jueves, 13 de marzo de 2014
Y vuelvo a escribir . . .
Luego de unos cuantos años desaparecida, vuelvo a lo que me gusta, a escribir y escribir y a escribir.
sábado, 4 de septiembre de 2010
La tranquilidad se rompió el 27 de febrero 2010

Todo el día full trabajo, después de pasar por una intoxicación, lo único que quería era descansar y poder dormir bien.
Me fui a dar una vuelta al café de unos amigos, conversamos, se me empezaron a cerrar los ojos y me fui derechito a mi departamento, mi camita me esperaba.
Cuando llegué, no me pregunten porqué, pero saqué mi linterna de mis tiempos de vuelo la revisé y le dejé encima de mi velador.
Me percaté que mi “vecino lujurioso” no estaba, así que apegué el televisor y me entregué en los “brazos de Morfeo”, feliz.
No había ruido, todo tranquilo, hasta que sentí un remezón y mis “detectores de temblores” (campanitas) empezaron a sonar, todavía dormida dije “va a pasar”, me di media vuelta y puse la cabeza en la almohada, cuando un fuerte movimiento, más ruidos de alarmas de autos, cosas que se caían, y un sonido muy particular era muy parecido a más de 200 personas pateando el suelo al mismo tiempo, horrible, me hizo saltar de la cama y salir corriendo como las locas, buscando un lugar seguro.
Me parece que entre tantas vueltas, movimiento y choques con distintas cosas, el juicio se me fue al suelo y no encontré mejor idea que salir corriendo al balcón, cuando mío, ya bien despierta, los árboles se azotaban, mis plantas saltaban, los colgantes para le viento, tenían fiesta propia. Miro el cielo y era de todos colores, como fuegos artificiales, siento un movimiento más fuerte que me tiró al suelo, como pude me afirmé del ventanal de dos metros y de una cortina, mirando hacia la calle. Agitándome como coctelera, para un lado y otro y después para arriba y abajo y de nuevo la misma ronda. Yo escuchaba como se caían las cosas de mi departamento, espejos, cuadros, las campanitas, vasos. Pero a mi nadie me movía de mi lugar “seguro”. Estaba de rodillas mirado como mi parrilla empezó a “caminar sola”. Nerviosa, ya que no paraba y cada vez se hacía mas fuerte y con mas ruidos de destrucción y de movimientos subterráneos.
Me afirme más fuerte del ventanal y empecé a gritar “cual loca” al comienzo no me salía la voz, luego de unos segundos, eran gritos descontrolados, luego era gritarle a mi papá que estaba lista para irme con el, que me viniera a buscar “Pelao llévame contigo, estoy esperándote”, luego pasé a lo vulgar, cantidad de garabatos que en mi vida habían salido por mi boquita de fresa, hasta en ingles salían, en todos los idiomas conocidos y desconocidos.
Cuando terminó de terremotear, me di vuelta vi el desastre, cosas en el suelo, partí corriendo a mi pieza a buscar mi linterna, los puchos, mi tuto, el celular y corriendo, no sé cómo abrí la puerta y la cerré con llave. En la escala me encontré con los vecinos que venía bajando lentamente, pero muy asustados. Los ojos de todos eran desorbitados y mucho silencio.
Cuando llegamos abajo, me tropecé con las cerámicas que se habían caído desde la entrada, tratando de no caernos, seguimos avanzando en la oscuridad hasta alejarnos del edificio. Nos empezamos mirar y preguntar como estábamos todos, si faltaba alguien, algún herido.
Sólo una señora que entró en pánico y tuve que pegarle una cachetada para que reaccionara (el pánico colectivo es muy peligroso, hay que pararlo a tiempo).
