a respirar por la boca, Por lo menos es muy amable y siempre saluda con una inclinación de cabeza. Además si me quedo sin ajo sé a que quien recurrir.

La que sigue en mi lista negra, “Monito Tití Reggeatonera”. Ella es muy simpática, le encanta juntarse con sus amigos en su departamento, gente de distintas nacionalidades y colores, pero todos con un común denominador; a música y la conversación a altos niveles de volumen. Se reúnen para la famosa “previa” y lo que es peor para el “after hour”. Esta aquí cuando comienzan los problemas, ya que llegan a altas horas de la madrugada, muertos de la risa, entonados y casi gritando. Me imagino después de estar bailando bajo un parlante toda la noche quedas así, por lo que me han contado. Luego viene el bajón de hambre por lo que revuelven la cocina azotando ollas, platos y puertas, comentando los sucesos de la noche, bueno gritando los sucesos de la noche. Con reggaeton a todo volumen, es cuando llamo al conserje, por primera vez para que bajen la música. Lo hacen, pero siguen con los gritos y aporreos varios, nuevamente notificar al conserje, pero no entienden la idea, que hay gente durmiendo. La tercera y última advertencia es a través de la pared con fuerte golpes, son dos o tres veces comúnmente, cuando un avispado comenta “uy parece que estamos metiendo mucho ruido” es en éste momento cuando puedo dormir tranquilamente. Lo otro, ella es un poquito despistada, por lo que frecuentemente toca mi puerta porque se le han quedado las llaves dentro de su departamento y se pasa por el balcón, saltando alegremente cual “monito tití”, temo que un día, va a pisar mal y la encontraré tendida entre el pasto del primer piso.

Así pasamos al tercero de la lista, es sólo un niño, que vive junto a sus padres en la casa frente a mi edificio. Ellos tienen la costumbre de gritar por todo, para buscar algo, cuando lo encuentran, tocan la bocina para abrir el portón., etc. Yo tengo la teoría que son sordos, nadie puede gritar tanto estado en el mismo lugar. Su hijo es un ser extraño, un colorín de 5 años que no habla, maúlla todo el santo día, por lo que ganó el apodo de “niño gato”. Sé cuando llegan, por lo bocinazos y los maullidos del infante. Lo bueno, es que hace una semana que no los escucho, así que ese flanco está cubierto.

El último, pero más importante de todos es mi “Vecino Lujurioso”. Son tantas cosas que tengo que decir de él, que merece un capítulo a parte. Sí, tendrán que esperar unos días para saber que hace este personaje, para tener un apodo tan particular.

Nos leemos luego…

jueves, 17 de junio de 2010

Mi Peladito Bello a un año de tu partida



Hace un año que me dejaste, en mis brazos tu alma ascendió al cielo y se posesionó como la estrella más luminosa que alumbra mi vida, que me da fuerza y coraje para seguir adelante.

Desde allí nos cuidas, “mi angelito de sonrisa de niño”, viendo todos los cambios que nos han afectado desde que partiste.

Penas, alegrías, celebraciones, cumpleaños, asados, navidad, año nuevo sin ti, no han sido fáciles. Pero siempre la familia se ha mantenido unida, cuidando tu tesoro más preciado “Tu adora Anita Rosa”.

No ha sido una tarea fácil, menos después del terremoto, la “Soa Chapu” se nos arranca continuamente, pero ya está más tranquila y gracias a la compañía de tus queridas nietas ha sabido salir adelante.

Yo, creo que ha sido la que peor lo ha pasado, ya que estoy lejos de casa. Para la familia fue difícil, pero se fueron de a poco acostumbrándose a los cambios. Primero, los tuyo, tu enfermedad, tu deterioro, tu ánimo, tus dolores. Yo no los viví por completo. Fueron sólo dos semanas en las que me llevé las sorpresas más terribles y agradables de mi vida.

