lunes, 28 de junio de 2010

Mi vecino, lo asesino


Mi Vecino ¿Lujurioso, californiano o candoroso?


Les quedé debiendo la segunda parte de la historia, “La lista negra de mis queridos vecinos”: Les dije que éste personaje necesitaba un capitulo especial y acá va.

Quiero que conozcan la historia y juzguen ustedes sí realmente estoy equivocada o no.

A mi vecino lo conocerán a través de mis palabras, mis anécdotas, mi escritura, cualquier duda, lo pueden llamar y corroborar todo lo que digo. Tengo todas sus coordenadas y las de la dueña del lugar donde vive.

Primero, tengo que decir, a pesar que los departamento sean relativamente nuevos, el material de construcción deja mucho que desear, Algunos muros son de concreto y otros, sólo de tabiques, como por ejemplo la separación entre las habitaciones.

Ahora los introduzco al tema que nos convoca, mi vecino y sus extraños ruidos. Él vive en el departamento que está a mi lado, es decir, nuestros dormitorios son colindantes.

Él llegó a principios de enero de éste año, muy tranquilo, con pocos muebles y sin meter muchos ruidos.

Pasó el tiempo y comencé a sentir murmullos raros en mi pieza y no era yo. Bajé el volumen del televisor y me concentré. Quedé impresionada con lo que escuché. Eran susurros claramente sexuales, es más, eran frases que se repetían constantemente. Me dije, “no importa” y subía el volumen del televisor o me ponía los audífonos y escuchaba música.

Pero todo fue aumentando, tanto en volumen, como en expresiones, a distintas horas del día y de la noche, no paraba nunca, hasta que me aburrí y decidí ir a hablar con la causa de mis pesares y problemas.

Un día, después de una larga jornada de trabajo, llegué a mi departamento y me acordé de las muchas veces que fui molestada, me armé de valor, salí a pasillo, miré la puerta de mi vecino y toqué el timbre.
Se demoró mucho en abrir la puerta, pero lo hizo.
Por fin lo tenía frente a mí.
Lo primero que sentí es el olor a casa no ventilada, calor y aroma a hombre. Después me fijé en la persona que estaba mirando, un hombre de 1.70, 80 kilos, colorado, normal en todos los sentidos, con ojos grandes, vestido con un buzo y se notaba que lo desperté, ya que tenía una cara de sueño. Me presenté, le dije que era su vecina y traté de abordar un tema muy complicado de la forma más simple, hablarle de la construcción del edificio y de la distribución de las habitaciones.
Él todavía no captaba nada de lo que hablaba. Me miraba sonriente, pero necesitaba, claramente, más información. Le comenté que al ser tan débiles las separaciones entre los departamentos, lo podía escuchar. Me di la molestia de mostrarle mi departamento y que vira como estaban distribuidos. Noté que tenía pocos muebles. Le comenté de nuevo que, escuchaba ruidos y él me dijo, “disculpa, escuchas mis guitarras”, (tiene tres, más un tremendo equipo amplificador, ya que tiene una banda), yo le dije que no era eso lo que escuchaba. Me quedó mirando con expresión extrañada. Y pensé, al clavo o sino no va a entender nunca lo que le vine a decir. Le dije que escuchaba ruidos y que no eran sus guitarras, ni sus conversaciones por celular, ni las veces que se juntaba con sus amigos a jugar póker. Le dije “mira Jorge, lo que escucho son estas frases “o mi Dios, O mi Dios o que rico”. Se puso rojo hasta la última uña del pie, bajó la mirada, avergonzado y me dijo “es cierto, es que soy muy gritón”.
Yo, de verdad, no sabía que hacer, si reírme o sentir compasión por él. Lo miré a los ojos, que nunca los pude encontrar, ya que estaban pegados al suelo. Le comenté que lo escuchaba a cada rato, a todas horas y que realmente el tema que tenía muy molesta. Él seguía con la vista fija en ele suelo, colorado hasta detrás de las orejas. Y dijo “nunca me había pasado algo igual” y se rió nervioso. Le comenté que, tuve le mismo problema con los vecinos del mismo departamento, pero se habían solucionado, por eso había acudido a él.
Jorge seguía riéndose y sin mirarme. Me dijo que estaba pasando un mal momento, ya que recién estaba separado y discúlpenme, pero la expresión fue “Shiuuuu o sea tengo show para rato”. Es verdad se me escapó. Me miró con cara de comprensión y me dijo “voy a tratar de no hacer tanto ruido, pero lamentablemente soy gritón”, nuevamente mirando el suelo. Le dije que no había problema, mientras mantuviera sus ímpetus amorosos y gritos más silenciosos. Me dio su tarjeta, me dijo “Sí me hago mucho ruido, tú me llamas y fin del problema”. Lo miré y le dije, “sabes, es más fácil que golpeé la pared a que esté buscando tu número y llamándote”. Nuevamente se puso rojo. Me dio penita, le dije que contara conmigo para lo que quisiera, pero que bajara le volumen, yo no tenía que enterarme de sus andanzas amorosazas, buenas o malas. Nos despedimos, e incluso me invito a tomar unas “chelas”.

Tengo que decir que se portó muy bien, cuando comenzaba a gritar, se contenía y se mordía la lengua. Así pasaron semanas de tranquilidad para mí.

Hasta que vino le famoso terremoto. Él no estuvo, ya que los fines de semana se iba con su banda a Colina. Pero, yo creo que la tensión fue mucha y la tenía que sacar de alguna forma. Y nuevamente lo sentí, lo escuché y lo odié.

Tengo que decir, en descargo, que para el 14 de febrero, tuve que salir escapando de mi edificio, esto parecía “motel”, (por lo que me han contado) no era sólo era mi vecino, sino que varios vecinos que se pudieron de acuerdo y todos al unísono tuvieron su “happy Valentine” y varias veces. Yo agarré computador y salí corriendo de acá. Lo que menos quería escuchar es un millar de “uh, uh, oh, oh, que rico, más, más, por ahí, ohhhhh”.

