A mí personalmente me encantan los niños, pero los bien educados, los amorosos, no los caprichosos y malcriados.
Y lo peor es que la culpa no la tienen ellos sino sus padres, que son los que hacen la diferencia entre un niño adorable y uno odioso.
Cuantas veces me llevé niños y guagüitas demasiado lindas en el avión, conversaba con los padres de ellos y jugaba con sus hijos, me aprendía sus nombres y los pasaba a ver cada vez que podía, pero que quede claro, sin que me lo impusieran.
Recuerdo una vez que se embarcó una mamá de lo más cuica con seis niñitos, todos rubios y su nana venía al final de la fila. La madre abnegada se sentaba, lejos de sus hijos, que estaban como locos de revolucionados por el vuelo, parecían “pollitos”. Los seis a coro: "Tía, tía, tía", me tenían loca.
A la hora de comer, le pregunté a la mamá qué iban a comer sus "angelitos" y recibí una de las respuestas más tontas que he escuchado en toda mi carrera de auxiliar de vuelo: "Linda, no sé que comen los niños. Pregúntale a la nana, ella sabe", con cara inexpresiva, giró la cara y se entregó totalmente a la lectura constructiva de la revista “Caras”, viendo si es que salía en las páginas sociales, que terrible.
La pobre nana, sentada entre los niños, pidió las comidas de todos, les dio de comer y los dejó durmiendo. Lo que me llamó la atención es el cariño con el que cuidaba a los niños y las miradas de ternura de los niños hacia ella.
Fuerte el tema, pero pasaba mucho en los vuelos, sobre todo al sur, Temuco-Osorno-Puerto Montt.
Otro caso digno de contar es de una mamá que se subió con tres niños hermosos. Los sentó en una corrida de asientos. "La madre del año" se sentó en la corrida de atrás, se tomó un valium. Acto seguido me pidió almohada y frazada y me dice, con la mejor carita de raja: "Linda cuídame a los niños, ya que estoy tan cansada, voy a dormir un rato, tú los entretienes amorosa ¿ya?"
Yo puse cara de incredulidad y con ganas de decirle: "¿Me está agarrando pa'l leseo?", pero no lo estaba haciendo. Se quedó dormida. Tuvimos que despertarla con una vaso de agua en la cara, ya que no reaccionaba. Se bajó “como pudo”, con los pobres niños corriendo tras ella. Nada que decir.
Hay muchas veces que he querido responder a estas madres sacrificadas, con frases a su altura, pero me era imposible. Si ustedes se preguntan qué les hubiera dicho -obviamente y de forma muy educada y digna, mandarla a la punta del cerro- hubiese sido algo así: “Señora lo siento mucho, justo el día que impartían el curso de cómo ser una buena parvularia arriba del avión, falté ya que estaba enferma, así que no estoy capacitada para eso”. Las hubiese mirado de arriba abajo con cara de pena, media vuelta y desaparecería del lugar de los hechos, antes que la señora me saque en cara todos los conocidos que tiene.
De verdad que creen que una es auxiliar multifunción: parvularia, enfermera, sicóloga, nana, cocinera, todo menos para lo que fuimos entrenadas, para sacarlos del avión en menos de 90 segundos en caso de un accidente.
Además, madres que viajen con niños les doy un consejo: en el avión no tenemos colados, pañales, juegos didácticos, McDonald's, ropa de recambio, libros infantiles, películas, leche, ni cascabeles. Es un avión, no una sala cuna, ni supermercado .Ojalá les sirva para el próximo viaje que realicen.
Nosotras somos auxiliares de vuelo, téngase presente.
jueves, 17 de junio de 2010
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