martes, 31 de agosto de 2010

La aventura en los Motus


Nuevamente partimos tempranito en la cabaña, nos saben lo difícil que es tener a ocho personas listas sobre todo si la mayoría son mujeres y con una ducha disponible….

Después de tomar un rico desayuno con pan amasado recién saldo del horno, con mantequilla, frutas frescas piña, papayas, bananos…mmm..... Ricooooooooooo, como dicen por ahí “guatita llena…corazón contento!

Todos arriba de los autos y nos fuimos a la caleta, aprovechamos la clásica” sesión de fotos”, por aquí, por allá, para acá, levanta la mano, sonríe .jajajjaj y viendo el maravillosos paisaje que nos regalaba una vez más la Isla, un mar de colores impresionantes.

Al rato después llegó Moni-Moni con la comitiva que nos llevaría a este viaje-aventura, todos arriba del bote, tratando de “estibarlo” para que no se fuera para un lado, era un cambio de lugares de lo más divertido, cuando estuvimos listos en nuestros lugares, alguien gritó “hay una tortuga”, todos nos paramos y nos desordenamos, sacando las cámaras, el grito del “capitán” fue rotundo, todos en sus posiciones sin moverse, ni siquiera parpadear…ajajaj

Y después de darle cuerda al motor, navegamos, navegamos, pasamos cerca de los “veleritos” que estaban anclado en la bahía, mucho lujo.
Todas poniéndose protector solar, peinándose, sacándose las poleras para quedar con un bronceado espectacular. Pasamos cerca de las miles de cuevas que hay en toda la costa de la Isla hasta que llegó la “lluvia salada”. Les voy a explicar bien a que me refiero.
Resulta que el bote seguía una trayectoria paralela a las olas y el viento, pero nuestro “capitán” era un poco desordenado y quería llegar parido, así que empezó a “cortar olas”, el mar nos caía encima con baldes, al comienzo todos nos reíamos, pero después de haber tragado mucho agua (cierra la boca para la otra) y tener los ojos inyectados en sangre por agua salada que entraba a litros, ya no fue tan placentera la aventura. Tratando de ser digna, me puse los lentes de sol y encima un “pareu”, que estaba seco, pero a los dos segundos estilaba, lo estruje más de 15 veces, hasta que me di por vencida y ahí quedé sentada en el bote chorreando agua salada, tratando de mantener la boca cerrada, ya que era tanto lo que había tragado que me dolía la garganta. Todos nos mirábamos y era para la risa, el pelo mojado, el maquillaje corrido, chorreando agua por todos lados.
Hasta que llegamos a los Motus. Quede con la boca abierta al ver el mar de un color azul oscuro, bello y los Motus imponentes frente a mi, no tengo palabras para describirlo, sólo ojos grandes y boca abierta…Todo el rato
Los chicos se tiraron piqueros y nadaban, yo como “no nado nada” me quedé en el bote sacando fotos, les gritaba “chicos saludes” y todos con las manos arriba muertos de la risa, parecía un “nado sincronizado desordenado”..Ajajaja fue muy divertido.

Miraba lo lejos, la aldea de “Orongo”, los acantilados imponentes, el mar que acariciaba la costa, el color, el sabor el paisaje y ahí supe que me había “enamorado de esta isla tan especial” y que este amor que sentía sería para siempre.

Estábamos de lo mas entretenido hasta que escuchamos el grito del “capitán” “ a sus puestos”… Todos corriendo arriba del bote de lo más obedientes, y partimos de vuelta a la caleta y con la lluvia salada nuevamente…
Que manera de tragar agua..

Llegamos a la caleta con una ola gigante, casi surfeando en el bote, nos bajamos, pagamos y a comer ricas empanadas de atún de los carritos y revisando las fotos que alcanzamos a sacar antes de la “lluvia salada”… Salieron bellas

Ah!!!! y les cuento que las mejores empanadas de atún de la Isla, son las de los carritos, frente a Playa PEA, o la playa de las Tortugas (yo vi tres, enormes).