Ahora sigo en m departamento, escuchando a mi vecino, con sus juntas de póquer, sus guitarreos, hasta cantando, sé lo que habla por su celular, hasta cuando se ducha, ya que no tiene agua caliente. Pensando positivamente, es mi despertador, a las 7:30 hrs., escucho un grito, eso quiere decir que mi vecino se acaba de meter a la ducha helada y que me tengo que despertar. Por lo menos, no tengo que programar mi despertador.

Bueno que le vamos a hacer, vivo en un barrio bonito, cerca del metro y de mi trabajo, pero todas las cosas no pueden ser maravillosas, yo tengo a mi vecino, que me despierta, tempranito y a altas horas, pero nada es perfecto e esta vida o ¿no?.

Y quién me dice que otro vecino o vecina no ha escuchado mis incurcuiones amorosas… ¿nadie sabe? ¿O sí?

Tengo que decir que mi vecino lujurioso, le ha dado “alegría” a mi vida, por lo menos me ha dado un motivo para escribir y sé que muchos querían leer esta historia.

sábado, 19 de junio de 2010

MIs queridos vecinos han entrado en mi Lista Negra


Comenzaré esta historia contándoles que hace tres años que vivo sola, en un departamento lindo, pequeño, acogedor y muy soleado. De a poco fui comprando cosas y ahora es mi hogar. Está muy cerca de mi trabajo y en barrio lleno de árboles y tranquilidad.

Me acostumbré al movimiento que hay en el edificio, donde hay mucha gente joven viviendo, son 12 departamentos por piso, por lo que la cantidad de personas que hay acá es demasiada, siempre me encuentro con alguien el los ascensores, vestíbulo, lavandería, pasillos etc. De verdad soy súper tolerante, pero hay ciertos límites y de eso se trata este capítulo de los personajes que me colmaron la paciencia, rompieron la armonía y me hacen pensar, seriamente, en la venganza.

A todos los puse sobre nombres y les explicaré que hacen para que me quiera acriminar. Son 4 los integrantes de mi lista negra de la venganza. Juzguen ustedes, no creo estar tan equivocada.

Empecemos por el que hace menos daño, “Chin-shu-lancha”. Él vive al frente a mi departamento, es un oriental de lo más simpático, pero muy bueno para cocinar, su ingrediente preferido es el ajo. Es muy deportista, por lo que siempre llega en su bicicleta, transpirando condimentos. Y es un poco desubicado, le cuento que para el terremoto, salió como todos arrancando, pero al rato después desapareció. Durante la espera nos informan que hay una fuga de gas, que subamos a apagar las llaves de paso. Un vecino vestido con un pijama muy pintoresco, se pone a gritar, todo lo miramos y nos dice “alguien tiene velas prendidas arriba, vamos a explotar”. Miré y claro era “Chin-shu-lancha”, partí corriendo a avisarle, cuando entré a su departamento quedé impactada, parecía santuario, prendió todas las velas que encontró en su despensa. Le dije que las apagara, pero no habla español, ni ingles. Lo miré con cara de bruja y empecé a apagar vela por vela, él no entendía nada, hasta que con gestos, le hice entender lo de la fuga y me ayudó a apagar su velatón, no sé a que dios le estaba rezando, o si tenía miedo, pero eso no se hace y menos con una fuga de gas que se “olía fuertemente”. Otra característica de él es que es el rey de los portazos, siempre lo escucho cuando llega y se va, pero tanto daño no hace, si aprendes a respirar por la boca, Por lo menos es muy amable y siempre saluda con una inclinación de cabeza. Además si me quedo sin ajo sé a que quien recurrir.

La que sigue en mi lista negra, “Monito Tití Reggeatonera”. Ella es muy simpática, le encanta juntarse con sus amigos en su departamento, gente de distintas nacionalidades y colores, pero todos con un común denominador; a música y la conversación a altos niveles de volumen. Se reúnen para la famosa “previa” y lo que es peor para el “after hour”. Esta aquí cuando comienzan los problemas, ya que llegan a altas horas de la madrugada, muertos de la risa, entonados y casi gritando. Me imagino después de estar bailando bajo un parlante toda la noche quedas así, por lo que me han contado. Luego viene el bajón de hambre por lo que revuelven la cocina azotando ollas, platos y puertas, comentando los sucesos de la noche, bueno gritando los sucesos de la noche. Con reggaeton a todo volumen, es cuando llamo al conserje, por primera vez para que bajen la música. Lo hacen, pero siguen con los gritos y aporreos varios, nuevamente notificar al conserje, pero no entienden la idea, que hay gente durmiendo. La tercera y última advertencia es a través de la pared con fuerte golpes, son dos o tres veces comúnmente, cuando un avispado comenta “uy parece que estamos metiendo mucho ruido” es en éste momento cuando puedo dormir tranquilamente. Lo otro, ella es un poquito despistada, por lo que frecuentemente toca mi puerta porque se le han quedado las llaves dentro de su departamento y se pasa por el balcón, saltando alegremente cual “monito tití”, temo que un día, va a pisar mal y la encontraré tendida entre el pasto del primer piso.

Así pasamos al tercero de la lista, es sólo un niño, que vive junto a sus padres en la casa frente a mi edificio. Ellos tienen la costumbre de gritar por todo, para buscar algo, cuando lo encuentran, tocan la bocina para abrir el portón., etc. Yo tengo la teoría que son sordos, nadie puede gritar tanto estado en el mismo lugar. Su hijo es un ser extraño, un colorín de 5 años que no habla, maúlla todo el santo día, por lo que ganó el apodo de “niño gato”. Sé cuando llegan, por lo bocinazos y los maullidos del infante. Lo bueno, es que hace una semana que no los escucho, así que ese flanco está cubierto.

