jueves, 17 de junio de 2010

¿Baño con olor a rosas?

Hay veces que pienso que en el momento de subirse al avión el cerebro se les comprime a los pasajeros, a lo más estilo Homero Simpson.

Una vez que se apaga la señal de cinturones, nos podemos levantar para poder trabajar. Es aquí donde empiezan los problemas y, sinceramente, empiezo a contar hasta mil.

Cuando estamos más ocupadas, haciendo malabarismos con los platos calientes, las bebidas, té y café, llega el primer valiente con cara de LOST preguntando: "señorita ¿dónde queda el baño?", una los mira con cara de incredulidad, porque lo tienen al frente suyo. En fin, se lo indicas, y empieza la diversión para nosotras.

Mirarlo como trata de abrir la puerta del baño, los pasajeros piensan que por ir en un avión la apertura va a ser cibernética. Empiezan a pelear con el cenicero que se encuentra en la puerta. Cuando lo rompen, te miran rojos de vergüenza y viene el comentario insólito "Ja, ja, ja, parece que se rompió".

Yo lucho para no reírme en su cara y después escuchas "Oiga señorita... ¿cómo se abre la puerta?", es en ese momento cuando tienes que poner tu mejor cara de seriedad y responder "Señor, igual que en su casa, girando la manilla". Te miran con un talante de interrogación y para no hacerlo sufrir más entre la plancha y las ganas de ir al baño, una piadosamente les abre la puerta. La mirada es de gratitud increíble junto con alivio, y se apresuran a entrar, obviamente, pegándose tremendo portazo en la frente, porque no abren la puerta completamente.

Y si encuentran que esto es lo peor, no queridos, lo peor es cuando van al baño con diario, libro o revista bajo el brazo y se demoran más de media hora. Al momento de salir lo hacen como si nada. Total ellos huelen a rosas.

Un tema importante, que a mi parecer tienen que saber y estar concientes, es que la estación de auxiliares se encuentra muy cerca del baño. Son espacios muy reducidos y nuestros asientos colindan con los baños. Cuando salen del tocador y pegan un portazo, nos llega una cachetada de "olor a rosas", luego la estela y los pasajeros caminan tranquilamente a sus asientos dejándonos totalmente intoxicadas.

Nos paramos con la mejor cara de dignidad, vaciamos un tarro completo de aerosol, cuidando que no suene el detector de humo o utilizamos los típicos remedios caseros, como dejar una taza de café ultra cargado cerca de la boquilla de aire, para neutralizar los olores. Y si la cosa es muy terrible, el baño se clausura por respeto a nosotras y a los demás pasajeros.

Además, les cuento que cuando van al baño de adelante, que queda al lado del cockpit, y lo dejan insoportable los pilotos se intoxican. Todos los olores llegan adelante y los pobres pilotos están casi conectados a las mascarillas de oxigeno....ja, ja, ja.

Así que por favor piénselo tres veces antes de entrar a un baño de avión con un diario bajo el brazo, por respeto al entorno, porque definitivamente nadie huele a rosas.

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