Esta es una de las veces que fuimos a nuecera los Motus, viene otra que fue mucho más “Pro”, con decir que me tiré piqueros, bucee, bueno tragué agua para variar, pero estuvo “PETI”.

Pero esas historia quedará para otro día…Descubrirán todo sobre el Moai sumergido… ¿Es verdad, es mito?... Sigan las historias y o sabrán…


Iorana Korua

Los Moais y la tremenda caña, no es una buena combinación.


Después de un tremendo carrete, partimos temprano a Rano Raraku. El volcán donde sacaban las piedras para hacer los moais.

Realmente bello, el camino, precioso, los colores increíbles, salían los caballos salvajes a saludarlos al paso.

Lo bueno que íbamos un guía increíble, el querido Enrique.

Yo feliz mirando el paisaje, cuando nos empezamos a acercar al volcán….Ufff la vista es maravillosa, los moais a lo largo de la cantera, esperando por nosotras y vigilando su bella Isla.

Partimos el recorrido con un sol terrible, humedad a mil y con muchas botellas de agua.
Caminamos mucho y en cada parada había uno anécdota que escuchar, de verdad las agradezco, aprendí mucho.

Repasamos la historia de la Isla y probamos en terreno las teorías de Enrique. Sí tienes toda la razón en todo.

Yo estaba parada a mitad del volcán, mirando el paisaje, los moais, el cielo, el mar. A lo lejos se podía ver “Togariki”, impresionante la emoción era tan grande como la tremenda caña que llevaba. Como les explico mucho calor, humedad de verdad estaba “fermentado” Vodka jajjajajjaja, pero valía la pena el sacrificio, todo lo que vi, lo que sentí, lo que escuche…. No tengo palabras para describirlo, sólo hay que vivirlo.

Vimos la evolución que tuvieron los moais a través de la historia, como los tallaban, la teoría del “GPS”, cocinas y muchas cosas más. El Primer Moai, el Moai Paoa, bello.

Nos subimos al jeep y partimos al Ahu Togariki y ahí me morí. No aguanté más, me quedé más de media hora tirada a pleno sol esperando que pasara la “enfermedad”, pero me prometieron que otro día volveríamos y que al lugar donde íbamos se me pasaría el malestar. Y es verdad, llegamos a un pozo o piscina natural, realmente bella, al agua en menos de tres segundos, que agradable, agua tibia en mi cuerpo, mirando el fondo, pececitos, piedras, sol. Al rato nos tiraban piñas pelada, las comimos “cual helado”, que cosa más rica, amo las piñas de la Isla, son la cosa más rica que he comido.

Después de varios chapuzones, caídas y piqueros, sentí olor asado y justo en eso momento…” me morí”, no pude más, gracias a Gonzalo estaba después de 20 minutos en la cabaña de vuelta, pasando la caña. No saben cómo me arrepentí cuando vi las fotos y escuche las historias de las chicas que habían llegado, dije “nunca más”… bueno….

En la noche me quedé escuchando música y leyendo, disfrutando de una noche maravillosa, mientras que mis amigas estaban felices bailando en el “Piriti”, bueno son las consecuencias de la caña.

Al día siguiente estaba al 100%, me levanté feliz de la vida, respirando aire puro y un poco impactada, ya que el “patio” estaba lleno de caballos y vacas. Yo como las locas espantándolos….jajajjajaj

Las vacas se comían las toallas, y yo corriendo tras ellas gritándoles para que se fueras, tropezaba con cuanta piedra encontraba, al final me quedé de lo más tranquila entre los “manabais”, esperando que mis amigos aparecieran.

Que cosa más increíble estar en la Isla, con caña, espantando animales, deseando tomar agua helada todo el rato. Viendo como aterrizaban los aviones. Es todo tan sencillo, tan mágico, tan místico. Realmente es otro mundo.