El último, pero más importante de todos es mi “Vecino Lujurioso”. Son tantas cosas que tengo que decir de él, que merece un capítulo a parte. Sí, tendrán que esperar unos días para saber que hace este personaje, para tener un apodo tan particular.

Nos leemos luego…

jueves, 17 de junio de 2010

Mi Peladito Bello a un año de tu partida



Hace un año que me dejaste, en mis brazos tu alma ascendió al cielo y se posesionó como la estrella más luminosa que alumbra mi vida, que me da fuerza y coraje para seguir adelante.

Desde allí nos cuidas, “mi angelito de sonrisa de niño”, viendo todos los cambios que nos han afectado desde que partiste.

Penas, alegrías, celebraciones, cumpleaños, asados, navidad, año nuevo sin ti, no han sido fáciles. Pero siempre la familia se ha mantenido unida, cuidando tu tesoro más preciado “Tu adora Anita Rosa”.

No ha sido una tarea fácil, menos después del terremoto, la “Soa Chapu” se nos arranca continuamente, pero ya está más tranquila y gracias a la compañía de tus queridas nietas ha sabido salir adelante.

Yo, creo que ha sido la que peor lo ha pasado, ya que estoy lejos de casa. Para la familia fue difícil, pero se fueron de a poco acostumbrándose a los cambios. Primero, los tuyo, tu enfermedad, tu deterioro, tu ánimo, tus dolores. Yo no los viví por completo. Fueron sólo dos semanas en las que me llevé las sorpresas más terribles y agradables de mi vida.

Lo que más recuerdo, es el día que llegué de sorpresa y me viste frente a ti, te paraste, me miraste y me abrazaste. Dijiste “mi rucia querida, estás acá” (sin que ninguno de los dos diera por entendido lo de tu enfermedad). Ese fue el último día que estuviste bien, caminando, comiendo, sonriendo. Es como si me estuvieras esperado para partir tranquilo y así fue. A tu lado me quedé día noche cuidándote, alimentándote con tus comidas favoritas, viendo películas, leyéndote, contándote una y otra vez las historias de la Isla de Pascua que tanto te gusta escuchar. Te acuerdas que nos hicimos una promesa; la voy a cumplir, ya no contigo, pero sí con mi mamá.

Lo que más me gustaba era calmar tus dolores, tomándonos de las manos, mirándonos a los ojos y respirando juntos para que te relajaras. Me sentía conectada a ti y poder aliviar tu dolor para mí era el cielo.

Ese día jueves 18 a las 11:45 hrs. Todo cambió para nosotras, tranquilamente, junto a tus mujeres junto a ti, todas tomando tus manos, tus brazos, tus pies y escuchando la música que tanto te gustaba, tu amado jazz. Un ambiente tranquilo, un día de sol. Yo sentada en la cabecera de la cama, abrazándote, sosteniendo tu cabeza y diciéndote al oído muchas cosas; como te quiero, descansa, yo me haré cargo de mi mamá, nunca estará sola, tranquilo; hasta que tu cabeza cayó en mis hombros con el último suspiro tu vida se extinguió. Ni cuenta nos dimos. Tu alma se fue al cielo, lentamente.

Nos diste muchas sorpresas Peladito Bello, como por ejemplo que dejara de llover el día del funeral, el arcoiris que apareció ese día y que nos acompaño por tres meses más en la misma fecha. O la vez que fuimos al café, que por 14 años visitaste, la mesa 17, los meseros, que te fueron a ver al velorio, quedaron impactados porque el mismo día que te estábamos velando, tú muy patudo, fuiste a tomar el último café, no podía ser de otra forma ¿no? Un Moraga, es un Moraga siempre.

Me imagino que lo estas pasando muy bien e el lugar que estas, con el tío Humberto, el Tata Nano, la Tía Clarita, Tío Carlitos, la Gueli y los músicos que se fueron a alegra tu fiesta.

Sabes Peladito bello, para mi ha sido más fuerte tu partida, ya que estoy en Santiago, lejos de casa y no computo, no asimilo tu muerte. Siempre pienso cuando viajo a Concepción, que me vas a abrir la puerta con tu sonrisa, abrazándome me invitarás a u rico desayuno juntos, al compás del jazz o blues y preguntándome por las últimas noticias de mí trabajo, del cual te sentías tan orgulloso. Pero cuando abro la puerta de casa es como si murieras una y otra vez.

Para mi ha sido más difícil, al estar sola en Santiago, tu querido Santiago. Tú sabes la cantidad de veces que lloré, patalee, me enoje, maldije; pero ya pasó. El viernes pasado me diste una señal maravillosa y todo cambió. Estoy tranquila, con pena, pero tranquila. Tengo una vida que vivir, con tu hermoso recuerdo.

Puedo decir que tuve el tiempo justo, más calidad que cantidad para compartir contigo, estar a tu lado y decirte lo mucho que te quiero, respeto y siempre recordaré.

Mi querido Peladito bello te extraño mucho, lo sabes, pero sigue cuidándonos como lo haz hecho hasta ahora y sigue brillando en esa estrella que cada noche miro y resplandece en colores de cada arcoiris que veo. Eso eres tú, brillo, alegría, música y colores.

Y como te dije, espero el abrazo que nunca me diste…

Te adoro y estoy muy orgullosa de ser tu hija, de que fueras mi padre querido, de todo lo que me enseñaste y quisiste.

Tu Rucia.

Los abuelitos del avión

Yo tengo muy buenas experiencias con los abuelitos en los aviones, son personas realmente maravillosas. Ellos están llenos de experiencias y cosas para contar, es cosa de darse el tiempo de escucharlos y te relataran historias que jamás imaginaste.

En otros países le dan mucha importancia los “mayores”, pero lamentablemente y de verdad lo digo, aquí, en nuestra sociedad, no les dan gran valor a los que ellos tiene que decirnos.

