miércoles, 28 de julio de 2010

La Isla de los Torsos Desnudos


Es algo que no puedo describir con palabras, hay que verlo….

Como les conté anteriormente, la Isla tiene pocas playas, Anakena, Ovahe, y Playa PEA, más lo “pozos”, pero eso es para las personas que conocen al ciento por ciento la Isla.

Yo llegaba en las mañanas a playa PEA a tirarme un piquero, eso sí, sin tocar el suelo, recuerden que está lleno de piedras volcánicas.

Después del súper “chapuzón”, me ponía a ver le paisaje y me di cuenta que al frente de la playa había un lugar que era de los que practican Surf.

Después de varios días conviviendo con la gente Rapa Nui, me empecé a dar cuenta que a ellos les encantan los deportes, sobretodo acuáticos, esto quiere decir Surf.

Les puedo decir que muchas veces, por no decir siempre, me quede con la boca abierta mirando a los “modelos” pascuenses, tabla de surf bajo en brazo caminando a la playa...
Que quieren que les diga, todos bronceados, calugas por todas partes, músculos, cero grasa, pelo largo, y con una mirada intensa…

Yo me preguntaba ¿será siempre así?, la respuesta llegaba muy rápido, Sí, siempre es así, estaban los bailarines del Kari Kari y de otros grupos de baile, más los lugareños.
Por el calor y la humedad que hay en la Isla, todos los hombres andaban sólo con unas bermudas y nada más.
De verdad los ojos me quedaron “más que turnios”… No sabía para dónde o qué cosa mirar. En realidad la Isla es el paraíso de los “torsos desnudos”, yo no sabía cuál era mejor que el otro. Además estaban llenos de tatuajes por todas partes, en el pecho, en las piernas, los brazos.

No es que sea fresca o mirona, pero no podía dejar la oportunidad de ver cuerpos maravillosos que pasaban a mi lado, con cámara en mano, sin pudor les pedía que posaran para mi, ellos felices y yo más

Ellos no tiene pudor, ya que es su naturaleza, a los cuatro años andan desnudos por la Isla, bronceados por ese sol increíble.

Les tengo que aclarar que el Surf es el deporte preferido de todos, la mayoría lo practica, ya sea con tablas o con “puertas”…jajá jajá Sí, con puertas.

Mi amigo Enrique me contaba que tenían que hacer muchas cosas e la casa, como por ejemplo cortar el pasto, desmalezar, para poder ir a la playa. Y como los tiempos eran muy distintos a los que viven ahora, no había tablas, por lo que usaba lo que tenían a mano.

Después de hacer todas las labores domesticas que les encargaban sus padres, tenían permiso para salir, pero como los pascuenses son desordenados, tomaban lo que tenían a mano.
Los podías ver en la playa con “puertas” tipo tablas de surf y lo pasaban increíble, después, claramente les llega un castigo descomunal, pero lo “vivido”... Era la recompensa para ellos.

En La Tapati, la fiesta de la Isla, que se realiza las dos primeras semanas de febrero, puedes ver a todos los hombres con un pequeño taparrabo y nada más.
Lo mejor de todo que hacían peleas entre grupos de guerreros… Cómo describirlos, entre cantos, bailes y leguaje del cuerpo, era una delicia para los ojos.
Escucharlos cantar en su idioma, verlos enfrentarse, con armas, tambores, gritos…Los gringos y todos quedamos locos. Desde un niño de cuatro años hasta una persona de sesenta años, daba lo mismo, ellos creen en su cultura, la guardan y conservan de una forma realmente impresionante.

El día de la “farándula” que es cuando todos, pero todos, extranjeros y pascuenses nos pintamos con tierras de colores, apoyando alas candidatas a reinas, pasan por el conteo, puedes ver hombres pintados completamente, con plumas, tocados, “colas de peces”, es algo realmente impresionante.
Vez a una persona mayor soplando un caracol y te trasportas años atrás, instantáneamente. Dicen un discurso en su lengua y quedas “con la boca abierta”. Realmente hay que vivirlo para que comprendan la magnitud de lo que estoy tratando de explicarles, es algo mágico.