Lo que más recuerdo, es el día que llegué de sorpresa y me viste frente a ti, te paraste, me miraste y me abrazaste. Dijiste “mi rucia querida, estás acá” (sin que ninguno de los dos diera por entendido lo de tu enfermedad). Ese fue el último día que estuviste bien, caminando, comiendo, sonriendo. Es como si me estuvieras esperado para partir tranquilo y así fue. A tu lado me quedé día noche cuidándote, alimentándote con tus comidas favoritas, viendo películas, leyéndote, contándote una y otra vez las historias de la Isla de Pascua que tanto te gusta escuchar. Te acuerdas que nos hicimos una promesa; la voy a cumplir, ya no contigo, pero sí con mi mamá.

Lo que más me gustaba era calmar tus dolores, tomándonos de las manos, mirándonos a los ojos y respirando juntos para que te relajaras. Me sentía conectada a ti y poder aliviar tu dolor para mí era el cielo.

Ese día jueves 18 a las 11:45 hrs. Todo cambió para nosotras, tranquilamente, junto a tus mujeres junto a ti, todas tomando tus manos, tus brazos, tus pies y escuchando la música que tanto te gustaba, tu amado jazz. Un ambiente tranquilo, un día de sol. Yo sentada en la cabecera de la cama, abrazándote, sosteniendo tu cabeza y diciéndote al oído muchas cosas; como te quiero, descansa, yo me haré cargo de mi mamá, nunca estará sola, tranquilo; hasta que tu cabeza cayó en mis hombros con el último suspiro tu vida se extinguió. Ni cuenta nos dimos. Tu alma se fue al cielo, lentamente.

Nos diste muchas sorpresas Peladito Bello, como por ejemplo que dejara de llover el día del funeral, el arcoiris que apareció ese día y que nos acompaño por tres meses más en la misma fecha. O la vez que fuimos al café, que por 14 años visitaste, la mesa 17, los meseros, que te fueron a ver al velorio, quedaron impactados porque el mismo día que te estábamos velando, tú muy patudo, fuiste a tomar el último café, no podía ser de otra forma ¿no? Un Moraga, es un Moraga siempre.

Me imagino que lo estas pasando muy bien e el lugar que estas, con el tío Humberto, el Tata Nano, la Tía Clarita, Tío Carlitos, la Gueli y los músicos que se fueron a alegra tu fiesta.

Sabes Peladito bello, para mi ha sido más fuerte tu partida, ya que estoy en Santiago, lejos de casa y no computo, no asimilo tu muerte. Siempre pienso cuando viajo a Concepción, que me vas a abrir la puerta con tu sonrisa, abrazándome me invitarás a u rico desayuno juntos, al compás del jazz o blues y preguntándome por las últimas noticias de mí trabajo, del cual te sentías tan orgulloso. Pero cuando abro la puerta de casa es como si murieras una y otra vez.

Para mi ha sido más difícil, al estar sola en Santiago, tu querido Santiago. Tú sabes la cantidad de veces que lloré, patalee, me enoje, maldije; pero ya pasó. El viernes pasado me diste una señal maravillosa y todo cambió. Estoy tranquila, con pena, pero tranquila. Tengo una vida que vivir, con tu hermoso recuerdo.

Puedo decir que tuve el tiempo justo, más calidad que cantidad para compartir contigo, estar a tu lado y decirte lo mucho que te quiero, respeto y siempre recordaré.

Mi querido Peladito bello te extraño mucho, lo sabes, pero sigue cuidándonos como lo haz hecho hasta ahora y sigue brillando en esa estrella que cada noche miro y resplandece en colores de cada arcoiris que veo. Eso eres tú, brillo, alegría, música y colores.

Y como te dije, espero el abrazo que nunca me diste…

Te adoro y estoy muy orgullosa de ser tu hija, de que fueras mi padre querido, de todo lo que me enseñaste y quisiste.

Tu Rucia.

Los abuelitos del avión

Yo tengo muy buenas experiencias con los abuelitos en los aviones, son personas realmente maravillosas. Ellos están llenos de experiencias y cosas para contar, es cosa de darse el tiempo de escucharlos y te relataran historias que jamás imaginaste.

En otros países le dan mucha importancia los “mayores”, pero lamentablemente y de verdad lo digo, aquí, en nuestra sociedad, no les dan gran valor a los que ellos tiene que decirnos.