Subí a buscar agua y una vecina estaba atrapada, se había descuadrado el marco de la puerta y no podía salir, bajé corriendo a buscar ayuda, ya que yo no pude hace mucho. Ya sentada y trate de comunicarme con alguien, mi familia, pero nada. Las líneas estaban colapsadas, encendí la radio de mi celular, cuando por fin sintonice una señal, me quedé helada y sin habla. Por lo que decían el epicentro había sido en la octava región, grado 10. Se me vino el mundo encima. Traté con más desesperación de hacer las llamadas, pero no pasaba nada.
Gracias a Dios y a mi Pelado Bello, la niña que se sentó a mi lado es siquiatra, así que nos quedamos conversando para que me calmara. Ella también estaba sola, así que nos acompañamos hasta el final. Me ofreció usar su teléfono fijo para llamara a mi familia, subimos al quinto piso y empezamos a marcar, pero nada, estaban las líneas muertas.
Nos quedamos un rato más conversando ella se fue a acostar ya que tenía que trabajar temprano. Yo me fui a la casa, muerta de susto. Siguió temblando con menos intensidad, y no aguanté, tomé algunas cosas y partí en “Bartolo” (mi auto) a la casa de amigos que vivían cerca.
Como ustedes pueden ver, no fue la noche de las decisiones acertadas. Fui al departamento de Benjamín, entré, cual comando, por la ventana del conserje y subí corriendo cinco pisos. Llegué muerta (tengo que dejar de fumar), toqué la puerta, pero nada, estuve 15 minutos y nada.
Me fui corriendo a buscar a alguien más. El Piti, me imaginé que estaría en la casa de la mamá y no recordaba dónde vivía. Pasé por fuera de la oficina, todos los vidrios en el suelo (“me pregunto si Bartolo tendrá las ruedas pinchadas”), nada.
Hasta que decidí volver a mi casa. Fumando cigarro tras cigarro, trataba de comunicarme hasta que de repente entró el llamado de Gonza, llorando le contesté, por fin una voz que conocía, estaba en Viña del Mar, bien, me preguntó por mi familia y ahí me largué a llorar desconsolada.
Lamentablemente empezó la paranoia, empecé a ponerme más nerviosa, tenía que salir del depto y partir a Concepción. Estaba guardando las cosas en un bolso cuando me llamó Marcela y partí como las locas en auto a su casa, nos quedamos hablando, tomando desayuno, hasta que por fin entró una llamada de mi hermana, dijo “estamos bien, estamos juntos, no te asustes porque el agua está subiendo” y se cortó. Aghh, traté mil veces de comunicarme de nuevo, pero no pasaba nada.
Partí de nuevo a mi departamento, en el camino vi como estaba en el suelo la cúpula de la Iglesia de Providencia, muchas escombros en el suelo, veo las bencineras llenas de autos, colas eternas, mucha gente caminando, asustados.
Cuando llegué a mi casa, veo le desastre, espejos en el suelo, el baño inundado, los libros en el suelo, el televisor afirmado de la pared a punto de caer, el dvd colgando del cable, el refrigerador tapaba la entrada a la cocina. Pensaba “¿qué hago, qué hago?”. Cuando entra otra llamada, mi amigo Leo, llorando le contesté el teléfono, ellos estaban bien, pero su mamá que vive en Concepción estaba desaparecida, más angustia, “me dijo vente a mi casa” y salí raudamente con mi mochila con provisiones, el computador linterna, mi tuto. Él vive en Huechuraba, cuando me acercaba a su casa, veo los edificios de la ciudad empresarial, literalmente reventados, más adelante veo patrulla de carabineros, más gente, terrible. Me encuentro con Leo afuera de su casa, yo me bajo tiritando, me dice “los niños no saben nada de mi mamá, tu actúa normal ok”, gran error, yo por las esquinas escondiéndome, cuando vino otra réplica y en dos segundos estaba pegada a un ventanal, sí de nuevo.
En el próximo capitulo les cuento que pasó con mi familia y cómo terminó todo.
martes, 31 de agosto de 2010
La aventura en los Motus

Nuevamente partimos tempranito en la cabaña, nos saben lo difícil que es tener a ocho personas listas sobre todo si la mayoría son mujeres y con una ducha disponible….