Ese día nos fuimos a los “Motus” a bucear…

Más adelante les cuento ese viaje que estuvo “extremo a morir”….jajajjajajaja

Maururu
Irorana

La historia del hombre pájaro, el huevo del minutara y Maricel con vértigo.


Después de un rico desayuno con pan amasado, partimos a la aventura a subir el volcán Rano Kau, donde se encuentra la aldea ceremonial “Orongo”

Todos arriba de los autos y al volcán de ha dicho, el paisaje realmente bello, el mar, los colores, las casas, hoteles, todo es precioso.

Nos acompañó un sol fuerte, un calor terrible, humedad y mucha tierra, pero daba lo mismo, cuando llegamos al primer mirador, todas las incomodidades pasaron. Una vista asombrosa del cráter, lleno de agua de lluvia, mucho verde por todas partes. Y empezó el show de fotos y preguntas a nuestro querido guía “Emilio”, el pobre quedó chato, pero eso le pasa por salir con los “Conti”…ajaajaja

Luego de una rato en auto llegamos a la cima del volcán, pagamos nuestra entrada y a caminar se ha dicho, hasta que empezamos a ver las construcciones de las casas, los lugares donde cocinaban, donde juntaban agua lluvia, donde las mujeres tenían a sus hijos, puedo decir que eran muy adelantados a su tiempo, tenían partos en agua tibia.

Cuando llegamos a Orongo, se me encogió el corazón, son cosas que una conocía por libros, por relatos de amigas o por fotografías, pero estar allí es realmente emocionante. Saber que mucho tiempo atrás la gente hacía su vida normal, conversaban, cocinaban, hacían sus ceremonias, etc.
Las casas súper sencillas y elaboradas a la vez, eran construidas de piedras perfectamente cortadas y ensambladas. No tenían ventanas, ni otro tipo de comodidades total ellos sólo “dormían” en ellas. Y de nuevo la producción de fotografías, “ponte allá, baja la cabeza, no te vayas a caer, cuidado con las piedras, sí va a salir el volcán” eran una de las tantas instrucciones tanto de fotógrafas como de los fotografiados...Ajajá jajá

Hasta que llegamos al lugar, donde cuenta le leyenda se hacía la ceremonia del “hombre pájaro”, se podían ver los “Motus” el lugar donde los pájaros minutara iban a depositar sus huevos y el primer hombre que llegara nadando, reinaba la Isla por un año.
Y ahí empezó el show del vértigo, por un lado tenías el cráter del volcán, bello y por el otro lado acantilados y el mar. Debo decir además que había mucho viento, una combinación terrible para mis pobres nervios, andaba casi de rodillas para no caerme. Me saque fotos con los pocos petroglifos que van quedando, obviamente hacen alusión al “hombre pájaro”. Entre tanta foto, historias que se contaban y preguntas que eran respondidas, me regalé y bien agarrada de una cuerda observé el paisaje. Una tranquilidad, una paz tan grande que sobrecogía el espíritu. Yo me imaginaba ver el amanecer o e atardecer en ese lugar, tiene que ser indescriptiblemente bello, no lo hice, pero la próxima vez que vaya… Espérame Rano Kau que de allá soy.

Que lamentable que no estuvimos allí para la “Tapati” cuando recreaban las ceremonias que se hacían tiempos atrás, pero nuevamente, cuando vuelva…De allá soy…ajjajajja

Dicen algunos por ahí que la Isla se puede recorrer en 4 días, están totalmente equivocados, con 15 días que estuve, me faltaron millones de cosas por conocer, recorrer y descubrir.

La Isla es mágica, la Isla es bella... Espera por mí…

Maururu
Iorana



…Mirábamos los “Motus” tres pequeñas “islas”, lejos de nosotros, se veían diminutas, pero las apariencias engañan. Cuando fuimos a bucear allá, todo cambió, pero eso queda para otro día…

El Misterio del Leprosario


Para contarles mi visita al cementerio del leprosario, los tengo que ubicar un poco en la historia que éste tiene, para que se den cuenta lo que se siente cuando se llega a este lugar tan especial.

