martes, 31 de agosto de 2010

Bucear en el Mar Pascuense... Una experiencia Inolvidable....


El día del buceo con tanque, nos levantamos "tempranito", almorzamos y nos fuimos a la Caleta donde tiene su local Mike Rapu. Yo no almorcé, ni tomé nada de los puros nervios, era una “gelatina con patitas”.

Tengo que explicar que sufro crisis de pánico y un poco de claustrofobia, pero van en franco retroceso, después de algunas sesiones (muchas) con mi querido psicólogo, pero existía el miedo de lo desconocido y de qué me podía pasar en las profundidades del mar Pascuense.

Nos mandaron a todos a poner los trajes y a sentarnos para escuchar la charla de introducción al buceo. Yo veía que la boca del instructor se movía, pero no asimilaba lo que decía, o sea en blanco total. Lo único que retumbaba en mi cabeza era la palabra “ecualizar”, “morir”, “profundo”…. Es en éste momento cuando nos estaban enseñando a ecualizar y yo en las nubes, creo que lo hice a propósito...de puro susto.

Yo muy digna, sentada frente al mar "pan para pan pan pan pan"… Mirando el horizonte, pajaroneando, sentía que me hablan y me pasan una máscara y la boquilla para respirar, en ese momento tenía los ojos como “huevos fritos” de abiertos, el instructor nos dice que nos pongamos las máscaras para ver si nos quedaban bien y luego viene el ejercicio de respirar a través de la boquilla y olvidarse totalmente de respirar por la nariz. Hice los ejercicios, pero no me salían bien. Como éramos un grupo grande, 7 personas, el instructor rápidamente nos dijo “todos listos, todos al bote”.

Yo pensaba, “bueno si no buceo, me quedo en el bote tomando sol” y partimos a navegar y a vivir una de las experiencias de mi vida que jamás voy a olvidar.

Ya en alta mar, nos dijeron que bajaríamos en dos grupos, primero los que sabían bucear y luego el resto. Ahí me tranquilice, tuve tiempo para mirar todo el procedimiento de postura de máscaras, tanques, plomos, gualetas. La forma como se sentaban en la orilla del bote y caían hacia atrás, se ponían la boquilla y bajaban rápidamente. Todo esto era observado por mis “ojos de plato” y la boca abierta.
Cuando llegó mi turno, veo a mi instructor, me puso todos los implementos y cuando estaba a punto de tirarme al agua, me pregunté “¿por qué no está él en el agua esperándome?” como había pasado con todos mis compañeros. Empezaron los tiritones nerviosos, él me dijo, “vas con otro guía”, yo no entendía nada. Al final fue tal la pelea de “lánzate”, “que no me tiro”, le dije “si no veo con quién voy no me tiro”, muy amurrada. El pobre guía que me esperaba en el agua hace más de 10 minutos, tuvo que avanzar un poco hasta que lo pude ver, bueno en realidad vi una máscara mojada y una cabeza negra cual “foca”.
No me quedaba otra cosa más que rezar y tirarme, lo hice, en cosa de segundos estaba en el agua dando tumbos igual que un “muñeco porfiado”...ajajajjaa Viéndolo ahora, de afuera, me veía de lo más divertida.
El monitor me afirmó bien del tanque "cual títere" y me dejé llevar, me miró y yo creo que se asustó con la cara que tenía “pánico” era poco, me dijo “relájate, mi nombre es Cristián y si no quieres bajar, nos quedamos nadando por acá” y lo remató con la frase típica de los hombres “puedes confiar en mí”, ahí me dio ataque de risa y me tranquilicé completamente.
De a poco empecé a respirar por la boquilla, serena, mirando el paisaje y de repente estaba bajo el agua buceando, no me dí ni cuenta, Cristián me tocó el brazo y me hizo mirar hacia abajo, vi pasar a la Cony y la Feña.
En ese momento me sentí bien y feliz, le hacía todo tipo de señales a Cristián. Seguimos bajando y subiendo, ecualizando y mirando, hasta que empecé a ver pececitos de colores, corales enormes, erizos por todos lados, veía a mis compañeros que pasaban por mi lado, las burbujitas que salían de mi boquilla, yo me reía sola, feliz.
En menos de 20 minutos estábamos tocando el fondo, jugamos con la arena, la tomaba entre mis manos, la miraba incrédula hacia arriba, veía los pocos rayos de sol que lograban pasar y alumbrar el fondo, trataba de tocar todo lo que tenía por delante, partía como loca detrás de los peces, encima de los colares, tomé caracoles y jugaba con ellos, parecía una niña descubriendo cosas nuevas y era así.

La sensación de bucear es tan increíble, no sientes la gravedad, ruidos (bueno el ruido mi respiración y de mi corazón que latía fuertemente), es como volar, me sentía libre, sin miedo. Y me dije “muy bien Maricel, prueba superada”.

En eso estaba, cuando Cristián me tocó el hombro y me hacía la señal de subir, yo le decía que no, pero me infló el chaleco y subimos lentamente, hasta que asomé la cabeza, vi de nuevo el cielo, me saqué la boquilla y mis primeras palabras fueron... “Necesito un vodka naranja a la vena, esto fue in- cre-i-bleeee”, me doy vuelta y veo el bote y a mis compañeras que estaban arriba mirándome y preguntándome...“¿cómo te fue?”.
Me sacaron el tanque, los plomos, la máscara la tiré lejos y me subí al bote y dije “Bacán, feliz, increíble y gracias Cony por obligarme a venir”. Me senté sobre nubes de pura felicidad por lograr algo a lo que le tenía tanto miedo. De a poco fueron apareciendo los que faltaban del grupo y nos fuimos de nuevo a la caleta. Me bajé sobre revolucionada, andaba a mil por hora. Quería celebrar mi gran proeza. Y eso hicimos. Me ría sola...ajajjajajaj.

Después de un buen rato, sentí el cansancio. Es como dar un examen muy difícil, luego te pasa la cuenta, sentía todo mi cuerpo adolorido, pero no importaba nada, había buceado en el mar de la Isla de Pascua. Que más podía pedir….Bucear con snorkel, pero eso se los cuento otro día…

Lamentablemente no hay fotos, ni video de esta aventura, pero esta grabado en mi mente.

Maur uru
Irorana

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