Yo, la mayoría de las veces, los escuchaba y me regocijaba con sus historias. Recuerdo tres historias en particular:

La primera historia es de una abuelita, linda ella, iba solita sentada en la primera fila, asiento 1-A, me acuerdo perfecto, viajaba hacia Punta Arenas, no molestaba para nada, pero iba muy triste, me acerqué a conversar con ella para saber qué le pasaba, no sé, preguntas de rutina, ¿cómo está?, ¿para dónde va? Y me salió con algo que me dejó callada (cosa rara en mí).

Me dijo que era su cumpleaños, que lo iba a celebrar con su familia a Punta Arenas y que cumplía 100 años. Yo quedé impresionada con lo que me había dicho y más aún con la carita de pena que tenía. Fui a hablar con los pilotos para pedirles permiso para saludarla. Ellos estaban emocionados y felices, y me dieron todos los permisos del mundo.

Tomé el P.A. (alías micrófono), preparé a la tripulación y empecé con mi discurso, pidiendo la atención de los pasajeros, todos muy atentos a los que iba a decir, les conté la historia de la “abuelita Camila” que nos acompañaba ese día en el vuelo, un momento muy especial para ella, ya que estaba de cumpleaños y además celebraba 100 años de vida. Les pedí que le cantáramos “cumpleaños feliz”, todos al unísono los hicieron y a todo pulmón, la abuelita Camila se paró y sonreía, luego de un fuerte aplauso fueron uno por uno a saludarla, hasta los pilotos salieron de la cabina a abrazarla y desearle lo mejor de la vida. Ella estaba muy emocionada, lloraba de alegría.

Les prometo que fue uno de los momentos más lindos que viví arriba del avión, me acerqué a ella la abracé muy fuerte y sentí que ella temblaba, le pregunté si estaba bien y me dijo que era el mejor cumpleaños que había pasado en su vida, con sus ojitos llenos de lágrimas. No saben lo que sentí, el corazón se me encogió, al verla tan linda, tan frágil y a la vez tan fuete.

Cuando llegamos a Punta Arenas, ella se bajó de las últimas y todos los pasajeros, uno por uno, la iban abrazaron y dando los mejores deseos. Nada más que decir. Qué linda experiencia para ella y para todos los que viajamos ese día.

La segunda historia es un poco diferente, es de una abuelita que iba viajando a Arica. Ella iba tan triste que me acerqué a conversar para ver de qué se trataba. La abuelita Carmen iba a vivir con su hijo y su nuera a Arica, había dejado su casa de toda la vida, sus recuerdo y cosas en Santiago y se enfrentaba a una nueva vida, totalmente distinta a la que estaba acostumbrada, independencia, vivir en "la capital de Chile", dejar todas sus cosas.

La pobre iba tan atribulada, no sabía a lo que se enfrentaba, además que no le gustaba el norte. Hablé mucho con ella. Y como nos quedábamos constantemente en Arica, le dejé mi celular, para que cuando fuera, nos juntáramos a conversar. Me llamó muchas veces, nos juntamos y me contaba de su nueva vida, que al comienzo fue difícil, pero de a poco se fue acostumbrando.

Ella hacia clases de piano, habló con la gente de la municipalidad y empezó a hacer clases a los niños. Una vez recibí una llamada de su hijo, dándome las gracias por lo que había hecho por su mamá y por su familia. Y de verdad son esos momentos en los que valoras el trabajo que estás haciendo, con mucho cariño.

La última historia es de una par de abuelitos, casados por años de años, ella un poquito sorda y él, enamorado “hasta las patas de su viejita linda”. Que pareja más bella. Iban viajando a Punta Arenas y se notaba que eran unas personas muy humildes, pero amorosas “a morir”.

Después del despegue, fui a revisar la cabina y veo a los abuelitos muy abrazados, dándose besitos. Me acerco a ellos por si algo andaba mal….o muy bien...ajajá. Le ofrecí algo para tomar, imaginándome yo ingenuamente que querrían un té o un jugo. Pero no querían algo “más fuerte”. Yo les dije "les traigo café", pues no , me dijeron algo más “Juertecito”, los quedé mirando con cara de interrogación y fue él quien habló, me dijo “lo que pasa que con la vieja, nos tomamos de desayuno siempre un jotecito”.

A mi me dio ataque de risa porque la “vieja” era más sorda que una “tapia” y cada vez que le decía “Cierto vieja”, la señora lo miraba con cara de interrogación, hasta que al tercer grito entendía. Todos los pasajeros se enteraron que tomaban algo “Juertecito” y “que el viejo estaba enamorado de la vieja” (modo cariñoso, que no se lea de otra manera).

Él la abrazaba cada vez que despegábamos o aterrizábamos, le daba comida en la boca, la acompañaba a la baño, con una cara de amor, que todas suspirábamos en el galley. Yo decía que gran amor, después de 50 años de casados la siguiera viendo y tratando como el primer día que se conocieron. Qué lindo es el amor, que por lo que ví en ese vuelo, existe, aún existe. Que linda pareja, no los voy a olvidar jamás.

Hay más historias, pero otro día se las contaré…

¿Baño con olor a rosas?

Hay veces que pienso que en el momento de subirse al avión el cerebro se les comprime a los pasajeros, a lo más estilo Homero Simpson.

Una vez que se apaga la señal de cinturones, nos podemos levantar para poder trabajar. Es aquí donde empiezan los problemas y, sinceramente, empiezo a contar hasta mil.

Cuando estamos más ocupadas, haciendo malabarismos con los platos calientes, las bebidas, té y café, llega el primer valiente con cara de LOST preguntando: "señorita ¿dónde queda el baño?", una los mira con cara de incredulidad, porque lo tienen al frente suyo. En fin, se lo indicas, y empieza la diversión para nosotras.

Mirarlo como trata de abrir la puerta del baño, los pasajeros piensan que por ir en un avión la apertura va a ser cibernética. Empiezan a pelear con el cenicero que se encuentra en la puerta. Cuando lo rompen, te miran rojos de vergüenza y viene el comentario insólito "Ja, ja, ja, parece que se rompió".