Después de tomar un rico desayuno con pan amasado recién saldo del horno, con mantequilla, frutas frescas piña, papayas, bananos…mmm..... Ricooooooooooo, como dicen por ahí “guatita llena…corazón contento!
Todos arriba de los autos y nos fuimos a la caleta, aprovechamos la clásica” sesión de fotos”, por aquí, por allá, para acá, levanta la mano, sonríe .jajajjaj y viendo el maravillosos paisaje que nos regalaba una vez más la Isla, un mar de colores impresionantes.
Al rato después llegó Moni-Moni con la comitiva que nos llevaría a este viaje-aventura, todos arriba del bote, tratando de “estibarlo” para que no se fuera para un lado, era un cambio de lugares de lo más divertido, cuando estuvimos listos en nuestros lugares, alguien gritó “hay una tortuga”, todos nos paramos y nos desordenamos, sacando las cámaras, el grito del “capitán” fue rotundo, todos en sus posiciones sin moverse, ni siquiera parpadear…ajajaj
Y después de darle cuerda al motor, navegamos, navegamos, pasamos cerca de los “veleritos” que estaban anclado en la bahía, mucho lujo.
Todas poniéndose protector solar, peinándose, sacándose las poleras para quedar con un bronceado espectacular. Pasamos cerca de las miles de cuevas que hay en toda la costa de la Isla hasta que llegó la “lluvia salada”. Les voy a explicar bien a que me refiero.
Resulta que el bote seguía una trayectoria paralela a las olas y el viento, pero nuestro “capitán” era un poco desordenado y quería llegar parido, así que empezó a “cortar olas”, el mar nos caía encima con baldes, al comienzo todos nos reíamos, pero después de haber tragado mucho agua (cierra la boca para la otra) y tener los ojos inyectados en sangre por agua salada que entraba a litros, ya no fue tan placentera la aventura. Tratando de ser digna, me puse los lentes de sol y encima un “pareu”, que estaba seco, pero a los dos segundos estilaba, lo estruje más de 15 veces, hasta que me di por vencida y ahí quedé sentada en el bote chorreando agua salada, tratando de mantener la boca cerrada, ya que era tanto lo que había tragado que me dolía la garganta. Todos nos mirábamos y era para la risa, el pelo mojado, el maquillaje corrido, chorreando agua por todos lados.
Hasta que llegamos a los Motus. Quede con la boca abierta al ver el mar de un color azul oscuro, bello y los Motus imponentes frente a mi, no tengo palabras para describirlo, sólo ojos grandes y boca abierta…Todo el rato
Los chicos se tiraron piqueros y nadaban, yo como “no nado nada” me quedé en el bote sacando fotos, les gritaba “chicos saludes” y todos con las manos arriba muertos de la risa, parecía un “nado sincronizado desordenado”..Ajajaja fue muy divertido.
Miraba lo lejos, la aldea de “Orongo”, los acantilados imponentes, el mar que acariciaba la costa, el color, el sabor el paisaje y ahí supe que me había “enamorado de esta isla tan especial” y que este amor que sentía sería para siempre.
Estábamos de lo mas entretenido hasta que escuchamos el grito del “capitán” “ a sus puestos”… Todos corriendo arriba del bote de lo más obedientes, y partimos de vuelta a la caleta y con la lluvia salada nuevamente…
Que manera de tragar agua..
Llegamos a la caleta con una ola gigante, casi surfeando en el bote, nos bajamos, pagamos y a comer ricas empanadas de atún de los carritos y revisando las fotos que alcanzamos a sacar antes de la “lluvia salada”… Salieron bellas
Ah!!!! y les cuento que las mejores empanadas de atún de la Isla, son las de los carritos, frente a Playa PEA, o la playa de las Tortugas (yo vi tres, enormes).