Yo, la mayoría de las veces, los escuchaba y me regocijaba con sus historias. Recuerdo tres historias en particular:

La primera historia es de una abuelita, linda ella, iba solita sentada en la primera fila, asiento 1-A, me acuerdo perfecto, viajaba hacia Punta Arenas, no molestaba para nada, pero iba muy triste, me acerqué a conversar con ella para saber qué le pasaba, no sé, preguntas de rutina, ¿cómo está?, ¿para dónde va? Y me salió con algo que me dejó callada (cosa rara en mí).

Me dijo que era su cumpleaños, que lo iba a celebrar con su familia a Punta Arenas y que cumplía 100 años. Yo quedé impresionada con lo que me había dicho y más aún con la carita de pena que tenía. Fui a hablar con los pilotos para pedirles permiso para saludarla. Ellos estaban emocionados y felices, y me dieron todos los permisos del mundo.

Tomé el P.A. (alías micrófono), preparé a la tripulación y empecé con mi discurso, pidiendo la atención de los pasajeros, todos muy atentos a los que iba a decir, les conté la historia de la “abuelita Camila” que nos acompañaba ese día en el vuelo, un momento muy especial para ella, ya que estaba de cumpleaños y además celebraba 100 años de vida. Les pedí que le cantáramos “cumpleaños feliz”, todos al unísono los hicieron y a todo pulmón, la abuelita Camila se paró y sonreía, luego de un fuerte aplauso fueron uno por uno a saludarla, hasta los pilotos salieron de la cabina a abrazarla y desearle lo mejor de la vida. Ella estaba muy emocionada, lloraba de alegría.

Les prometo que fue uno de los momentos más lindos que viví arriba del avión, me acerqué a ella la abracé muy fuerte y sentí que ella temblaba, le pregunté si estaba bien y me dijo que era el mejor cumpleaños que había pasado en su vida, con sus ojitos llenos de lágrimas. No saben lo que sentí, el corazón se me encogió, al verla tan linda, tan frágil y a la vez tan fuete.

Cuando llegamos a Punta Arenas, ella se bajó de las últimas y todos los pasajeros, uno por uno, la iban abrazaron y dando los mejores deseos. Nada más que decir. Qué linda experiencia para ella y para todos los que viajamos ese día.

La segunda historia es un poco diferente, es de una abuelita que iba viajando a Arica. Ella iba tan triste que me acerqué a conversar para ver de qué se trataba. La abuelita Carmen iba a vivir con su hijo y su nuera a Arica, había dejado su casa de toda la vida, sus recuerdo y cosas en Santiago y se enfrentaba a una nueva vida, totalmente distinta a la que estaba acostumbrada, independencia, vivir en "la capital de Chile", dejar todas sus cosas.

La pobre iba tan atribulada, no sabía a lo que se enfrentaba, además que no le gustaba el norte. Hablé mucho con ella. Y como nos quedábamos constantemente en Arica, le dejé mi celular, para que cuando fuera, nos juntáramos a conversar. Me llamó muchas veces, nos juntamos y me contaba de su nueva vida, que al comienzo fue difícil, pero de a poco se fue acostumbrando.

Ella hacia clases de piano, habló con la gente de la municipalidad y empezó a hacer clases a los niños. Una vez recibí una llamada de su hijo, dándome las gracias por lo que había hecho por su mamá y por su familia. Y de verdad son esos momentos en los que valoras el trabajo que estás haciendo, con mucho cariño.

La última historia es de una par de abuelitos, casados por años de años, ella un poquito sorda y él, enamorado “hasta las patas de su viejita linda”. Que pareja más bella. Iban viajando a Punta Arenas y se notaba que eran unas personas muy humildes, pero amorosas “a morir”.

Después del despegue, fui a revisar la cabina y veo a los abuelitos muy abrazados, dándose besitos. Me acerco a ellos por si algo andaba mal….o muy bien...ajajá. Le ofrecí algo para tomar, imaginándome yo ingenuamente que querrían un té o un jugo. Pero no querían algo “más fuerte”. Yo les dije "les traigo café", pues no , me dijeron algo más “Juertecito”, los quedé mirando con cara de interrogación y fue él quien habló, me dijo “lo que pasa que con la vieja, nos tomamos de desayuno siempre un jotecito”.