Hay muchas teorías de cómo llegó la lepra a la Isla, algunos dicen que provenía de la Polinesia por isleños que fueron llevado allá, esclavizados y de vueltos a la Isla ya que estaban enfermos. Otros dicen que alrededor del año 1888 fue llevado por un Tahitiano.

No sé cuál será la correcta, pero la lepra se instaló un la Isla y causó mucho sufrimiento y muertes en su población.

Lo más terrible de todo es como fueron tratados los pascuenses enfermos, llevados a cuevas insalubres, sin luz, sin comida y agua, ni ayuda médica. Ellos sufrieron mucho, fueron maltratados estigmatizados, tratados como animales.

Por muchos años estuvieron aislados, tirados como la peor lacra de la sociedad, por militares, chilenos y sus compatriotas.

Después de mucho tiempo llegó alguien que se dio cuenta del problema y fueron reubicados en terrenos muy alejados de todo, para evitar el contagio.

Pero hubo una verdadera “caza de brujas”, los habitantes eran examinados por gente que no tenían conocimiento medico y menos de la enfermedad, por lo que la mayoría de las veces encerraban a gente sana e irremediablemente morían contagiados.

Hay dos tipos de lepra, la lepra tuberculoide que tiene tratamiento y sanación. Y la lepromatosa que es la que provoca deformidades y finalmente la muerte. La gente no sabía esto, revisaban a toda la población y si tenían una mancha eran encerrados, no importaba la edad o sexo. Muchas familias se separaron debido a esto. Según documentos cerca del año 2000 vivía el último pascuense leproso que sobrevivió a todos los horrores del “campamento de Auschwitz”, como ellos lo llamaban.

Después de muchos esfuerzos de médicos, sacerdotes, monjas y gente caritativa, la enfermedad se fue controlando hasta llegar al fin de esta historia tan negra y horrorosa que tuvieron que vivir muchos y que los ancianos todavía recuerdan.

El lugar quedó totalmente abandonado, perdido en el tiempo y espacio de la Isla. Hasta que algunos arqueólogos llegaron al lugar donde se encontraba el cementerio, hicieron una gran labor, clasificaron todas las personas muertas, los enterraron debidamente y pusieron una gran piedra, un monolito con los nombres de todas las personas que murieron, para ser recordados debidamente.

El lugar estaba tan cargado de energías, que decidieron hacer un liceo, donde muchos niños con sus risas y juegos cambiarían el ambiente del lugar. No está cerca, lógicamente, pero dentro del mismo terreno que es inmenso. El cementerio queda unos cuantos kilómetros del colegio.

Cony nos había contado la experiencia, junto a Feña tuvieron, de la visita al cementerio. Yo quedé tan sorprendida que quise visitarlo. Nos pusimos todos de acuerdo y partimos un día en la tarde. Éramos ochos personas caminando por esos terrenos, que tiempo atrás ran sinónimo de sufrimiento y tabú.

Yo o sé si fue por las historias contadas o leídas, sentía algo especial, mientras más me acercaba, más me angustiaba, miraba para todos lados, observaba el paisaje y me trataba de imagina lo que habrá sido estar allí encerrada…Ufff... El sentimiento era terrible.
Cuando por fin llegamos, con mucho respeto entramos al lugar, tratando de no pisar nada, de no tocar nada. Por eso no hay fotografías del lugar, no quise perturbar el lugar y la gente que allí por fin descansaba en paz.