Esta es una de las veces que fuimos a nuecera los Motus, viene otra que fue mucho más “Pro”, con decir que me tiré piqueros, bucee, bueno tragué agua para variar, pero estuvo “PETI”.
Pero esas historia quedará para otro día…Descubrirán todo sobre el Moai sumergido… ¿Es verdad, es mito?... Sigan las historias y o sabrán…
Iorana Korua
Los Moais y la tremenda caña, no es una buena combinación.

Después de un tremendo carrete, partimos temprano a Rano Raraku. El volcán donde sacaban las piedras para hacer los moais.
Realmente bello, el camino, precioso, los colores increíbles, salían los caballos salvajes a saludarlos al paso.
Lo bueno que íbamos un guía increíble, el querido Enrique.
Yo feliz mirando el paisaje, cuando nos empezamos a acercar al volcán….Ufff la vista es maravillosa, los moais a lo largo de la cantera, esperando por nosotras y vigilando su bella Isla.
Partimos el recorrido con un sol terrible, humedad a mil y con muchas botellas de agua.
Caminamos mucho y en cada parada había uno anécdota que escuchar, de verdad las agradezco, aprendí mucho.
Repasamos la historia de la Isla y probamos en terreno las teorías de Enrique. Sí tienes toda la razón en todo.
Yo estaba parada a mitad del volcán, mirando el paisaje, los moais, el cielo, el mar. A lo lejos se podía ver “Togariki”, impresionante la emoción era tan grande como la tremenda caña que llevaba. Como les explico mucho calor, humedad de verdad estaba “fermentado” Vodka jajjajajjaja, pero valía la pena el sacrificio, todo lo que vi, lo que sentí, lo que escuche…. No tengo palabras para describirlo, sólo hay que vivirlo.
Vimos la evolución que tuvieron los moais a través de la historia, como los tallaban, la teoría del “GPS”, cocinas y muchas cosas más. El Primer Moai, el Moai Paoa, bello.
Nos subimos al jeep y partimos al Ahu Togariki y ahí me morí. No aguanté más, me quedé más de media hora tirada a pleno sol esperando que pasara la “enfermedad”, pero me prometieron que otro día volveríamos y que al lugar donde íbamos se me pasaría el malestar. Y es verdad, llegamos a un pozo o piscina natural, realmente bella, al agua en menos de tres segundos, que agradable, agua tibia en mi cuerpo, mirando el fondo, pececitos, piedras, sol. Al rato nos tiraban piñas pelada, las comimos “cual helado”, que cosa más rica, amo las piñas de la Isla, son la cosa más rica que he comido.
Después de varios chapuzones, caídas y piqueros, sentí olor asado y justo en eso momento…” me morí”, no pude más, gracias a Gonzalo estaba después de 20 minutos en la cabaña de vuelta, pasando la caña. No saben cómo me arrepentí cuando vi las fotos y escuche las historias de las chicas que habían llegado, dije “nunca más”… bueno….
En la noche me quedé escuchando música y leyendo, disfrutando de una noche maravillosa, mientras que mis amigas estaban felices bailando en el “Piriti”, bueno son las consecuencias de la caña.
Al día siguiente estaba al 100%, me levanté feliz de la vida, respirando aire puro y un poco impactada, ya que el “patio” estaba lleno de caballos y vacas. Yo como las locas espantándolos….jajajjajaj
Las vacas se comían las toallas, y yo corriendo tras ellas gritándoles para que se fueras, tropezaba con cuanta piedra encontraba, al final me quedé de lo más tranquila entre los “manabais”, esperando que mis amigos aparecieran.
Que cosa más increíble estar en la Isla, con caña, espantando animales, deseando tomar agua helada todo el rato. Viendo como aterrizaban los aviones. Es todo tan sencillo, tan mágico, tan místico. Realmente es otro mundo.
