Yo tengo muy buenas experiencias con los abuelitos en los aviones, son personas realmente maravillosas. Ellos están llenos de experiencias y cosas para contar, es cosa de darse el tiempo de escucharlos y te relataran historias que jamás imaginaste.
En otros países le dan mucha importancia los “mayores”, pero lamentablemente y de verdad lo digo, aquí, en nuestra sociedad, no les dan gran valor a los que ellos tiene que decirnos.
Yo, la mayoría de las veces, los escuchaba y me regocijaba con sus historias. Recuerdo tres historias en particular:
La primera historia es de una abuelita, linda ella, iba solita sentada en la primera fila, asiento 1-A, me acuerdo perfecto, viajaba hacia Punta Arenas, no molestaba para nada, pero iba muy triste, me acerqué a conversar con ella para saber qué le pasaba, no sé, preguntas de rutina, ¿cómo está?, ¿para dónde va? Y me salió con algo que me dejó callada (cosa rara en mí).
Me dijo que era su cumpleaños, que lo iba a celebrar con su familia a Punta Arenas y que cumplía 100 años. Yo quedé impresionada con lo que me había dicho y más aún con la carita de pena que tenía. Fui a hablar con los pilotos para pedirles permiso para saludarla. Ellos estaban emocionados y felices, y me dieron todos los permisos del mundo.
Tomé el P.A. (alías micrófono), preparé a la tripulación y empecé con mi discurso, pidiendo la atención de los pasajeros, todos muy atentos a los que iba a decir, les conté la historia de la “abuelita Camila” que nos acompañaba ese día en el vuelo, un momento muy especial para ella, ya que estaba de cumpleaños y además celebraba 100 años de vida. Les pedí que le cantáramos “cumpleaños feliz”, todos al unísono los hicieron y a todo pulmón, la abuelita Camila se paró y sonreía, luego de un fuerte aplauso fueron uno por uno a saludarla, hasta los pilotos salieron de la cabina a abrazarla y desearle lo mejor de la vida. Ella estaba muy emocionada, lloraba de alegría.
Les prometo que fue uno de los momentos más lindos que viví arriba del avión, me acerqué a ella la abracé muy fuerte y sentí que ella temblaba, le pregunté si estaba bien y me dijo que era el mejor cumpleaños que había pasado en su vida, con sus ojitos llenos de lágrimas. No saben lo que sentí, el corazón se me encogió, al verla tan linda, tan frágil y a la vez tan fuete.
Cuando llegamos a Punta Arenas, ella se bajó de las últimas y todos los pasajeros, uno por uno, la iban abrazaron y dando los mejores deseos. Nada más que decir. Qué linda experiencia para ella y para todos los que viajamos ese día.
La segunda historia es un poco diferente, es de una abuelita que iba viajando a Arica. Ella iba tan triste que me acerqué a conversar para ver de qué se trataba. La abuelita Carmen iba a vivir con su hijo y su nuera a Arica, había dejado su casa de toda la vida, sus recuerdo y cosas en Santiago y se enfrentaba a una nueva vida, totalmente distinta a la que estaba acostumbrada, independencia, vivir en "la capital de Chile", dejar todas sus cosas.
La pobre iba tan atribulada, no sabía a lo que se enfrentaba, además que no le gustaba el norte. Hablé mucho con ella. Y como nos quedábamos constantemente en Arica, le dejé mi celular, para que cuando fuera, nos juntáramos a conversar. Me llamó muchas veces, nos juntamos y me contaba de su nueva vida, que al comienzo fue difícil, pero de a poco se fue acostumbrando.
Ella hacia clases de piano, habló con la gente de la municipalidad y empezó a hacer clases a los niños. Una vez recibí una llamada de su hijo, dándome las gracias por lo que había hecho por su mamá y por su familia. Y de verdad son esos momentos en los que valoras el trabajo que estás haciendo, con mucho cariño.
La última historia es de una par de abuelitos, casados por años de años, ella un poquito sorda y él, enamorado “hasta las patas de su viejita linda”. Que pareja más bella. Iban viajando a Punta Arenas y se notaba que eran unas personas muy humildes, pero amorosas “a morir”.
Después del despegue, fui a revisar la cabina y veo a los abuelitos muy abrazados, dándose besitos. Me acerco a ellos por si algo andaba mal….o muy bien...ajajá. Le ofrecí algo para tomar, imaginándome yo ingenuamente que querrían un té o un jugo. Pero no querían algo “más fuerte”. Yo les dije "les traigo café", pues no , me dijeron algo más “Juertecito”, los quedé mirando con cara de interrogación y fue él quien habló, me dijo “lo que pasa que con la vieja, nos tomamos de desayuno siempre un jotecito”.
A mi me dio ataque de risa porque la “vieja” era más sorda que una “tapia” y cada vez que le decía “Cierto vieja”, la señora lo miraba con cara de interrogación, hasta que al tercer grito entendía. Todos los pasajeros se enteraron que tomaban algo “Juertecito” y “que el viejo estaba enamorado de la vieja” (modo cariñoso, que no se lea de otra manera).
Él la abrazaba cada vez que despegábamos o aterrizábamos, le daba comida en la boca, la acompañaba a la baño, con una cara de amor, que todas suspirábamos en el galley. Yo decía que gran amor, después de 50 años de casados la siguiera viendo y tratando como el primer día que se conocieron. Qué lindo es el amor, que por lo que ví en ese vuelo, existe, aún existe. Que linda pareja, no los voy a olvidar jamás.
Hay más historias, pero otro día se las contaré…
jueves, 17 de junio de 2010
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1 comentario:
RobertoIglesias Jun 25, 1:09pm Son excelentes, logras que uno "Este ahí" le felicito!
RobertoIglesias Jun 25, 1:07pm En reirme de tus experiencias en vuelo!! Notable #eso
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