
Como había quedado en la nota anterior.... Iorana Korua….
Por fin aterrizamos en el aeropuerto de Mataveri, ansiosas bajamos por la puerta trasera del avión y nos pegó la primera cachetada de humedad, calor y un olor muy especial que tiene la Isla, además de un verde, verde que te quiero verde, maravilloso.
Saqué mi cámara y empecé a documentar todo; cuando veo a mi amiga Cony que ríe y corre a los brazos de alguien, tostado, lleno de collares de flores y con una sonrisa increíble, era el paraíso. Él es Enrique Paoa, personaje de tomo y lomo, carismático, bella persona y el hombre más alegre que he conocido en mi vida
Abrazos iban y abrazos venían, junto con sus hermosos presentes, un collar de una flor muy especial Tipanie, de formas bellas, aromáticas y una tradición. Tienen la costumbre de ir a recibirte con flores y te despiden con collares de conchas y plumas. Para nosotras fue más especial, ya que fueron elaborados por Enrique y su familia. Es un recuerdo que llevo grabado en mi corazón y cuerpo. Les explicaré más adelante la causa de esto.
Logramos, no sé cómo encontrar todo nuestro equipaje, lo cargamos en dos camionetas, nos distribuimos en distintos y partimos a nuestra aventura.
Nos quedamos en las cabañas que tiene Enrique en su terreno, entre manavais (un agujero en la tierra, rodeado de piedras volcánicas, lo utilizan para poder cultivar y proteger sus plantaciones del viento), vacas, caballos, y un paisaje maravillaos. Rápidamente tiramos todas las cosas, nos refrescamos y partimos a nuestro primer día de Tapati o fiesta. Era el día de la recolección de pescados, os que asaban y repartían en hojas de plátano. Yo me pellizcaba cada 5 minutos, no podía creer dónde estaba, la música, la gente, la comida, era un sueño.
A los 10 minutos, me sentía como en casa, llegó la comadre de mi amiga, Moni y lo primero que nos dijo fue que tuviéramos cuidado con los “yorgos” , son los pascuenses extremos que viven en cavernas, andan a caballo, visten ropa de camuflaje, pelos largo, buenos para los pitos, buenos para las mujeres y locos como una cabra.
El lugar estaba lleno de gente de distintas nacionalidades, todos disfrutando. Les doy un consejo que me agradecerán, aunque esté nublado usen protector solar, nos quemamos, achurrascamos, quedamos rojas como jaibas, en pocos minutos.
Luego nos fuimos a comer unas ricas empanadas de atún con queso y cebolla donde la “Tía Berta”, lo mejor de la vida, junto a unos ricos jugos y una excelente conversación.
Luego de tantas sorpresas nos fuimos a la cabaña a ordenar, desempacar y cambio de ropa para salir a recorrer.
Nos llevaron a playa tortuga o playa Pea, acá les va otro consejo, usen chalas, zapatos especiales, lo que sea; no hagan lo que yo. Fue tanta la emoción, que llegué corriendo al mar, feliz de la vida y cuando me gritaron ¡cuidado!, ya que el fondo era de piedras volcánicas, era muy tarde. Tenía los dedos rotos y un dolor horrible, por el agua salada que entraba sin piedad a mis heridas, pero no me importó, era tal la adrenalina, que seguí disfrutando de todo, piqueros iban y venían, fotos varias, hablando por celular con mi mamá y papá contándoles la maravilla que estaba viviendo.
Bueno, como dicen “a costalazos se aprende”, mis lindos deditos quedaron llenos de heridas, pero lo que me recordará para siempre, que tengo que tocar el fondo, antes de tirarme como loca.
Más tarde vimos el atardecer y en la casa de Enrique, quien nos estaba esperando con un rico asado increíble, por Dios que saben cocinar, más “refrescos varios”, compañía y conversación inmejorables. Ya pasadas unas horas, unos cuantos copetes, comenzaron las historias, que agrado, escuchar cómo hicieron los moais, la presencia fálica en sus esculturas y el embrujo de la luna llena.
Ya muy tarde el grupo se separó, algunos se fueron a la Anakena a bañar bajo la luna, otros nos quedamos discutiendo las formas en que la Isla se había poblado y las distintas teorías que había.
Les tengo que decir que literalmente se me “apagó la tele”, no sé cómo llegué a mi cabaña, pero era lógico, muchas emociones, mucho copete y poca comida.
Yo tengo la teoría que el aire de la Isla afecta demasiado, pero estaba todo permitido y disculpado, total eran mis vacaciones y tenía que disfrutar a concho. Eso sí, el despertar fue traumático, por la ventana de mi pieza estaba una vaca mugiendo y tratando de comerse una frasco de crema, con su lengua, larga, larga.
Y comienza nuestro recorrido primer recorrido a Rano Raraku, un volcán, donde sacaban las piedras para poder construir los moais, el poder de los Varuas y un asado en un pozo maravilloso, más la consecuencias de la caña
Esperen por esta historia, es buenísima.
Maururu

2 comentarios:
Carolina Ochsenius Siebert Holaaaaaa, gracias por tu mensajito y toda tu buena onda....
Avísame cualquier cosa y si puedo encantada....
Bss, buenísima, como siempre, tu história.Cariños.
Ricardo Rodriguez Loca linda bella!!!!
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