Ese día nos fuimos a los “Motus” a bucear…
Más adelante les cuento ese viaje que estuvo “extremo a morir”….jajajjajajaja
Maururu
Irorana
La historia del hombre pájaro, el huevo del minutara y Maricel con vértigo.

Después de un rico desayuno con pan amasado, partimos a la aventura a subir el volcán Rano Kau, donde se encuentra la aldea ceremonial “Orongo”
Todos arriba de los autos y al volcán de ha dicho, el paisaje realmente bello, el mar, los colores, las casas, hoteles, todo es precioso.
Nos acompañó un sol fuerte, un calor terrible, humedad y mucha tierra, pero daba lo mismo, cuando llegamos al primer mirador, todas las incomodidades pasaron. Una vista asombrosa del cráter, lleno de agua de lluvia, mucho verde por todas partes. Y empezó el show de fotos y preguntas a nuestro querido guía “Emilio”, el pobre quedó chato, pero eso le pasa por salir con los “Conti”…ajaajaja
Luego de una rato en auto llegamos a la cima del volcán, pagamos nuestra entrada y a caminar se ha dicho, hasta que empezamos a ver las construcciones de las casas, los lugares donde cocinaban, donde juntaban agua lluvia, donde las mujeres tenían a sus hijos, puedo decir que eran muy adelantados a su tiempo, tenían partos en agua tibia.
Cuando llegamos a Orongo, se me encogió el corazón, son cosas que una conocía por libros, por relatos de amigas o por fotografías, pero estar allí es realmente emocionante. Saber que mucho tiempo atrás la gente hacía su vida normal, conversaban, cocinaban, hacían sus ceremonias, etc.
Las casas súper sencillas y elaboradas a la vez, eran construidas de piedras perfectamente cortadas y ensambladas. No tenían ventanas, ni otro tipo de comodidades total ellos sólo “dormían” en ellas. Y de nuevo la producción de fotografías, “ponte allá, baja la cabeza, no te vayas a caer, cuidado con las piedras, sí va a salir el volcán” eran una de las tantas instrucciones tanto de fotógrafas como de los fotografiados...Ajajá jajá
Hasta que llegamos al lugar, donde cuenta le leyenda se hacía la ceremonia del “hombre pájaro”, se podían ver los “Motus” el lugar donde los pájaros minutara iban a depositar sus huevos y el primer hombre que llegara nadando, reinaba la Isla por un año.
Y ahí empezó el show del vértigo, por un lado tenías el cráter del volcán, bello y por el otro lado acantilados y el mar. Debo decir además que había mucho viento, una combinación terrible para mis pobres nervios, andaba casi de rodillas para no caerme. Me saque fotos con los pocos petroglifos que van quedando, obviamente hacen alusión al “hombre pájaro”. Entre tanta foto, historias que se contaban y preguntas que eran respondidas, me regalé y bien agarrada de una cuerda observé el paisaje. Una tranquilidad, una paz tan grande que sobrecogía el espíritu. Yo me imaginaba ver el amanecer o e atardecer en ese lugar, tiene que ser indescriptiblemente bello, no lo hice, pero la próxima vez que vaya… Espérame Rano Kau que de allá soy.
Que lamentable que no estuvimos allí para la “Tapati” cuando recreaban las ceremonias que se hacían tiempos atrás, pero nuevamente, cuando vuelva…De allá soy…ajjajajja
Dicen algunos por ahí que la Isla se puede recorrer en 4 días, están totalmente equivocados, con 15 días que estuve, me faltaron millones de cosas por conocer, recorrer y descubrir.
La Isla es mágica, la Isla es bella... Espera por mí…
Maururu
Iorana
…Mirábamos los “Motus” tres pequeñas “islas”, lejos de nosotros, se veían diminutas, pero las apariencias engañan. Cuando fuimos a bucear allá, todo cambió, pero eso queda para otro día…
El Misterio del Leprosario

Para contarles mi visita al cementerio del leprosario, los tengo que ubicar un poco en la historia que éste tiene, para que se den cuenta lo que se siente cuando se llega a este lugar tan especial.