A mi me dio ataque de risa porque la “vieja” era más sorda que una “tapia” y cada vez que le decía “Cierto vieja”, la señora lo miraba con cara de interrogación, hasta que al tercer grito entendía. Todos los pasajeros se enteraron que tomaban algo “Juertecito” y “que el viejo estaba enamorado de la vieja” (modo cariñoso, que no se lea de otra manera).

Él la abrazaba cada vez que despegábamos o aterrizábamos, le daba comida en la boca, la acompañaba a la baño, con una cara de amor, que todas suspirábamos en el galley. Yo decía que gran amor, después de 50 años de casados la siguiera viendo y tratando como el primer día que se conocieron. Qué lindo es el amor, que por lo que ví en ese vuelo, existe, aún existe. Que linda pareja, no los voy a olvidar jamás.

Hay más historias, pero otro día se las contaré…

¿Baño con olor a rosas?

Hay veces que pienso que en el momento de subirse al avión el cerebro se les comprime a los pasajeros, a lo más estilo Homero Simpson.

Una vez que se apaga la señal de cinturones, nos podemos levantar para poder trabajar. Es aquí donde empiezan los problemas y, sinceramente, empiezo a contar hasta mil.

Cuando estamos más ocupadas, haciendo malabarismos con los platos calientes, las bebidas, té y café, llega el primer valiente con cara de LOST preguntando: "señorita ¿dónde queda el baño?", una los mira con cara de incredulidad, porque lo tienen al frente suyo. En fin, se lo indicas, y empieza la diversión para nosotras.

Mirarlo como trata de abrir la puerta del baño, los pasajeros piensan que por ir en un avión la apertura va a ser cibernética. Empiezan a pelear con el cenicero que se encuentra en la puerta. Cuando lo rompen, te miran rojos de vergüenza y viene el comentario insólito "Ja, ja, ja, parece que se rompió".

Yo lucho para no reírme en su cara y después escuchas "Oiga señorita... ¿cómo se abre la puerta?", es en ese momento cuando tienes que poner tu mejor cara de seriedad y responder "Señor, igual que en su casa, girando la manilla". Te miran con un talante de interrogación y para no hacerlo sufrir más entre la plancha y las ganas de ir al baño, una piadosamente les abre la puerta. La mirada es de gratitud increíble junto con alivio, y se apresuran a entrar, obviamente, pegándose tremendo portazo en la frente, porque no abren la puerta completamente.

Y si encuentran que esto es lo peor, no queridos, lo peor es cuando van al baño con diario, libro o revista bajo el brazo y se demoran más de media hora. Al momento de salir lo hacen como si nada. Total ellos huelen a rosas.

Un tema importante, que a mi parecer tienen que saber y estar concientes, es que la estación de auxiliares se encuentra muy cerca del baño. Son espacios muy reducidos y nuestros asientos colindan con los baños. Cuando salen del tocador y pegan un portazo, nos llega una cachetada de "olor a rosas", luego la estela y los pasajeros caminan tranquilamente a sus asientos dejándonos totalmente intoxicadas.

Nos paramos con la mejor cara de dignidad, vaciamos un tarro completo de aerosol, cuidando que no suene el detector de humo o utilizamos los típicos remedios caseros, como dejar una taza de café ultra cargado cerca de la boquilla de aire, para neutralizar los olores. Y si la cosa es muy terrible, el baño se clausura por respeto a nosotras y a los demás pasajeros.

Además, les cuento que cuando van al baño de adelante, que queda al lado del cockpit, y lo dejan insoportable los pilotos se intoxican. Todos los olores llegan adelante y los pobres pilotos están casi conectados a las mascarillas de oxigeno....ja, ja, ja.

Así que por favor piénselo tres veces antes de entrar a un baño de avión con un diario bajo el brazo, por respeto al entorno, porque definitivamente nadie huele a rosas.