Yo de verdad no sé si ellos concientes de lo que provocan en las personas que los observan, me imagino que sí, pero están acostumbrados, pero yo no…
De verdad quedaba con “la boca abierta” mirando a estos hombres bronceados, con un cuerpo musculoso, llenos de calugas hasta debajo de los brazos, con tatuajes, collares, pelo largo, collares de conchas, unos ojos demasiado expresivos, un leguaje de cuerpo que te dejaba “en coma”…aja jajá.
Con razón tantas mujeres se quedan en la Isla viviendo con ellos, de verdad son demasiado “machos”, masculinos a morir, la testosterona les brota por cada poro de su cuerpo y ellos lo saben y se aprovechan de eso. El problema es que “una “ es la torpe que cae “cual abeja a la miel”…

No sé si recuerdan la novela “Iorana”, muchas de las actrices se quedaron viviendo con pascuenses que conocieron en la Isla, lamentablemente todas volvieron con “la cola entre las piernas”.
Los Hombres Rapa Nui son machistas a morir, no se puede pelar muco con ellos, por que te “aleccionan” rápidamente. Como dijo una persona muy sabia “Los hombres de esta Isla no te prometen la luna, no te la bajan y después de sacan la chu…”. Es así, si aceptas el tema, bien por ti, pero de que son machistas, lo son, pero encantadores.

Tengo más de 50 fotos de “torsos desnudos”, y realmente se pasan…

Para saber de o que estoy hablando hay que viajar a la Isla y sentarse una rato en playa PEA y me van a dar toda la razón… Las desafió a hacer este experimento y luego lo comentamos…Con fotos en mano chicas…. Verlos pasar con bermudas, bronceados, calugas por todos lados, pelos largo, ojos intensos, a pie pelado con su tabla….

Las desafío!!!!

sábado, 10 de julio de 2010

Mi primer día en la Isla de Pascua


Como había quedado en la nota anterior.... Iorana Korua….

Por fin aterrizamos en el aeropuerto de Mataveri, ansiosas bajamos por la puerta trasera del avión y nos pegó la primera cachetada de humedad, calor y un olor muy especial que tiene la Isla, además de un verde, verde que te quiero verde, maravilloso.

Saqué mi cámara y empecé a documentar todo; cuando veo a mi amiga Cony que ríe y corre a los brazos de alguien, tostado, lleno de collares de flores y con una sonrisa increíble, era el paraíso. Él es Enrique Paoa, personaje de tomo y lomo, carismático, bella persona y el hombre más alegre que he conocido en mi vida

Abrazos iban y abrazos venían, junto con sus hermosos presentes, un collar de una flor muy especial Tipanie, de formas bellas, aromáticas y una tradición. Tienen la costumbre de ir a recibirte con flores y te despiden con collares de conchas y plumas. Para nosotras fue más especial, ya que fueron elaborados por Enrique y su familia. Es un recuerdo que llevo grabado en mi corazón y cuerpo. Les explicaré más adelante la causa de esto.

Logramos, no sé cómo encontrar todo nuestro equipaje, lo cargamos en dos camionetas, nos distribuimos en distintos y partimos a nuestra aventura.

Nos quedamos en las cabañas que tiene Enrique en su terreno, entre manavais (un agujero en la tierra, rodeado de piedras volcánicas, lo utilizan para poder cultivar y proteger sus plantaciones del viento), vacas, caballos, y un paisaje maravillaos. Rápidamente tiramos todas las cosas, nos refrescamos y partimos a nuestro primer día de Tapati o fiesta. Era el día de la recolección de pescados, os que asaban y repartían en hojas de plátano. Yo me pellizcaba cada 5 minutos, no podía creer dónde estaba, la música, la gente, la comida, era un sueño.