Hay muchas teorías de cómo llegó la lepra a la Isla, algunos dicen que provenía de la Polinesia por isleños que fueron llevado allá, esclavizados y de vueltos a la Isla ya que estaban enfermos. Otros dicen que alrededor del año 1888 fue llevado por un Tahitiano.
No sé cuál será la correcta, pero la lepra se instaló un la Isla y causó mucho sufrimiento y muertes en su población.
Lo más terrible de todo es como fueron tratados los pascuenses enfermos, llevados a cuevas insalubres, sin luz, sin comida y agua, ni ayuda médica. Ellos sufrieron mucho, fueron maltratados estigmatizados, tratados como animales.
Por muchos años estuvieron aislados, tirados como la peor lacra de la sociedad, por militares, chilenos y sus compatriotas.
Después de mucho tiempo llegó alguien que se dio cuenta del problema y fueron reubicados en terrenos muy alejados de todo, para evitar el contagio.
Pero hubo una verdadera “caza de brujas”, los habitantes eran examinados por gente que no tenían conocimiento medico y menos de la enfermedad, por lo que la mayoría de las veces encerraban a gente sana e irremediablemente morían contagiados.
Hay dos tipos de lepra, la lepra tuberculoide que tiene tratamiento y sanación. Y la lepromatosa que es la que provoca deformidades y finalmente la muerte. La gente no sabía esto, revisaban a toda la población y si tenían una mancha eran encerrados, no importaba la edad o sexo. Muchas familias se separaron debido a esto. Según documentos cerca del año 2000 vivía el último pascuense leproso que sobrevivió a todos los horrores del “campamento de Auschwitz”, como ellos lo llamaban.
Después de muchos esfuerzos de médicos, sacerdotes, monjas y gente caritativa, la enfermedad se fue controlando hasta llegar al fin de esta historia tan negra y horrorosa que tuvieron que vivir muchos y que los ancianos todavía recuerdan.
El lugar quedó totalmente abandonado, perdido en el tiempo y espacio de la Isla. Hasta que algunos arqueólogos llegaron al lugar donde se encontraba el cementerio, hicieron una gran labor, clasificaron todas las personas muertas, los enterraron debidamente y pusieron una gran piedra, un monolito con los nombres de todas las personas que murieron, para ser recordados debidamente.
El lugar estaba tan cargado de energías, que decidieron hacer un liceo, donde muchos niños con sus risas y juegos cambiarían el ambiente del lugar. No está cerca, lógicamente, pero dentro del mismo terreno que es inmenso. El cementerio queda unos cuantos kilómetros del colegio.
Cony nos había contado la experiencia, junto a Feña tuvieron, de la visita al cementerio. Yo quedé tan sorprendida que quise visitarlo. Nos pusimos todos de acuerdo y partimos un día en la tarde. Éramos ochos personas caminando por esos terrenos, que tiempo atrás ran sinónimo de sufrimiento y tabú.
Yo o sé si fue por las historias contadas o leídas, sentía algo especial, mientras más me acercaba, más me angustiaba, miraba para todos lados, observaba el paisaje y me trataba de imagina lo que habrá sido estar allí encerrada…Ufff... El sentimiento era terrible.
Cuando por fin llegamos, con mucho respeto entramos al lugar, tratando de no pisar nada, de no tocar nada. Por eso no hay fotografías del lugar, no quise perturbar el lugar y la gente que allí por fin descansaba en paz.
Cuando vimos el monolito con los nombres y edades, quedamos impresionados, desde 2 años hasta el más anciano de 100 años. Recuerdo que andábamos con la “gatito” la hija de Feña que tiene tres años, ella en su inocencia corría por todas partes, hasta que en un momento trato de pisar una de las tumbas y los siete le gritamos al unísono ¡NO! La pobre quedó inmóvil y un poco asustada. Yo en ese momento no pude más de los nervios y salí, me aleje lo más que pude y comencé a rezar por las almas de esas pobres personas que tanto habían sufrido.