Niñeras o auxiliares de vuelo

A mí personalmente me encantan los niños, pero los bien educados, los amorosos, no los caprichosos y malcriados.

Y lo peor es que la culpa no la tienen ellos sino sus padres, que son los que hacen la diferencia entre un niño adorable y uno odioso.

Cuantas veces me llevé niños y guagüitas demasiado lindas en el avión, conversaba con los padres de ellos y jugaba con sus hijos, me aprendía sus nombres y los pasaba a ver cada vez que podía, pero que quede claro, sin que me lo impusieran.

Recuerdo una vez que se embarcó una mamá de lo más cuica con seis niñitos, todos rubios y su nana venía al final de la fila. La madre abnegada se sentaba, lejos de sus hijos, que estaban como locos de revolucionados por el vuelo, parecían “pollitos”. Los seis a coro: "Tía, tía, tía", me tenían loca.

A la hora de comer, le pregunté a la mamá qué iban a comer sus "angelitos" y recibí una de las respuestas más tontas que he escuchado en toda mi carrera de auxiliar de vuelo: "Linda, no sé que comen los niños. Pregúntale a la nana, ella sabe", con cara inexpresiva, giró la cara y se entregó totalmente a la lectura constructiva de la revista “Caras”, viendo si es que salía en las páginas sociales, que terrible.

La pobre nana, sentada entre los niños, pidió las comidas de todos, les dio de comer y los dejó durmiendo. Lo que me llamó la atención es el cariño con el que cuidaba a los niños y las miradas de ternura de los niños hacia ella.

Fuerte el tema, pero pasaba mucho en los vuelos, sobre todo al sur, Temuco-Osorno-Puerto Montt.

Otro caso digno de contar es de una mamá que se subió con tres niños hermosos. Los sentó en una corrida de asientos. "La madre del año" se sentó en la corrida de atrás, se tomó un valium. Acto seguido me pidió almohada y frazada y me dice, con la mejor carita de raja: "Linda cuídame a los niños, ya que estoy tan cansada, voy a dormir un rato, tú los entretienes amorosa ¿ya?"

Yo puse cara de incredulidad y con ganas de decirle: "¿Me está agarrando pa'l leseo?", pero no lo estaba haciendo. Se quedó dormida. Tuvimos que despertarla con una vaso de agua en la cara, ya que no reaccionaba. Se bajó “como pudo”, con los pobres niños corriendo tras ella. Nada que decir.

Hay muchas veces que he querido responder a estas madres sacrificadas, con frases a su altura, pero me era imposible. Si ustedes se preguntan qué les hubiera dicho -obviamente y de forma muy educada y digna, mandarla a la punta del cerro- hubiese sido algo así: “Señora lo siento mucho, justo el día que impartían el curso de cómo ser una buena parvularia arriba del avión, falté ya que estaba enferma, así que no estoy capacitada para eso”. Las hubiese mirado de arriba abajo con cara de pena, media vuelta y desaparecería del lugar de los hechos, antes que la señora me saque en cara todos los conocidos que tiene.

De verdad que creen que una es auxiliar multifunción: parvularia, enfermera, sicóloga, nana, cocinera, todo menos para lo que fuimos entrenadas, para sacarlos del avión en menos de 90 segundos en caso de un accidente.

Además, madres que viajen con niños les doy un consejo: en el avión no tenemos colados, pañales, juegos didácticos, McDonald's, ropa de recambio, libros infantiles, películas, leche, ni cascabeles. Es un avión, no una sala cuna, ni supermercado .Ojalá les sirva para el próximo viaje que realicen.

Nosotras somos auxiliares de vuelo, téngase presente.

Experiencia tragicómica

Como lo dice el título son experiencias, las cuales te confunden, no sabes si ponerte a llorar o reír junto con los pasajeros, lo mejor en estos casos es escuchar, sólo escuchar.

Les cuento una historia, pero para eso tienen que visualizar el escenario: verano mediodía, calor húmedo terrible, vuelo lleno, Arica- Iquique-Antofagasta – Santiago… más o menos se imaginan, bueno sigo.

