
Hace un año que me dejaste, en mis brazos tu alma ascendió al cielo y se posesionó como la estrella más luminosa que alumbra mi vida, que me da fuerza y coraje para seguir adelante.
Desde allí nos cuidas, “mi angelito de sonrisa de niño”, viendo todos los cambios que nos han afectado desde que partiste.
Penas, alegrías, celebraciones, cumpleaños, asados, navidad, año nuevo sin ti, no han sido fáciles. Pero siempre la familia se ha mantenido unida, cuidando tu tesoro más preciado “Tu adora Anita Rosa”.
No ha sido una tarea fácil, menos después del terremoto, la “Soa Chapu” se nos arranca continuamente, pero ya está más tranquila y gracias a la compañía de tus queridas nietas ha sabido salir adelante.
Yo, creo que ha sido la que peor lo ha pasado, ya que estoy lejos de casa. Para la familia fue difícil, pero se fueron de a poco acostumbrándose a los cambios. Primero, los tuyo, tu enfermedad, tu deterioro, tu ánimo, tus dolores. Yo no los viví por completo. Fueron sólo dos semanas en las que me llevé las sorpresas más terribles y agradables de mi vida.
Lo que más recuerdo, es el día que llegué de sorpresa y me viste frente a ti, te paraste, me miraste y me abrazaste. Dijiste “mi rucia querida, estás acá” (sin que ninguno de los dos diera por entendido lo de tu enfermedad). Ese fue el último día que estuviste bien, caminando, comiendo, sonriendo. Es como si me estuvieras esperado para partir tranquilo y así fue. A tu lado me quedé día noche cuidándote, alimentándote con tus comidas favoritas, viendo películas, leyéndote, contándote una y otra vez las historias de la Isla de Pascua que tanto te gusta escuchar. Te acuerdas que nos hicimos una promesa; la voy a cumplir, ya no contigo, pero sí con mi mamá.
Lo que más me gustaba era calmar tus dolores, tomándonos de las manos, mirándonos a los ojos y respirando juntos para que te relajaras. Me sentía conectada a ti y poder aliviar tu dolor para mí era el cielo.
Ese día jueves 18 a las 11:45 hrs. Todo cambió para nosotras, tranquilamente, junto a tus mujeres junto a ti, todas tomando tus manos, tus brazos, tus pies y escuchando la música que tanto te gustaba, tu amado jazz. Un ambiente tranquilo, un día de sol. Yo sentada en la cabecera de la cama, abrazándote, sosteniendo tu cabeza y diciéndote al oído muchas cosas; como te quiero, descansa, yo me haré cargo de mi mamá, nunca estará sola, tranquilo; hasta que tu cabeza cayó en mis hombros con el último suspiro tu vida se extinguió. Ni cuenta nos dimos. Tu alma se fue al cielo, lentamente.
Nos diste muchas sorpresas Peladito Bello, como por ejemplo que dejara de llover el día del funeral, el arcoiris que apareció ese día y que nos acompaño por tres meses más en la misma fecha. O la vez que fuimos al café, que por 14 años visitaste, la mesa 17, los meseros, que te fueron a ver al velorio, quedaron impactados porque el mismo día que te estábamos velando, tú muy patudo, fuiste a tomar el último café, no podía ser de otra forma ¿no? Un Moraga, es un Moraga siempre.
Me imagino que lo estas pasando muy bien e el lugar que estas, con el tío Humberto, el Tata Nano, la Tía Clarita, Tío Carlitos, la Gueli y los músicos que se fueron a alegra tu fiesta.
Sabes Peladito bello, para mi ha sido más fuerte tu partida, ya que estoy en Santiago, lejos de casa y no computo, no asimilo tu muerte. Siempre pienso cuando viajo a Concepción, que me vas a abrir la puerta con tu sonrisa, abrazándome me invitarás a u rico desayuno juntos, al compás del jazz o blues y preguntándome por las últimas noticias de mí trabajo, del cual te sentías tan orgulloso. Pero cuando abro la puerta de casa es como si murieras una y otra vez.
Para mi ha sido más difícil, al estar sola en Santiago, tu querido Santiago. Tú sabes la cantidad de veces que lloré, patalee, me enoje, maldije; pero ya pasó. El viernes pasado me diste una señal maravillosa y todo cambió. Estoy tranquila, con pena, pero tranquila. Tengo una vida que vivir, con tu hermoso recuerdo.
Puedo decir que tuve el tiempo justo, más calidad que cantidad para compartir contigo, estar a tu lado y decirte lo mucho que te quiero, respeto y siempre recordaré.
Mi querido Peladito bello te extraño mucho, lo sabes, pero sigue cuidándonos como lo haz hecho hasta ahora y sigue brillando en esa estrella que cada noche miro y resplandece en colores de cada arcoiris que veo. Eso eres tú, brillo, alegría, música y colores.
Y como te dije, espero el abrazo que nunca me diste…
Te adoro y estoy muy orgullosa de ser tu hija, de que fueras mi padre querido, de todo lo que me enseñaste y quisiste.
Tu Rucia.

1 comentario:
ameliabruja Jun 24, 9:05pm Precioso homenaje el que le hiciste a tu papá. No pude comentártelo porque no tengo contraseña, x eso te escribo acá
Publicar un comentario