A Gonzalo e un momento se le cayó una colilla de cigarro y estábamos todos en cuatro patas buscándola, recogimos mucha basura y la fuimos a tirar a otro lado.
Salimos del lugar y nos empezamos a acercar nuevamente al colegio y todos los sentimientos fueron pasando de a poco, pero de verdad es impresionante lo que hace sentir ese lugar en cada persona, recogimiento, angustia, extrañeza, incredulidad etc.
La lepra fue completamente erradicada entre los años 70 y 80, pero no se comentaba nada, para no asustar a la gente y no ahuyentar a los turistas.
Como dije antes, en el año 2002 le hicieron una extensa entrevista a Paiano Ika, el último leproso de la Isla, y por lo que leí, todavía quedan en su mente y cuerpo rastros de esta terrible enfermedad y por todo lo que tuvo que pasar.
Si visitan alguna vez la Isla, no dejen de ir a conocer el cementerio del Leprosario y aprovechen de rezar por todas las personas que pasaron por todas esas penurias. El sector se llama Colonia y queda a 18 kilómetros del pueblo, por un camino en muy mal estado, de tierra. Así que paciencia.
Ah, les recomiendo, no tirar nada en el suelo, no hacer pipi, ni vomitar, no hacer nada, sólo mirar con respeto y si son creyentes, pensar en ellos y desearles un dulce descanso.
Bucear en el Mar Pascuense... Una experiencia Inolvidable....

El día del buceo con tanque, nos levantamos "tempranito", almorzamos y nos fuimos a la Caleta donde tiene su local Mike Rapu. Yo no almorcé, ni tomé nada de los puros nervios, era una “gelatina con patitas”.
Tengo que explicar que sufro crisis de pánico y un poco de claustrofobia, pero van en franco retroceso, después de algunas sesiones (muchas) con mi querido psicólogo, pero existía el miedo de lo desconocido y de qué me podía pasar en las profundidades del mar Pascuense.
Nos mandaron a todos a poner los trajes y a sentarnos para escuchar la charla de introducción al buceo. Yo veía que la boca del instructor se movía, pero no asimilaba lo que decía, o sea en blanco total. Lo único que retumbaba en mi cabeza era la palabra “ecualizar”, “morir”, “profundo”…. Es en éste momento cuando nos estaban enseñando a ecualizar y yo en las nubes, creo que lo hice a propósito...de puro susto.
Yo muy digna, sentada frente al mar "pan para pan pan pan pan"… Mirando el horizonte, pajaroneando, sentía que me hablan y me pasan una máscara y la boquilla para respirar, en ese momento tenía los ojos como “huevos fritos” de abiertos, el instructor nos dice que nos pongamos las máscaras para ver si nos quedaban bien y luego viene el ejercicio de respirar a través de la boquilla y olvidarse totalmente de respirar por la nariz. Hice los ejercicios, pero no me salían bien. Como éramos un grupo grande, 7 personas, el instructor rápidamente nos dijo “todos listos, todos al bote”.
Yo pensaba, “bueno si no buceo, me quedo en el bote tomando sol” y partimos a navegar y a vivir una de las experiencias de mi vida que jamás voy a olvidar.
Ya en alta mar, nos dijeron que bajaríamos en dos grupos, primero los que sabían bucear y luego el resto. Ahí me tranquilice, tuve tiempo para mirar todo el procedimiento de postura de máscaras, tanques, plomos, gualetas. La forma como se sentaban en la orilla del bote y caían hacia atrás, se ponían la boquilla y bajaban rápidamente. Todo esto era observado por mis “ojos de plato” y la boca abierta.