Yo lucho para no reírme en su cara y después escuchas "Oiga señorita... ¿cómo se abre la puerta?", es en ese momento cuando tienes que poner tu mejor cara de seriedad y responder "Señor, igual que en su casa, girando la manilla". Te miran con un talante de interrogación y para no hacerlo sufrir más entre la plancha y las ganas de ir al baño, una piadosamente les abre la puerta. La mirada es de gratitud increíble junto con alivio, y se apresuran a entrar, obviamente, pegándose tremendo portazo en la frente, porque no abren la puerta completamente.

Y si encuentran que esto es lo peor, no queridos, lo peor es cuando van al baño con diario, libro o revista bajo el brazo y se demoran más de media hora. Al momento de salir lo hacen como si nada. Total ellos huelen a rosas.

Un tema importante, que a mi parecer tienen que saber y estar concientes, es que la estación de auxiliares se encuentra muy cerca del baño. Son espacios muy reducidos y nuestros asientos colindan con los baños. Cuando salen del tocador y pegan un portazo, nos llega una cachetada de "olor a rosas", luego la estela y los pasajeros caminan tranquilamente a sus asientos dejándonos totalmente intoxicadas.

Nos paramos con la mejor cara de dignidad, vaciamos un tarro completo de aerosol, cuidando que no suene el detector de humo o utilizamos los típicos remedios caseros, como dejar una taza de café ultra cargado cerca de la boquilla de aire, para neutralizar los olores. Y si la cosa es muy terrible, el baño se clausura por respeto a nosotras y a los demás pasajeros.

Además, les cuento que cuando van al baño de adelante, que queda al lado del cockpit, y lo dejan insoportable los pilotos se intoxican. Todos los olores llegan adelante y los pobres pilotos están casi conectados a las mascarillas de oxigeno....ja, ja, ja.

Así que por favor piénselo tres veces antes de entrar a un baño de avión con un diario bajo el brazo, por respeto al entorno, porque definitivamente nadie huele a rosas.

Niñeras o auxiliares de vuelo

A mí personalmente me encantan los niños, pero los bien educados, los amorosos, no los caprichosos y malcriados.

Y lo peor es que la culpa no la tienen ellos sino sus padres, que son los que hacen la diferencia entre un niño adorable y uno odioso.

Cuantas veces me llevé niños y guagüitas demasiado lindas en el avión, conversaba con los padres de ellos y jugaba con sus hijos, me aprendía sus nombres y los pasaba a ver cada vez que podía, pero que quede claro, sin que me lo impusieran.

Recuerdo una vez que se embarcó una mamá de lo más cuica con seis niñitos, todos rubios y su nana venía al final de la fila. La madre abnegada se sentaba, lejos de sus hijos, que estaban como locos de revolucionados por el vuelo, parecían “pollitos”. Los seis a coro: "Tía, tía, tía", me tenían loca.

A la hora de comer, le pregunté a la mamá qué iban a comer sus "angelitos" y recibí una de las respuestas más tontas que he escuchado en toda mi carrera de auxiliar de vuelo: "Linda, no sé que comen los niños. Pregúntale a la nana, ella sabe", con cara inexpresiva, giró la cara y se entregó totalmente a la lectura constructiva de la revista “Caras”, viendo si es que salía en las páginas sociales, que terrible.

La pobre nana, sentada entre los niños, pidió las comidas de todos, les dio de comer y los dejó durmiendo. Lo que me llamó la atención es el cariño con el que cuidaba a los niños y las miradas de ternura de los niños hacia ella.

Fuerte el tema, pero pasaba mucho en los vuelos, sobre todo al sur, Temuco-Osorno-Puerto Montt.

Otro caso digno de contar es de una mamá que se subió con tres niños hermosos. Los sentó en una corrida de asientos. "La madre del año" se sentó en la corrida de atrás, se tomó un valium. Acto seguido me pidió almohada y frazada y me dice, con la mejor carita de raja: "Linda cuídame a los niños, ya que estoy tan cansada, voy a dormir un rato, tú los entretienes amorosa ¿ya?"

Yo puse cara de incredulidad y con ganas de decirle: "¿Me está agarrando pa'l leseo?", pero no lo estaba haciendo. Se quedó dormida. Tuvimos que despertarla con una vaso de agua en la cara, ya que no reaccionaba. Se bajó “como pudo”, con los pobres niños corriendo tras ella. Nada que decir.

Hay muchas veces que he querido responder a estas madres sacrificadas, con frases a su altura, pero me era imposible. Si ustedes se preguntan qué les hubiera dicho -obviamente y de forma muy educada y digna, mandarla a la punta del cerro- hubiese sido algo así: “Señora lo siento mucho, justo el día que impartían el curso de cómo ser una buena parvularia arriba del avión, falté ya que estaba enferma, así que no estoy capacitada para eso”. Las hubiese mirado de arriba abajo con cara de pena, media vuelta y desaparecería del lugar de los hechos, antes que la señora me saque en cara todos los conocidos que tiene.

De verdad que creen que una es auxiliar multifunción: parvularia, enfermera, sicóloga, nana, cocinera, todo menos para lo que fuimos entrenadas, para sacarlos del avión en menos de 90 segundos en caso de un accidente.

Además, madres que viajen con niños les doy un consejo: en el avión no tenemos colados, pañales, juegos didácticos, McDonald's, ropa de recambio, libros infantiles, películas, leche, ni cascabeles. Es un avión, no una sala cuna, ni supermercado .Ojalá les sirva para el próximo viaje que realicen.

Nosotras somos auxiliares de vuelo, téngase presente.

Experiencia tragicómica

Como lo dice el título son experiencias, las cuales te confunden, no sabes si ponerte a llorar o reír junto con los pasajeros, lo mejor en estos casos es escuchar, sólo escuchar.