A los 10 minutos, me sentía como en casa, llegó la comadre de mi amiga, Moni y lo primero que nos dijo fue que tuviéramos cuidado con los “yorgos” , son los pascuenses extremos que viven en cavernas, andan a caballo, visten ropa de camuflaje, pelos largo, buenos para los pitos, buenos para las mujeres y locos como una cabra.
El lugar estaba lleno de gente de distintas nacionalidades, todos disfrutando. Les doy un consejo que me agradecerán, aunque esté nublado usen protector solar, nos quemamos, achurrascamos, quedamos rojas como jaibas, en pocos minutos.

Luego nos fuimos a comer unas ricas empanadas de atún con queso y cebolla donde la “Tía Berta”, lo mejor de la vida, junto a unos ricos jugos y una excelente conversación.

Luego de tantas sorpresas nos fuimos a la cabaña a ordenar, desempacar y cambio de ropa para salir a recorrer.

Nos llevaron a playa tortuga o playa Pea, acá les va otro consejo, usen chalas, zapatos especiales, lo que sea; no hagan lo que yo. Fue tanta la emoción, que llegué corriendo al mar, feliz de la vida y cuando me gritaron ¡cuidado!, ya que el fondo era de piedras volcánicas, era muy tarde. Tenía los dedos rotos y un dolor horrible, por el agua salada que entraba sin piedad a mis heridas, pero no me importó, era tal la adrenalina, que seguí disfrutando de todo, piqueros iban y venían, fotos varias, hablando por celular con mi mamá y papá contándoles la maravilla que estaba viviendo.

Bueno, como dicen “a costalazos se aprende”, mis lindos deditos quedaron llenos de heridas, pero lo que me recordará para siempre, que tengo que tocar el fondo, antes de tirarme como loca.

Más tarde vimos el atardecer y en la casa de Enrique, quien nos estaba esperando con un rico asado increíble, por Dios que saben cocinar, más “refrescos varios”, compañía y conversación inmejorables. Ya pasadas unas horas, unos cuantos copetes, comenzaron las historias, que agrado, escuchar cómo hicieron los moais, la presencia fálica en sus esculturas y el embrujo de la luna llena.

Ya muy tarde el grupo se separó, algunos se fueron a la Anakena a bañar bajo la luna, otros nos quedamos discutiendo las formas en que la Isla se había poblado y las distintas teorías que había.

Les tengo que decir que literalmente se me “apagó la tele”, no sé cómo llegué a mi cabaña, pero era lógico, muchas emociones, mucho copete y poca comida.

Yo tengo la teoría que el aire de la Isla afecta demasiado, pero estaba todo permitido y disculpado, total eran mis vacaciones y tenía que disfrutar a concho. Eso sí, el despertar fue traumático, por la ventana de mi pieza estaba una vaca mugiendo y tratando de comerse una frasco de crema, con su lengua, larga, larga.

Y comienza nuestro recorrido primer recorrido a Rano Raraku, un volcán, donde sacaban las piedras para poder construir los moais, el poder de los Varuas y un asado en un pozo maravilloso, más la consecuencias de la caña

Esperen por esta historia, es buenísima.

Maururu

domingo, 4 de julio de 2010

Mi Viaje a Isla de Pascua


Isla de Pascua, un lugar de ensueño, lleno de misterios, historia, sufrimiento, alegrías, paisajes idílicos, gente que ama su pueblo, su cultura, su tierra. Magia por todos lados.

Siempre he tenido la idea de viaja a Rapa Nui, desde niña comencé a leer sobre su historia, por los muchos libros que tenía mi papá. Él adoraba los viajes, soñaba con ser explorador y descubrir tierras lejanas, pero nunca lo pudo hacer. Eso sí, que a través de los libros y junto a su imaginación recorrió millones de lugares, estuvo junto a los leones de África, los elefantes de India, los osos de Alaska, los pingüinos de la Antártica, etc.

Siempre nos contaba historias y nos alentaba para que leyéramos mucho. Y eso se lo agradezco en el alma, un gran recuerdo es la lectura y yo amo leer.

Un día una amiga Cony me ofreció acompañarla a “la Isla”, sin pensar dije enseguida que sí, sin importar lo que costara, por fin mi sueño se realizaría.