Hacía un calor horrible y no recuerdo bien porque no podíamos cerrar la puerta, lo más probable que la cuenta a bordo no coincidía, pero en uno de los tanto paseos por la cabina veo a dos pasajeras llorando, pero con escándalo y lo peor de todo es que estaban en distintos asientos, una sentada casi en la salida de emergencia y la otra señora iba sentada en la penúltima fila, las dos lloraban y decían sus nombres y volvían a llorar.

Me acerqué a una de ellas para ver que es lo que pasaba y a que se debía tanta algarabía, tratando de calmarla además, ya que los pasajeros estaban poniéndose nerviosos. Me dijo que se llamaba María que era de Santiago y que su hermano había muerto hace poco, que lo llevaban a Santiago para el funeral y que lamentablemente había quedado separada con su hermana, la de la última fila que se llamaba Juana.

La explicación, por supuesto, fue entre lágrimas, hipos varios y sollozos, súmenle a todo esto la hermana que gritaba y lloraba desde atrás. Era todo un show, yo estaba de lo más complicada, porque miraba a las hermanas que sufrían mucho, pero no podía evitar reírme y a los pasajeros les pasaba lo mismo, recuerden que el vuelo iba lleno, o sea cero posibilidad de sentar a las hermanas juntas.

Entre tanto llanto, hipo, gritos entre las hermanas y ataques de risa contenidos por los pasajeros y por mí, un alma amable se apiadó de las hermanas y ofreció cambiar su puesto por la que iba atrás.

Llegó Juana a sentarse al lado de María y se pusieron a llorar, se abrazaron, sacaron sus pañuelos, y se abrazaron nuevamente, se sonaban ruidosamente y seguían lamentando la muerte de su hermano Luis, que viajaba en la bodega.

Ante tanto desorden y carcajadas de los pasajeros, no sabía que hacer, no podíamos ir todo el vuelo así. Solución: “La Amenaza”, nunca falla, las miré y les dije sabía que estaban pasando por una pena terrible, pero que tenían a los pasajeros muy nerviosos, ellas los miraban y por suerte todos pusieron cara de circunstancia, las miré y les dije que la única condición para que siguieran sentadas juntas es que no más llantos fuetes, ni sollozos, ni nombrar al hermano, ni nada.

Tenían que quedarse tranquilas, les fui a buscar un whisky a cada una, se los entregué e hicimos un pacto que consistía en: Si escuchaba un grito más, las cambiaba de asiento, pero esta vez más lejos una en la primera fila y la otra en la última, obviamente no enojada.

Las atendí como si fueran las únicas que viajaban en el avión, se lo comieron todo, se lo tomaron todo y se quedaron dormidas. Antes de llegar a Santiago, fue la jefa de cabina a hablar con ellas para darles el pésame y para saber cómo estaban, yo por si las moscas fui detrás de ella para que no empezaran con el show, cuando vi que comenzaban a hacer pucheros, las miré con cara de ¡¡¡NOOOO!!! Y se les pasó en seguida, se rieron y todo pasó.

Cuando se bajaron estaban de lo más agradecidas y contentas, por tanto whisky que tomaron, pero se les había pasado un poco la pena, así que misión cumplida en este vuelo en particular, otros no fueron tan fáciles de manejar, pero de eso les cuento otro día…

En todo caso yo creo que todos los que viajamos ese día con las hermanas María y Juana, no vamos a olvidar nunca de la experiencia vivida… tragicómica al fin y al cabo.

A riesgo de demanda o de una mala cara

II Parte.

1.-La vida de los pilotos y tripulantes es un eterno carrete durante los vuelos: Hay un poco de verdad en esta afirmación. Para ser justos hay decir que se trabaja y mucho, como les he comentado anteriormente, llegamos reventadas a la casa o al hotel, según corresponda. Cuando llegamos a la casa podemos hacer lo que queramos obviamente y cuando llegamos a los hoteles también Jajajajaj.