Les cuento una historia, pero para eso tienen que visualizar el escenario: verano mediodía, calor húmedo terrible, vuelo lleno, Arica- Iquique-Antofagasta – Santiago… más o menos se imaginan, bueno sigo.

Hacía un calor horrible y no recuerdo bien porque no podíamos cerrar la puerta, lo más probable que la cuenta a bordo no coincidía, pero en uno de los tanto paseos por la cabina veo a dos pasajeras llorando, pero con escándalo y lo peor de todo es que estaban en distintos asientos, una sentada casi en la salida de emergencia y la otra señora iba sentada en la penúltima fila, las dos lloraban y decían sus nombres y volvían a llorar.

Me acerqué a una de ellas para ver que es lo que pasaba y a que se debía tanta algarabía, tratando de calmarla además, ya que los pasajeros estaban poniéndose nerviosos. Me dijo que se llamaba María que era de Santiago y que su hermano había muerto hace poco, que lo llevaban a Santiago para el funeral y que lamentablemente había quedado separada con su hermana, la de la última fila que se llamaba Juana.

La explicación, por supuesto, fue entre lágrimas, hipos varios y sollozos, súmenle a todo esto la hermana que gritaba y lloraba desde atrás. Era todo un show, yo estaba de lo más complicada, porque miraba a las hermanas que sufrían mucho, pero no podía evitar reírme y a los pasajeros les pasaba lo mismo, recuerden que el vuelo iba lleno, o sea cero posibilidad de sentar a las hermanas juntas.

Entre tanto llanto, hipo, gritos entre las hermanas y ataques de risa contenidos por los pasajeros y por mí, un alma amable se apiadó de las hermanas y ofreció cambiar su puesto por la que iba atrás.

Llegó Juana a sentarse al lado de María y se pusieron a llorar, se abrazaron, sacaron sus pañuelos, y se abrazaron nuevamente, se sonaban ruidosamente y seguían lamentando la muerte de su hermano Luis, que viajaba en la bodega.

Ante tanto desorden y carcajadas de los pasajeros, no sabía que hacer, no podíamos ir todo el vuelo así. Solución: “La Amenaza”, nunca falla, las miré y les dije sabía que estaban pasando por una pena terrible, pero que tenían a los pasajeros muy nerviosos, ellas los miraban y por suerte todos pusieron cara de circunstancia, las miré y les dije que la única condición para que siguieran sentadas juntas es que no más llantos fuetes, ni sollozos, ni nombrar al hermano, ni nada.

Tenían que quedarse tranquilas, les fui a buscar un whisky a cada una, se los entregué e hicimos un pacto que consistía en: Si escuchaba un grito más, las cambiaba de asiento, pero esta vez más lejos una en la primera fila y la otra en la última, obviamente no enojada.

Las atendí como si fueran las únicas que viajaban en el avión, se lo comieron todo, se lo tomaron todo y se quedaron dormidas. Antes de llegar a Santiago, fue la jefa de cabina a hablar con ellas para darles el pésame y para saber cómo estaban, yo por si las moscas fui detrás de ella para que no empezaran con el show, cuando vi que comenzaban a hacer pucheros, las miré con cara de ¡¡¡NOOOO!!! Y se les pasó en seguida, se rieron y todo pasó.

Cuando se bajaron estaban de lo más agradecidas y contentas, por tanto whisky que tomaron, pero se les había pasado un poco la pena, así que misión cumplida en este vuelo en particular, otros no fueron tan fáciles de manejar, pero de eso les cuento otro día…

En todo caso yo creo que todos los que viajamos ese día con las hermanas María y Juana, no vamos a olvidar nunca de la experiencia vivida… tragicómica al fin y al cabo.

A riesgo de demanda o de una mala cara

II Parte.

1.-La vida de los pilotos y tripulantes es un eterno carrete durante los vuelos: Hay un poco de verdad en esta afirmación. Para ser justos hay decir que se trabaja y mucho, como les he comentado anteriormente, llegamos reventadas a la casa o al hotel, según corresponda. Cuando llegamos a la casa podemos hacer lo que queramos obviamente y cuando llegamos a los hoteles también Jajajajaj.

Les explico, cuando nos registramos en un hotel nos dan un “welcome drink” o “brebaje de bienvenida”, por lo que, dependiendo del nivel de cansancio y a la hora que tengamos que volar al día siguiente, se juntaba ala tripulación al famoso y siempre bien ponderado “after landing” (en terminología aérea), que sencillamente es compartir un traguito más un picadillo con la tripulación o tripulaciones que se encuentran alojadas en el hotel, para poder relajarnos y sacar todo el estrés del vuelo (acumulado de un día, semana o mes) . Hay que decir que hace un año atrás podíamos elegir el “refresco” que nos regalaban, pero pisco sour, cerveza, vino, mango sour, eran los más pedidos, todo era muy entretenido y simpático…pero como nada es para siempre y no falta al que se le pasa la mano… Luego de muchas “metidas de pata” de tripulaciones como: fiestas en la piscina, techos decorados con vino tinto, alfombras inundadas con cervezas, además sumen a esto, personal de los hoteles terriblemente sapos y pasajeros que se hospedaban en el mismo lugar que nosotras…. Pum llegó la “LEY SECA” para todos…buuuu, pero para todo problema hay una solución, siempre nos arreglábamos para juntarnos, conversar, total no hacíamos nada malo, sólo compartir con nuestros compañeras (os), sanamente. Eso si que había una regla que la mayoría seguíamos, “Si te levantas temprano, no hay copete, si vuelas tarde, sí lo hay, pero con juicio”… lógicamente siempre va haber alguien que rompa la regla, pero son los menos y están totalmente identificados o ¿no?...