Comencé a reunir literatura, fotos, mapas, lo que encontrara para conocer este maravilloso lugar, además Cony, vivió en la Isla por un año y siempre me contaba historias y anécdotas que hasta ahora me hace reír.

Pasaban las semanas y cada día estaba más cerca, junto con la impaciencia, los nervios y la incertidumbre de llegar a cumplir mi sueño. Además, les tengo que decir que eran mis primeras vacaciones después de 12 años de trabajo. Obvio, para las tripulantes los meses de enero y febrero es la temporada alta, por lo que no podemos salir en esa época.

Llegaríamos justo para “La Tapati”, fiesta que todos los años hacen en el mes de febrero, donde muestran al mundo sus tradiciones, juegos, vestuario, comidas, bailes al mundo entero.

Como no todas las cosas son perfectas, una semana antes del viaje, me avisan que mi papá enfermó gravemente, uno de sus pulmones se llenó de sangre, fue internado de urgencia, ese día viajé a concepción. Lo visité en el hospital, hicieron todo lo posible, hasta que el día domingo comenzó a dar señales de mejoría. No quería dejar a mi familia sola en este momento, ¿qué hacer?

Hablé con mi mamá y le dije que no viajaría, no podía ir sabiendo que mi papá estaba enfermo. Ella una mujer maravillosamente fuerte y sabia, tierna y cariñosa; me tomó de una oreja y me subió con maletas y todo, rumbo a Santiago. Me dijo que lo que menos desearía mi papá era que suspendiera el viaje, que no podía hacer nada más que disfrutar mis vacaciones y llegar llena de historias y recuerdos para contárselos a él.

Y así partió la aventura a esta Isla mágica…Con una lágrima en la garganta, el corazón apretado, 7 amigos, entre ellos 3 mujeres, dos hombres y una niñita, toneladas de maletas y cajas, cámara en mano y ravotril a la vena, comenzó mi aventura a la misteriosa Isla de Pascua, Rapa Nui o “El Ombligo del Mundo”.

Como en todos los viajes hay problemas, no podíamos estar exentas de estos.

Les cuento que llegamos a la Isla después de sortear muchas pruebas, como por ejemplo, saliendo del departamento, con el transfer esperándonos, se nos rompió una de las cajas donde estaban las botellas de Vodka, no teníamos con que reemplazarla, y la caja estaba totalmente estropeada. Rápidamente Pacita, pensó en la mejor solución; usar una maleta, todas subíamos y bajábamos trayendo maletas, toallas, bolsas y lo que pudiera servir para dejar bien embalado todo y que nada se rompiera. Resultado “tarea cumplida”.

Ya estábamos todas arriba del auto camino al aeropuerto, viaje que conozco de memoria, llegamos al counter. Nos miramos y nos dio ataque de risa, parecíamos gitanos, por la cantidad de cajas, cajitas y cajones, maletas, bolsos y bolsones, más cooler y coches y eso que nos íbamos por 15 días.

Después de peleas, registrarnos, compras varias, algunas fotos y correr por seguridad a la puerta de embarque, estábamos felices y cansadas, sentadas en el vuelo Lan 767 que nos llevaría a nuestro esperado sueño.

En el avión comimos, vimos películas, nos reímos, nos sacamos más fotos. Yo tenía que documentar todo para contarle a mi papá que siempre estuvo en mi pensamiento y corazón.

De verdad el viaje se me hizo eterno, pero cuando dieron el speach de descenso, todo cambió. Los nervios se “ultra multiplicaron”, tratando de mirar por las ventanas lo que pasaba afuera, un pedacito de isla, algo del paisaje. Cuando de repente lo vi, un pedazo de tierra verde, verde. No saben la emoción que sentí, tenía ganas de llorar, de gritar, de aplaudir todo a la vez. Pero siempre digna, me quedé en mi asiento, con los ojos abiertos como platos y la boca con un eterno “ohhh”.

De lo que pasó cuando bajamos del avión las reacciones, les diré otro día.

Como dirían los pascuenses, en su idioma… “Iorana Korua”