Les explico, cuando nos registramos en un hotel nos dan un “welcome drink” o “brebaje de bienvenida”, por lo que, dependiendo del nivel de cansancio y a la hora que tengamos que volar al día siguiente, se juntaba ala tripulación al famoso y siempre bien ponderado “after landing” (en terminología aérea), que sencillamente es compartir un traguito más un picadillo con la tripulación o tripulaciones que se encuentran alojadas en el hotel, para poder relajarnos y sacar todo el estrés del vuelo (acumulado de un día, semana o mes) . Hay que decir que hace un año atrás podíamos elegir el “refresco” que nos regalaban, pero pisco sour, cerveza, vino, mango sour, eran los más pedidos, todo era muy entretenido y simpático…pero como nada es para siempre y no falta al que se le pasa la mano… Luego de muchas “metidas de pata” de tripulaciones como: fiestas en la piscina, techos decorados con vino tinto, alfombras inundadas con cervezas, además sumen a esto, personal de los hoteles terriblemente sapos y pasajeros que se hospedaban en el mismo lugar que nosotras…. Pum llegó la “LEY SECA” para todos…buuuu, pero para todo problema hay una solución, siempre nos arreglábamos para juntarnos, conversar, total no hacíamos nada malo, sólo compartir con nuestros compañeras (os), sanamente. Eso si que había una regla que la mayoría seguíamos, “Si te levantas temprano, no hay copete, si vuelas tarde, sí lo hay, pero con juicio”… lógicamente siempre va haber alguien que rompa la regla, pero son los menos y están totalmente identificados o ¿no?...

2.- Emergencias: Es la primera pregunta que te hacen cuando saben que eres auxiliar o piloto, “¿has tenido una emergencia?” es como sinónimo personal de vuelo. Saben gracias a Dios y a todos los santos no he tenido ninguna emergencia de las graves, si cosas típicas como turbulencias fuertes y más que nada aviso de luces que se prenden en la cabina. En todo caso va a depender mucho de los pilotos, mantenimiento y mecánicos que no ocurran este tipo de percances. Afortunadamente en Chile todo lo que es mantención de aviones y torre de control es de primerísima calidad. No así la pista de aterrizaje, pero esto es otro cuento.
La gente que tiene más experiencias sobre emergencias son los pilotos sub 60’s, ellos como llevan mucho tiempo volando han pasado por casi todo. A mi me gustaba hablar con ellos porque contaban historias realmente increíbles. Como por ejemplo una vez contaban que en una gran turbulencia, entró la jefa de cabina gritando como las locas al cockpit y empezó a arañar al piloto, él hizo que lo tenía que hacer, le pegó un combo tan fuerte que la voto y la dejó inconciente. Cuando pasó todo se paro de su asiento y sale del cockpit y los pasajeros quedaron helados, estaba con la camisa llena de sangre, producto de los arañazos que le hicieron.
Lo bueno que en general, no pasan cosas muy graves y eso es para tranquilidad de todos, los que vuelan y no.
Hay muchas historias de los pilotos cuando volaban en la fuerza aérea que son terribles, en este lugar las emergencias andaban a la orden del día, una cosa natural por la forma de volar que tenías, el tipo de aviones, las maniobras que tenían que hacer, pero eso es cuento para otro día.
En resumen hay emergencias, pero gracias a Dios, son pequeñas y se pueden controlar a tiempo. El único accidente grave que conozco fue hace más de 20 años atrás, un avión Lan aterrizando en la ciudad de Calama se incendió, murió una persona, pero prefiero investigar bien y les cuento como fue.
Un adelanto para otro día… “el club de los 30 mil pies”… ¿saben lo que es?, sino pregunten e investiguen, google siempre es una buena opción jajajajajja …..

A riesgo de demanda o de una mala cara…

Parte I.

Vamos a desclasificar muchos mitos o leyendas urbanas que se tienen en cuanto a la aviación, pilotos auxiliares y su mundo en general.
Como he dicho en otras oportunidades, el mundo de la aviación encierra un sin fin de fantasías, que muchas personas creen y preguntan, pero la cosa no es tan así como ustedes piensan. Voy a tocar los puntos que son los más preguntados por gente que no es del medio.