2.- Emergencias: Es la primera pregunta que te hacen cuando saben que eres auxiliar o piloto, “¿has tenido una emergencia?” es como sinónimo personal de vuelo. Saben gracias a Dios y a todos los santos no he tenido ninguna emergencia de las graves, si cosas típicas como turbulencias fuertes y más que nada aviso de luces que se prenden en la cabina. En todo caso va a depender mucho de los pilotos, mantenimiento y mecánicos que no ocurran este tipo de percances. Afortunadamente en Chile todo lo que es mantención de aviones y torre de control es de primerísima calidad. No así la pista de aterrizaje, pero esto es otro cuento.
La gente que tiene más experiencias sobre emergencias son los pilotos sub 60’s, ellos como llevan mucho tiempo volando han pasado por casi todo. A mi me gustaba hablar con ellos porque contaban historias realmente increíbles. Como por ejemplo una vez contaban que en una gran turbulencia, entró la jefa de cabina gritando como las locas al cockpit y empezó a arañar al piloto, él hizo que lo tenía que hacer, le pegó un combo tan fuerte que la voto y la dejó inconciente. Cuando pasó todo se paro de su asiento y sale del cockpit y los pasajeros quedaron helados, estaba con la camisa llena de sangre, producto de los arañazos que le hicieron.
Lo bueno que en general, no pasan cosas muy graves y eso es para tranquilidad de todos, los que vuelan y no.
Hay muchas historias de los pilotos cuando volaban en la fuerza aérea que son terribles, en este lugar las emergencias andaban a la orden del día, una cosa natural por la forma de volar que tenías, el tipo de aviones, las maniobras que tenían que hacer, pero eso es cuento para otro día.
En resumen hay emergencias, pero gracias a Dios, son pequeñas y se pueden controlar a tiempo. El único accidente grave que conozco fue hace más de 20 años atrás, un avión Lan aterrizando en la ciudad de Calama se incendió, murió una persona, pero prefiero investigar bien y les cuento como fue.
Un adelanto para otro día… “el club de los 30 mil pies”… ¿saben lo que es?, sino pregunten e investiguen, google siempre es una buena opción jajajajajja …..

A riesgo de demanda o de una mala cara…

Parte I.

Vamos a desclasificar muchos mitos o leyendas urbanas que se tienen en cuanto a la aviación, pilotos auxiliares y su mundo en general.
Como he dicho en otras oportunidades, el mundo de la aviación encierra un sin fin de fantasías, que muchas personas creen y preguntan, pero la cosa no es tan así como ustedes piensan. Voy a tocar los puntos que son los más preguntados por gente que no es del medio.

1.- El mundo de la aviación es glamoroso: Quizás hace muchos años atrás así era, pero en estos momentos, para nada. Los vuelos son macabros. Tenemos que soportar que nos insulten, humillen, olores varios, toqueteos furtivos, pasajeros insufribles, al igual que compañeras y pilotos (hay que ser justos).
Hay cosas si que son entretenidas como los vuelos al extranjero, donde puedes visitar, comprar, matutear, conocer. Hay destinos que son envidiables, por ejemplo Francia, España, New York. Además tiene la posibilidad de conocer otros mucho más exóticos (pasajes más baratos y los liberados), por ejemplo Turquía, Marruecos, Egipto, China. Esto sí que es glamoroso y entretenido.

2.- Las auxiliares son todas estupendas: No, para ser justas hay mujeres muy lindas volando, pero los estándares a la hora de elegir una tripulante han bajado considerablemente. Lo que más llama la atención son las auxiliares bajas que apenas pueden cerrar un rack (donde va el equipaje) y otras un poco pasadas de peso (bastante). Pero hay que decir que en pocos lugares piden niñas altas, flacas, que hablen muchos idiomas, es cosa de ver las tripulantes de otros países, son la mayoría adultas y contextura grande (sobre todo las americanas). A ellas las tienen por un cuento de experiencia y para una emergencia son capaces de sacar a todos los pasajeros de un avión en menos de 60 segundos. En el extranjero una puede hacer una carrera y jubilar en este trabajo, cosa que en Chile pocas veces pasa, yo pienso que la edad tope es de 40 años y después de ser Jefa de cabida de primerísima clase, no queda muchos más, a parte del trabajo de oficina. Acá empiezan muy jóvenes a volar, sin haber estudiado una carrera para respaldarlas y la mayoría se sale al tiempo después para estudiar algo o por que formó una familia o simplemente porque se aburrió de bandejear.

3.- Los pilotos son todos regios: Jajaja, sorry que me ría. Hay grupos para clasificar a estos personajes
a) Los sub60’s supera los 60 años, arrugados, carreteados y con un genio de los mil demonios, con complejo de mino rico y del mandamás del avión y de todo lo que los rodea (entiéndase pasajeros y auxiliares). En todo caso ya van quedando pocos, se están extinguiendo.
b) Los que se creen solteros y deseables. Y no lo son jajajaja, la mayoría de los pilotos entra en esta categoría. Sin comentarios, nada más que explicar.
c) Los Solteros: Son los más deseables, ya que son excelentes partidos. En todo caso son muy pocos y la mayoría están ocupados.
d) Los “mente de alcantarilla”: Piensan y hablan todo en doble sentido, son unos desagradables, pero de a poco se van quedando solos.
e) Los separados y buenos para el carrete: Este grupo es el que reina en las aerolíneas, lo pasan regio y no se hacen problema por nada, cero compromisos y salen con cuanta mujer se les cruce por el camino.