Cuando vimos el monolito con los nombres y edades, quedamos impresionados, desde 2 años hasta el más anciano de 100 años. Recuerdo que andábamos con la “gatito” la hija de Feña que tiene tres años, ella en su inocencia corría por todas partes, hasta que en un momento trato de pisar una de las tumbas y los siete le gritamos al unísono ¡NO! La pobre quedó inmóvil y un poco asustada. Yo en ese momento no pude más de los nervios y salí, me aleje lo más que pude y comencé a rezar por las almas de esas pobres personas que tanto habían sufrido.

A Gonzalo e un momento se le cayó una colilla de cigarro y estábamos todos en cuatro patas buscándola, recogimos mucha basura y la fuimos a tirar a otro lado.

Salimos del lugar y nos empezamos a acercar nuevamente al colegio y todos los sentimientos fueron pasando de a poco, pero de verdad es impresionante lo que hace sentir ese lugar en cada persona, recogimiento, angustia, extrañeza, incredulidad etc.

La lepra fue completamente erradicada entre los años 70 y 80, pero no se comentaba nada, para no asustar a la gente y no ahuyentar a los turistas.

Como dije antes, en el año 2002 le hicieron una extensa entrevista a Paiano Ika, el último leproso de la Isla, y por lo que leí, todavía quedan en su mente y cuerpo rastros de esta terrible enfermedad y por todo lo que tuvo que pasar.

Si visitan alguna vez la Isla, no dejen de ir a conocer el cementerio del Leprosario y aprovechen de rezar por todas las personas que pasaron por todas esas penurias. El sector se llama Colonia y queda a 18 kilómetros del pueblo, por un camino en muy mal estado, de tierra. Así que paciencia.

Ah, les recomiendo, no tirar nada en el suelo, no hacer pipi, ni vomitar, no hacer nada, sólo mirar con respeto y si son creyentes, pensar en ellos y desearles un dulce descanso.

Bucear en el Mar Pascuense... Una experiencia Inolvidable....


El día del buceo con tanque, nos levantamos "tempranito", almorzamos y nos fuimos a la Caleta donde tiene su local Mike Rapu. Yo no almorcé, ni tomé nada de los puros nervios, era una “gelatina con patitas”.

Tengo que explicar que sufro crisis de pánico y un poco de claustrofobia, pero van en franco retroceso, después de algunas sesiones (muchas) con mi querido psicólogo, pero existía el miedo de lo desconocido y de qué me podía pasar en las profundidades del mar Pascuense.

Nos mandaron a todos a poner los trajes y a sentarnos para escuchar la charla de introducción al buceo. Yo veía que la boca del instructor se movía, pero no asimilaba lo que decía, o sea en blanco total. Lo único que retumbaba en mi cabeza era la palabra “ecualizar”, “morir”, “profundo”…. Es en éste momento cuando nos estaban enseñando a ecualizar y yo en las nubes, creo que lo hice a propósito...de puro susto.

Yo muy digna, sentada frente al mar "pan para pan pan pan pan"… Mirando el horizonte, pajaroneando, sentía que me hablan y me pasan una máscara y la boquilla para respirar, en ese momento tenía los ojos como “huevos fritos” de abiertos, el instructor nos dice que nos pongamos las máscaras para ver si nos quedaban bien y luego viene el ejercicio de respirar a través de la boquilla y olvidarse totalmente de respirar por la nariz. Hice los ejercicios, pero no me salían bien. Como éramos un grupo grande, 7 personas, el instructor rápidamente nos dijo “todos listos, todos al bote”.

Yo pensaba, “bueno si no buceo, me quedo en el bote tomando sol” y partimos a navegar y a vivir una de las experiencias de mi vida que jamás voy a olvidar.