1.- El mundo de la aviación es glamoroso: Quizás hace muchos años atrás así era, pero en estos momentos, para nada. Los vuelos son macabros. Tenemos que soportar que nos insulten, humillen, olores varios, toqueteos furtivos, pasajeros insufribles, al igual que compañeras y pilotos (hay que ser justos).
Hay cosas si que son entretenidas como los vuelos al extranjero, donde puedes visitar, comprar, matutear, conocer. Hay destinos que son envidiables, por ejemplo Francia, España, New York. Además tiene la posibilidad de conocer otros mucho más exóticos (pasajes más baratos y los liberados), por ejemplo Turquía, Marruecos, Egipto, China. Esto sí que es glamoroso y entretenido.

2.- Las auxiliares son todas estupendas: No, para ser justas hay mujeres muy lindas volando, pero los estándares a la hora de elegir una tripulante han bajado considerablemente. Lo que más llama la atención son las auxiliares bajas que apenas pueden cerrar un rack (donde va el equipaje) y otras un poco pasadas de peso (bastante). Pero hay que decir que en pocos lugares piden niñas altas, flacas, que hablen muchos idiomas, es cosa de ver las tripulantes de otros países, son la mayoría adultas y contextura grande (sobre todo las americanas). A ellas las tienen por un cuento de experiencia y para una emergencia son capaces de sacar a todos los pasajeros de un avión en menos de 60 segundos. En el extranjero una puede hacer una carrera y jubilar en este trabajo, cosa que en Chile pocas veces pasa, yo pienso que la edad tope es de 40 años y después de ser Jefa de cabida de primerísima clase, no queda muchos más, a parte del trabajo de oficina. Acá empiezan muy jóvenes a volar, sin haber estudiado una carrera para respaldarlas y la mayoría se sale al tiempo después para estudiar algo o por que formó una familia o simplemente porque se aburrió de bandejear.

3.- Los pilotos son todos regios: Jajaja, sorry que me ría. Hay grupos para clasificar a estos personajes
a) Los sub60’s supera los 60 años, arrugados, carreteados y con un genio de los mil demonios, con complejo de mino rico y del mandamás del avión y de todo lo que los rodea (entiéndase pasajeros y auxiliares). En todo caso ya van quedando pocos, se están extinguiendo.
b) Los que se creen solteros y deseables. Y no lo son jajajaja, la mayoría de los pilotos entra en esta categoría. Sin comentarios, nada más que explicar.
c) Los Solteros: Son los más deseables, ya que son excelentes partidos. En todo caso son muy pocos y la mayoría están ocupados.
d) Los “mente de alcantarilla”: Piensan y hablan todo en doble sentido, son unos desagradables, pero de a poco se van quedando solos.
e) Los separados y buenos para el carrete: Este grupo es el que reina en las aerolíneas, lo pasan regio y no se hacen problema por nada, cero compromisos y salen con cuanta mujer se les cruce por el camino.

4.- Romances entre auxiliares y Pilotos: Sí, obviamente que los hay, como en todas partes, oficinas, hospitales etc. En todo caso son menos de los que todo el mundo se imagina, pero las condiciones ayudan, casi obligan a que esto pase por un tema de horarios, pernoctadas, temas de conversación. Piensen que este trabajo es distinto a los normales, cuando ustedes trabajan, nosotros carreteamos y viceversa, es muy complicado juntarse con amigos y tener pareja. No tenemos feriados, ni cumpleaños, ni celebraciones especiales. Es muy difícil programarse para acompañar a alguien a una fiesta, matrimonio, fin de semana etcétera. Hay muchos que no entienden que una llega muy cansada de los vuelos con ganas de acostarse a dormir hasta el otro día, a mi muchas veces me dijeron “porqué estas tan cansada si arriba del avión no haces nada”, no saben los combos que se comieron esos pobres cristianos. Mientras que tus compañeros de trabajo sí saben lo que es volar 12 horas, llegar reventada a la casa con ganas de nada, es por esto que se forman parejas, porque nos entienden. Pero como en todo trabajo es terrible trabajar con tu pareja, sobre todo si el personaje en cuestión está rodeado de 120 mujeres, da lo mismo si son regias o no, son mujeres y punto.