Cuando llegó mi turno, veo a mi instructor, me puso todos los implementos y cuando estaba a punto de tirarme al agua, me pregunté “¿por qué no está él en el agua esperándome?” como había pasado con todos mis compañeros. Empezaron los tiritones nerviosos, él me dijo, “vas con otro guía”, yo no entendía nada. Al final fue tal la pelea de “lánzate”, “que no me tiro”, le dije “si no veo con quién voy no me tiro”, muy amurrada. El pobre guía que me esperaba en el agua hace más de 10 minutos, tuvo que avanzar un poco hasta que lo pude ver, bueno en realidad vi una máscara mojada y una cabeza negra cual “foca”.
No me quedaba otra cosa más que rezar y tirarme, lo hice, en cosa de segundos estaba en el agua dando tumbos igual que un “muñeco porfiado”...ajajajjaa Viéndolo ahora, de afuera, me veía de lo más divertida.
El monitor me afirmó bien del tanque "cual títere" y me dejé llevar, me miró y yo creo que se asustó con la cara que tenía “pánico” era poco, me dijo “relájate, mi nombre es Cristián y si no quieres bajar, nos quedamos nadando por acá” y lo remató con la frase típica de los hombres “puedes confiar en mí”, ahí me dio ataque de risa y me tranquilicé completamente.
De a poco empecé a respirar por la boquilla, serena, mirando el paisaje y de repente estaba bajo el agua buceando, no me dí ni cuenta, Cristián me tocó el brazo y me hizo mirar hacia abajo, vi pasar a la Cony y la Feña.
En ese momento me sentí bien y feliz, le hacía todo tipo de señales a Cristián. Seguimos bajando y subiendo, ecualizando y mirando, hasta que empecé a ver pececitos de colores, corales enormes, erizos por todos lados, veía a mis compañeros que pasaban por mi lado, las burbujitas que salían de mi boquilla, yo me reía sola, feliz.
En menos de 20 minutos estábamos tocando el fondo, jugamos con la arena, la tomaba entre mis manos, la miraba incrédula hacia arriba, veía los pocos rayos de sol que lograban pasar y alumbrar el fondo, trataba de tocar todo lo que tenía por delante, partía como loca detrás de los peces, encima de los colares, tomé caracoles y jugaba con ellos, parecía una niña descubriendo cosas nuevas y era así.
La sensación de bucear es tan increíble, no sientes la gravedad, ruidos (bueno el ruido mi respiración y de mi corazón que latía fuertemente), es como volar, me sentía libre, sin miedo. Y me dije “muy bien Maricel, prueba superada”.
En eso estaba, cuando Cristián me tocó el hombro y me hacía la señal de subir, yo le decía que no, pero me infló el chaleco y subimos lentamente, hasta que asomé la cabeza, vi de nuevo el cielo, me saqué la boquilla y mis primeras palabras fueron... “Necesito un vodka naranja a la vena, esto fue in- cre-i-bleeee”, me doy vuelta y veo el bote y a mis compañeras que estaban arriba mirándome y preguntándome...“¿cómo te fue?”.
Me sacaron el tanque, los plomos, la máscara la tiré lejos y me subí al bote y dije “Bacán, feliz, increíble y gracias Cony por obligarme a venir”. Me senté sobre nubes de pura felicidad por lograr algo a lo que le tenía tanto miedo. De a poco fueron apareciendo los que faltaban del grupo y nos fuimos de nuevo a la caleta. Me bajé sobre revolucionada, andaba a mil por hora. Quería celebrar mi gran proeza. Y eso hicimos. Me ría sola...ajajjajajaj.
Después de un buen rato, sentí el cansancio. Es como dar un examen muy difícil, luego te pasa la cuenta, sentía todo mi cuerpo adolorido, pero no importaba nada, había buceado en el mar de la Isla de Pascua. Que más podía pedir….Bucear con snorkel, pero eso se los cuento otro día…
Lamentablemente no hay fotos, ni video de esta aventura, pero esta grabado en mi mente.
Maur uru
Irorana
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