
Para contarles mi visita al cementerio del leprosario, los tengo que ubicar un poco en la historia que éste tiene, para que se den cuenta lo que se siente cuando se llega a este lugar tan especial.
Hay muchas teorías de cómo llegó la lepra a la Isla, algunos dicen que provenía de la Polinesia por isleños que fueron llevado allá, esclavizados y de vueltos a la Isla ya que estaban enfermos. Otros dicen que alrededor del año 1888 fue llevado por un Tahitiano.
No sé cuál será la correcta, pero la lepra se instaló un la Isla y causó mucho sufrimiento y muertes en su población.
Lo más terrible de todo es como fueron tratados los pascuenses enfermos, llevados a cuevas insalubres, sin luz, sin comida y agua, ni ayuda médica. Ellos sufrieron mucho, fueron maltratados estigmatizados, tratados como animales.
Por muchos años estuvieron aislados, tirados como la peor lacra de la sociedad, por militares, chilenos y sus compatriotas.
Después de mucho tiempo llegó alguien que se dio cuenta del problema y fueron reubicados en terrenos muy alejados de todo, para evitar el contagio.
Pero hubo una verdadera “caza de brujas”, los habitantes eran examinados por gente que no tenían conocimiento medico y menos de la enfermedad, por lo que la mayoría de las veces encerraban a gente sana e irremediablemente morían contagiados.
Hay dos tipos de lepra, la lepra tuberculoide que tiene tratamiento y sanación. Y la lepromatosa que es la que provoca deformidades y finalmente la muerte. La gente no sabía esto, revisaban a toda la población y si tenían una mancha eran encerrados, no importaba la edad o sexo. Muchas familias se separaron debido a esto. Según documentos cerca del año 2000 vivía el último pascuense leproso que sobrevivió a todos los horrores del “campamento de Auschwitz”, como ellos lo llamaban.
Después de muchos esfuerzos de médicos, sacerdotes, monjas y gente caritativa, la enfermedad se fue controlando hasta llegar al fin de esta historia tan negra y horrorosa que tuvieron que vivir muchos y que los ancianos todavía recuerdan.
El lugar quedó totalmente abandonado, perdido en el tiempo y espacio de la Isla. Hasta que algunos arqueólogos llegaron al lugar donde se encontraba el cementerio, hicieron una gran labor, clasificaron todas las personas muertas, los enterraron debidamente y pusieron una gran piedra, un monolito con los nombres de todas las personas que murieron, para ser recordados debidamente.
El lugar estaba tan cargado de energías, que decidieron hacer un liceo, donde muchos niños con sus risas y juegos cambiarían el ambiente del lugar. No está cerca, lógicamente, pero dentro del mismo terreno que es inmenso. El cementerio queda unos cuantos kilómetros del colegio.
Cony nos había contado la experiencia, junto a Feña tuvieron, de la visita al cementerio. Yo quedé tan sorprendida que quise visitarlo. Nos pusimos todos de acuerdo y partimos un día en la tarde. Éramos ochos personas caminando por esos terrenos, que tiempo atrás ran sinónimo de sufrimiento y tabú.
Yo o sé si fue por las historias contadas o leídas, sentía algo especial, mientras más me acercaba, más me angustiaba, miraba para todos lados, observaba el paisaje y me trataba de imagina lo que habrá sido estar allí encerrada…Ufff... El sentimiento era terrible.
Cuando por fin llegamos, con mucho respeto entramos al lugar, tratando de no pisar nada, de no tocar nada. Por eso no hay fotografías del lugar, no quise perturbar el lugar y la gente que allí por fin descansaba en paz.
Cuando vimos el monolito con los nombres y edades, quedamos impresionados, desde 2 años hasta el más anciano de 100 años. Recuerdo que andábamos con la “gatito” la hija de Feña que tiene tres años, ella en su inocencia corría por todas partes, hasta que en un momento trato de pisar una de las tumbas y los siete le gritamos al unísono ¡NO! La pobre quedó inmóvil y un poco asustada. Yo en ese momento no pude más de los nervios y salí, me aleje lo más que pude y comencé a rezar por las almas de esas pobres personas que tanto habían sufrido.
A Gonzalo e un momento se le cayó una colilla de cigarro y estábamos todos en cuatro patas buscándola, recogimos mucha basura y la fuimos a tirar a otro lado.
Salimos del lugar y nos empezamos a acercar nuevamente al colegio y todos los sentimientos fueron pasando de a poco, pero de verdad es impresionante lo que hace sentir ese lugar en cada persona, recogimiento, angustia, extrañeza, incredulidad etc.
La lepra fue completamente erradicada entre los años 70 y 80, pero no se comentaba nada, para no asustar a la gente y no ahuyentar a los turistas.
Como dije antes, en el año 2002 le hicieron una extensa entrevista a Paiano Ika, el último leproso de la Isla, y por lo que leí, todavía quedan en su mente y cuerpo rastros de esta terrible enfermedad y por todo lo que tuvo que pasar.
Si visitan alguna vez la Isla, no dejen de ir a conocer el cementerio del Leprosario y aprovechen de rezar por todas las personas que pasaron por todas esas penurias. El sector se llama Colonia y queda a 18 kilómetros del pueblo, por un camino en muy mal estado, de tierra. Así que paciencia.
Ah, les recomiendo, no tirar nada en el suelo, no hacer pipi, ni vomitar, no hacer nada, sólo mirar con respeto y si son creyentes, pensar en ellos y desearles un dulce descanso.

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