Ya en alta mar, nos dijeron que bajaríamos en dos grupos, primero los que sabían bucear y luego el resto. Ahí me tranquilice, tuve tiempo para mirar todo el procedimiento de postura de máscaras, tanques, plomos, gualetas. La forma como se sentaban en la orilla del bote y caían hacia atrás, se ponían la boquilla y bajaban rápidamente. Todo esto era observado por mis “ojos de plato” y la boca abierta.
Cuando llegó mi turno, veo a mi instructor, me puso todos los implementos y cuando estaba a punto de tirarme al agua, me pregunté “¿por qué no está él en el agua esperándome?” como había pasado con todos mis compañeros. Empezaron los tiritones nerviosos, él me dijo, “vas con otro guía”, yo no entendía nada. Al final fue tal la pelea de “lánzate”, “que no me tiro”, le dije “si no veo con quién voy no me tiro”, muy amurrada. El pobre guía que me esperaba en el agua hace más de 10 minutos, tuvo que avanzar un poco hasta que lo pude ver, bueno en realidad vi una máscara mojada y una cabeza negra cual “foca”.
No me quedaba otra cosa más que rezar y tirarme, lo hice, en cosa de segundos estaba en el agua dando tumbos igual que un “muñeco porfiado”...ajajajjaa Viéndolo ahora, de afuera, me veía de lo más divertida.
El monitor me afirmó bien del tanque "cual títere" y me dejé llevar, me miró y yo creo que se asustó con la cara que tenía “pánico” era poco, me dijo “relájate, mi nombre es Cristián y si no quieres bajar, nos quedamos nadando por acá” y lo remató con la frase típica de los hombres “puedes confiar en mí”, ahí me dio ataque de risa y me tranquilicé completamente.
De a poco empecé a respirar por la boquilla, serena, mirando el paisaje y de repente estaba bajo el agua buceando, no me dí ni cuenta, Cristián me tocó el brazo y me hizo mirar hacia abajo, vi pasar a la Cony y la Feña.
En ese momento me sentí bien y feliz, le hacía todo tipo de señales a Cristián. Seguimos bajando y subiendo, ecualizando y mirando, hasta que empecé a ver pececitos de colores, corales enormes, erizos por todos lados, veía a mis compañeros que pasaban por mi lado, las burbujitas que salían de mi boquilla, yo me reía sola, feliz.
En menos de 20 minutos estábamos tocando el fondo, jugamos con la arena, la tomaba entre mis manos, la miraba incrédula hacia arriba, veía los pocos rayos de sol que lograban pasar y alumbrar el fondo, trataba de tocar todo lo que tenía por delante, partía como loca detrás de los peces, encima de los colares, tomé caracoles y jugaba con ellos, parecía una niña descubriendo cosas nuevas y era así.

La sensación de bucear es tan increíble, no sientes la gravedad, ruidos (bueno el ruido mi respiración y de mi corazón que latía fuertemente), es como volar, me sentía libre, sin miedo. Y me dije “muy bien Maricel, prueba superada”.

En eso estaba, cuando Cristián me tocó el hombro y me hacía la señal de subir, yo le decía que no, pero me infló el chaleco y subimos lentamente, hasta que asomé la cabeza, vi de nuevo el cielo, me saqué la boquilla y mis primeras palabras fueron... “Necesito un vodka naranja a la vena, esto fue in- cre-i-bleeee”, me doy vuelta y veo el bote y a mis compañeras que estaban arriba mirándome y preguntándome...“¿cómo te fue?”.
Me sacaron el tanque, los plomos, la máscara la tiré lejos y me subí al bote y dije “Bacán, feliz, increíble y gracias Cony por obligarme a venir”. Me senté sobre nubes de pura felicidad por lograr algo a lo que le tenía tanto miedo. De a poco fueron apareciendo los que faltaban del grupo y nos fuimos de nuevo a la caleta. Me bajé sobre revolucionada, andaba a mil por hora. Quería celebrar mi gran proeza. Y eso hicimos. Me ría sola...ajajjajajaj.

Después de un buen rato, sentí el cansancio. Es como dar un examen muy difícil, luego te pasa la cuenta, sentía todo mi cuerpo adolorido, pero no importaba nada, había buceado en el mar de la Isla de Pascua. Que más podía pedir….Bucear con snorkel, pero eso se los cuento otro día…

Lamentablemente no hay fotos, ni video de esta aventura, pero esta grabado en mi mente.