4.- Romances entre auxiliares y Pilotos: Sí, obviamente que los hay, como en todas partes, oficinas, hospitales etc. En todo caso son menos de los que todo el mundo se imagina, pero las condiciones ayudan, casi obligan a que esto pase por un tema de horarios, pernoctadas, temas de conversación. Piensen que este trabajo es distinto a los normales, cuando ustedes trabajan, nosotros carreteamos y viceversa, es muy complicado juntarse con amigos y tener pareja. No tenemos feriados, ni cumpleaños, ni celebraciones especiales. Es muy difícil programarse para acompañar a alguien a una fiesta, matrimonio, fin de semana etcétera. Hay muchos que no entienden que una llega muy cansada de los vuelos con ganas de acostarse a dormir hasta el otro día, a mi muchas veces me dijeron “porqué estas tan cansada si arriba del avión no haces nada”, no saben los combos que se comieron esos pobres cristianos. Mientras que tus compañeros de trabajo sí saben lo que es volar 12 horas, llegar reventada a la casa con ganas de nada, es por esto que se forman parejas, porque nos entienden. Pero como en todo trabajo es terrible trabajar con tu pareja, sobre todo si el personaje en cuestión está rodeado de 120 mujeres, da lo mismo si son regias o no, son mujeres y punto.

¿Quién dijo que ser tripulante de cabina era fácil?


Con la mayoría de las personas que alguna vez he hablado sobre el tema de mis años de auxiliar, lo que mas escuché es “es muy fácil ser azafata”, pues les voy a contar que no lo es.

El comienzo, es como todo el mundo, un aviso en el diario, la recomendación de una amiga o de pura patuda que vas a dejar tu curriculum. Una vez que pasaste una serie de entrevistas, test psicológicos, test de idiomas hasta exámenes de droga, puedes decir que pasaste la primera parte.

Es ahora donde el tema se pone difícil. Tienes que asistir a clases, todos los días de 9:00 hrs. a 18:00 hrs. Por tres meses, más las prácticas, que la mayoría de las veces se hacen de noche.
Aquí te enseñan materias básicas, desde como vuela un avión a cosas más complicadas como salvar la vida de alguien o manejar mercancías peligrosas.

A todo le tiene que añadir que estamos en constante evaluación, por nuestro comportamiento, excelente apariencia (peinado, maquillaje, manos, peso etc.).

Luego empezamos con las materias que comprenden aerodinámica, fisiología de vuelo, materia, esto es el avión o los aviones que volaras), emergencias, primeros auxilios, sobrevivencia, los reglamentos de vuelo (que so millones, los famosos DAR), comportamiento con personal de la aerolínea, pasajeros. Sabe manejarte en situaciones difíciles, bajo presión. Para esto hacen “juego de roles” con actores y nos ponen en situaciones de verdad escalofriantes, para ver como utilizas todo lo aprendido, más el sentido común y criterio y así salir dignamente de algo que puede casar una catástrofe, como por ejemplo “pánico a bordo”.

Ya pasaste por todo esto que es ciento por ciento teorías, luego viene lo bueno y entretenido, por lo menos para mí, la práctica. Te llevan a los aviones, te familiarizas con ellos, tienes que saber donde esta cada cosa, desde los equipos de emergencia, hasta donde se guarda el té y el café. Tienes que saber operar cada instrumento del avión, puertas, ventanas, interfonía (medio de comunicación entre capitanes, auxiliares y pasajeros). Saber identificar cada ruido del avión, saber identifica los distintos timbres que suenan, los distintos sonidos que puedes escuchar, para diferenciarlos de algo bueno o algo muy malo. Conocer le perfecto funcionamiento de luces, pantallas, baños, armado y desarmado de toboganes (muy importante). Es decir conocer el avión por dentro y por fuera como la palma de tu mano.

Ustedes creen que es fácil, pero cuando te subes aun avión y vez cosas que sólo conocías por cuadernos, libros y presentaciones es completamente distinto, sobre todo para las personas que nunca han volado.

Una vez que te sabes al revés y al derecho el “material”, vienen las prácticas. Esto es abrir y cerrar puertas y ventanas, saber dónde están y utilizar cada elemento de emergencia como por ejemplo las cuerdas de escape, los tanques de oxigeno, los toboganes. Te enseñan a accionar un tobogán, ya sea simple, de doble carril o tobogán balsa, tienes que saber como abordarlo, desengancharlo, que hacer en caso que no se infle (también sirven, es más lento, pero todo se utiliza en caso de una emergencia).

Luego pasamos al taller de oxigeno, extintores, materiales peligrosos. Acá tienes que saber como usar un tanque de oxigeno, ya que varia según la persona y problema que tenga, saber si esta bueno el oxigeno, cuánto remanente dejar etc. En le taller de extintores, obviamente saber a utilizarlo, conocer e identificar los tipos de fuego y con que lo vas a apagar, sí mis queridos hay varios tipos de fuego en el avión y hay que conocer muy bien como extinguirlo o sino lo puedes alimentar y puede llegar a una catástrofe.

En la parte de sobrevivencia, tienes que saber como se infla y arma una balsa y conocer cabalmente como funciona y utiliza cada elemento que contiene el kit de emergencia. En el caso que el kit quede en el mar, bajo la “embarcación”, tienes que saber tirarte al agua, desengancharlo, subirlo y empieza el show. Esto es identificarse, saber quien esta herido, muerto, extraviado etc. Delegar funciones, atender a los heridos, proporcionas primeros auxilias, racionar los elementos y cobijarnos, para esto se arma el toldo, bueno en algunas balsas más sofisticadas, el toldo de arma solo, pero caso que no lo sea, tienes que saberlo. Saber emitir señales de rescate con bengalas, espejos, linternas.

Además saber sobrevivir en climas adversos, tener cocimientos sobre tu entorno, como saber si estas cerca de tierra…etc.

Gracias a Dios y a la tecnología, nos es mucho lo que estarías tan perdido, ya sea en tierra o mar, ya que el avión emite una señal en el momento que choca. Y parten enseguida todos los equipos de rescate. Últimamente se han visto varias evacuaciones totalmente exitosas, gracias a la habilidad de las tripulantes de cabina, la meta es sacar a todos los pasajeros en 90 segundos y o digo con mucho orgullo lo han hecho exitosamente.


Faltan muchas cosas más, pero eso quedará para otro día, pero les hago una pregunta...
¿quién dijo que ser tripulante de cabina era fácil?, yo no por lo menos.