Maur uru
Irorana

martes, 17 de agosto de 2010

Mariplopis buscando desesperadamente un bunker.


Mis queridos vecinos, mi vecina antigua y la nueva.


Ya todos saben quienes son mis famosos vecinos y cuales son sus virtudes y falencias, esas cosas que me hacen aborrecerlos profundamente.

Pero bien dicen por ahí, que dentro de lo malo, se pueden sacar experiencias y cosas buenas, yo no creía para nada, pero me pasó.

Se acuerdan de mi vecina “Tití”, la que salta de mi balcón al suyo cuando se queda puerta afuera. Ella es la protagonista de la primera historia.

Hace dos semanas, martes a las 7:30 AM, estaba en la ducha cuando escucho unos golpes fuertes, pensé en seguida en ni vecino lujurioso, así no le presté importancia. Los ruidos siguieron cada vez más fuertes, hasta que de repente escuché un grito. Salí volando del departamento, con bata y me quedé esperando para tratar de ver de dónde venía el ruido. Había dos personas afuera, en el pasillo mirando sin hacer nada. De pronto escucho más golpes con gritos, venían del departamento de mi vecina Tití, me acerqué a la puerta y una de las personas que estaba en el pasillo, me dijo “no te metas en líos, llama a los carabineros mejor”. La miré con los ojos muy abiertos, no podía creer que fueran tan poco empáticos y solidarios, pero bueno.

Me acerqué a la puerta, y le pregunto “Flaca estas bien”, se escucha un suspiro y luego un grito “me quedé encerrada en el baño, por favor ayúdame” seguido de llanto. Miré la puerta con los ojos muy abierto y comenzó “la operación comando”, le grité a mi vecinita Tití que se quedara tranquila, le dije ala “vecina sapa” que llamara a los conserjes, y por si las moscas, me aseguré y llamé yo. En dos segundos tenía a todos en mi puerta entrando a mi departamento. Yo con martillo en la mano, dirigía a todos, sin sepárame de la puerta de mi vecina, le hablaba, para que se tranquilizara.

En dos segundos, llegó don Miguel, entró a mi departamento, saltó el balcón, entró donde mi vecina y abrió la puerta, me agarró de un brazo y me dejó adentro, calmando a la pobre vecina Tití. Cuando entré veo la perta del baño, con un tremendo forado al nivel de los ojos, por ahí miré y vi a mi vecinilla llorando, le hablé, le dije “flaca, mírame, estoy acá, te vamos a sacar, tranquila”. Por el agujero la miraba y me fijé en sus manos, estaban sangrando. Me veía con cara desesperada. Yo con mis conocimientos de vuelo, los apliqué todos. Le hablé, le dije que me mirara y que respiráramos juntas, cuando se calmó, le dije que se lavara las manos y que las cubriera con algo. Justo llegó don Miguel con tremendo matillo, para romper la puerta. Le dije que se metiera en la tina. En menos de un minuto pudieron abrir, ella salió llorando la abrasé y le dije que se calmara. La dejé sola por unos segundos, por mientras que iba a vestir, volví a tocas su puerta, estaba más tranquila, contactándose con amigas para que fueran a acompañarla. Me fui a mi trabajo feliz, pude ayudar a alguien.

Dos días después, golpeo mi puerta para pedirme un exprimidor, hablamos un rato y ahora somos amigas, no cercanas, pero las dos estamos solas en Santiago, las dos con familia lejos, por lo menos ya sabemos que sí algo pasa, podemos juntarnos y acompañarnos.


La siguiente vecina, es nueva, llegó un mes a vivir al departamento que está abajo mío.

Yo estaba feliz dije “llega una mujer, no tendré problemas”, grave error. Estaba todo muy bien, sólo escuchando ruidos en forma “estero”, pero ahora se me complicó más el panorama. Como el humo, los ruidos tienden a subir. Sí ustedes han estado en un edificio muy alto, los ruidos se sienten más fuerte, una suerte de caja de resonancia amplificada y dada que la construcción de este, mala, con puros tabiques y cero aislaciones, puedo escuchar hasta cuando “Chi-Chu-lancha” revuelve su té.


Bueno, después de unas semanas descubrí que la vecina nueva tenía pareja, “¿cómo?” dirán ustedes, de la forma más fácil, la escuché.

Un día domingo, estaba despertando feliz, ya que “Lujurioso” partió con guitarras y amplificadores a su parcela en Colina, “Tití” salió por el fin de semana, estaba solita. Comencé a estirarme y pensar en qué rico desayuno me iba a preparar, cuando quedó todo en silencio y sentí un escalofrío por la espalda.

No, no puede ser, eran suspiros, gemidos que subían de intensidad, eran de mujer. NO entendía nada, ya que la pareja de “Lujurioso” no es gritona. Me hice la loca, fui a buscar mi desayuno, cuando escucho más fuerte palabras o frases completas “OH sí, ooo....., más, más”. Maldición no, no puede ser, me paré para ver si estaba el auto del vecino y no estaba. Me acerqué a la pared de Tití, nada. Volví a mi pieza, me tiré en la cama y con el salvo, voló el control remoto por los aire, me agaché a recogerlo y ahí “vi la luz”, bueno más bien supe de donde provenía tanto suspiro.
Pues era de abajo y dije “no, lo único que me faltaba una vecina golosa”. Y gracias al café que se me cayó e el piso quedó “literalmente” bautizada.

Dentro de mi ingenuidad o estupidez, pensé, sí es mujer, puede que no sea tan seguido. Ya que la mayoría van a la casa de los pololos a hacer “cochinaditas”, pues, me saqué le premiado. Es él quien está continuamente quedándose, mañana, tarde y noche, fines de semana, feriados, días del trabajador, etc.

Y muy bien puesto el sobrenombre “golosa” y él sería “ganoso”, esa mañana fatídica alcancé a escuchar tres juegos, relaciones, transacciones. Decía “esto no me puede estar pasando a mi, no, no, no”, me enojé, me vestí con lo que encontré, agarré mi cartera y salí corriendo del departamento, donde mi autito me llevara, lejos de los ruidos, tentaciones, lujuria y sexo.

Y así he vivido hasta ahora, arrancando de mis cuatro vecinos locos, durmiendo en el living, usando tapones en los oídos (que no funcionan), poniendo el televisor, equipo de música o usando la aspiradora para acallar los ruidos con más ruidos.

Ustedes se pueden reír, pero realmente afecta la falta de sueño, estoy estresada, choco con lo que encuentro, ando muy torpe, sin ganas de estar en mi linda casita.
También pueden decir que soy una exagerada, pues no, los invito a leer el libro de reclamos, por suerte no soy la única, pero sí la que tiene peor suerte, soy la única que escucha ruidos en “tercera dimensión” sí se puede decir así, amplificados a mil.

No sé si han visto Friends, sale un capitulo en que Chandler y Joey por casualidad descubren que tienen un canal pornográfico gratis y lo ven 24 horas al día. Bueno yo siento que estoy en los “efectos especiales” por siempre, atrapada por el sexo, sin quererlo.

Lo peor es cuando viene de visita mi mamá con mis sobrinitas. La solución, salir todo el día y tener música o el televisor prendido a máximo volumen.

Les digo, con una mano en el corazón, así no se puede vivir, no es sano. Estoy empezando a odiar el sexo, fuertes declaraciones. Soy la única que puede decir, que se esta quedando sorda por culpa del sexo ¡plop!

Bueno, más adelante les contaré más historias, ojala no sean más de mis vecinos.